jueves, 27 de marzo de 2008

RETRATOS DE LA "LEPROSERÍA" (2)


Cumpliendo la promesa que os hice, reanudo los retratos de los personajes que comparten conmigo domicilio en esta Residencia donde ahora vivo (que yo, libremente, prefiero denominar “leprosería”).

RAMONÍN, EL "PERIPATÉTICO"

Ramón es el único de los residentes que no usa silla de ruedas, y, como quisiera recordarlo permanentemente, por un extraño temor a que se le olvidase,
camina sin cesar. Para arriba, para abajo, por la rampa. Acompañado de su inseparable bastón, Ramón camina; camina, y se ríe. Como si recordase permanentemente un chiste secreto, Ramón se ríe sin parar. En su rostro está siempre dibujada esa sonrisa que tiene algo de secreta y enigmática, a la vez que contagiosa (yo no puedo evitar sonreír también, cuando lo veo comenzar a reírse, lo cual es decir, casi siempre). No hay razón aparente que sustente la perenne risa de Ramón, pero yo le agradezco ese permanente buen humor. Ramón es muy tímido, él mismo se describe así (de hecho prefiere expresarse pintando, o dibujando, que con la palabra). Desde luego, prefiere la risa a las palabras, lo cual siempre es de agradecer (cuantas tonterías, vacuidades y lugares comunes nos ahorrará el sonriente Ramón, al sustituir las palabras por la risa).
Ramón es natural de un lejano pueblo del occidente de Asturias, cerca ya de Galicia. Hijo de Casto y Alicia, sus padres, que no tengo el honor de conocer, deben ser, como él, personas sencillas y afables.
Se que Ramón, que fue barrendero en Navia, ha sufrido un "vía crucis" de transplantes e intervenciones quirúrgicas, que ha sobrellevado con la paciencia y bonhomía que le caracterizan.
A Ramón se le está desarrollando una calva incipiente, pero el pelo que le queda, cada vez más escaso, es muy negro, a juego con sus ojos, vivarachos e inteligentes.
A Ramón se le alegra especialmente la cara, cuando le preparan unos buenos callos, pero, como a mi, ninguna música le llama especialmente la atención (es posible que, como yo, padezca de un “oído de madera” que le vede el acceso y disfrute del arte de Bach y Mozart).
A Ramón, que definiría, sin temor a equivocarme, con el machadiano “Un hombre bueno en el mejor sentido de la palabra bueno”, le gustan las cosas sencillas, no meterse en líos, y vivir tranquilo.
No se, ni quiero saber, qué podría borrarle la sonrisa irónica y maliciosa (pero espero, sinceramente, que no la pierda nunca, sería un mal presagio, un augurio nefasto).


continuará (casi seguro, ya sabeis como soy)

viernes, 21 de marzo de 2008

LA LENTA E INEVITABLE AGONÍA DE IZQUIERDA UNIDA


En una anterior y autobiográfica entrada (“Filias y fobias de un leproso”) (1), señalaba que mi incredulidad (en todo, en política también), se mitigaba por la costumbre, fundamentada en lo que llamaba una “tradición familiar", de votar “religiosamente” en todas las
elecciones a Izquierda Unida.
Pues bien, tengo que reconocer que, en las pasadas elecciones del 9 de marzo no pude mantener esa costumbre tan acendrada en mí; y eso que, por razón de una revisión médica tuve que desplazarme hasta la casa de mis padres, donde todavía estoy censado (y me hubiese costado muy poco ir una calle más allá, hasta el colegio electoral).
Sin embargo no lo hice: por un lado, me negaba a que mi voto sirviese para ayudar a una mayoría absoluta del PSOE (las mayorías absolutas son extremadamente peligrosas, de sobra tenemos ejemplos de ello-Aznar, Felipe González..-); pero por otro la errática actitud de IU (sus disparatados pactos con la derecha nacionalista vasca (2) y, sobre todo, lo que podríamos llamar el “despropósito” asturiano -el suicidio político que supone romper el pacto de izquierdas en la autonomía, manteniendo, eso si, los pactos municipales, que resultaron de unas elecciones celebradas el mismo día y con similares resultados, ¿alguien lo entiende?-).

Creedme, que lamento mucho el batacazo, creo que definitivo de IU en las pasadas elecciones. Sigo estimando que es necesaria una opción situada netamente a la izquierda del PSOE, que ya tiene suficiente tendencia a los caminos más acomodaticios. Soy consciente de lo difícil que es mantener un equilibrio para una opción así, entre el indispensable (para ella) acuerdo con la fuerza mayoritaria de su espectro político (nunca debe olvidar que es un partido de izquierdas)(3), y la necesidad de diferenciarse (el peligro constante de perecer “fagocitado” por el partido grande, si no consigue presentarse como “diferenciado” ante la sociedad): Así lo evidencia el doble fracaso de las líneas estratégicas opuestas de los dos coordinadores con más personalidad que ha tenido de la moribunda coalición (la llamada “pinza” con la derecha de Anguita, y la colaboración activa con el PSOE de Llamazares, opuestas pero con el mismo desesperante resultado final: el desastre (4).
Cierto que la ley electoral perjudica a IU (y a todos los partidos minoritarios de ámbito estatal-lo mismo ocurre con UPD-), pero sabido es que no hay un sistema electoral perfecto (y que incluso las cosas podían ser peores para estos partidos con un sistema mayoritario, por ejemplo), por lo que considero absurdo achacar el fracaso al sistema electoral -además las “reglas del juego” siempre se conocen antes de empezar a jugar, y son iguales para todos-.
La mayor prueba de la agonía irremediable de IU, se ha comprobado cuando tras la “honesta” (e inevitable) dimisión de Llamazares, nadie (ni sus críticos más acendrados) se ha decidido a “recoger el testigo”, ni siquiera una de las mentes mejor amuebladas y con las ideas más claras de la moribunda coalición, como es la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar (y es que IU ya huele a cadáver, desgraciadamente).

No pretendo aportar ninguna solución a este problema, sencillamente porque no la tengo, e ignoro incluso, si la hay (el devenir histórico tras la “caída del Muro de Berlín” limitó seriamente las posibilidades para una izquierda que se autodenomina como “transformadora”). Sólo quiero dejar en esta “ventana de opinión”, normalmente dedicada a otros ámbitos alejados de la política, una reflexión que considero pertinente, sobre un tema que me preocupa y, a qué negarlo, me entristece.
(1).- fechada el 29 de julio de 2007
(2).- Sobre el llamado "problema vasco, ver el excelente artículo en "El Pais" de el último domingo, de Juan Antonio Martín Pallín, titulado "El hacha y la serpiente".
(3).- Así lo estimaba acertadamente, Rosa Aguilar, una de las escasas dirigentes de IU con las ideas claras, en una entrevista en TVE al día siguiente del “batacazo” electoral.
(4).- El periodo de Frutos al frente de la coalición (no aportó absolutamente nada) puede considerarse como irrelevante a todos los efectos, y el "fundacional" de Gerardo Iglesias, como el de los "balbuceantes" inicios de una nueva y esperanzadora opción.

RETRATOS DE LA "LEPROSERÍA" (1)

1.- LA "PETISA" RUBIA CUMPLE AÑOS


Así la llama José María, el argentino que vive en la habitación de al lado. Me costó tiempo, y una furtiva consulta al diccionario, establecer qué demonios querría decir con eso de “petisa”: pues bien, parece ser que petisa es como en el dialecto “argentino” del castellano denominan a algo pequeño y entrañable.
No se si Cristina será tan pequeña (sólo la conozco en silla de ruedas, y ya he dicho en alguna otra ocasión lo “democrática” que es la susodicha silla, que iguala en altura a todos los que la usamos), pero, desde luego, si es entrañable, y, por descontado, rubia.
Pues bien Cris, cumplió el pasado martes 20, 40 años, por lo que ese día hubo tarta de postre en la comida (novedad que siempre es de agradecer, pues aquí el menú llega a ser un tanto monótono).
A mi el cumpleaños, me pilló un tanto por sorpresa. Hoy, con retraso, le regalaré unos bombones (ni siquiera se, si los puede comer, pues aquí cada cual tiene su dieta establecida, preguntaré antes).
Yo, a la “petisa”, que me cae muy bien, sólo puedo desearle toda la felicidad que sea posible en su durísima vida (soy consciente de que está mucho peor que yo físicamente-observo su dulce y resignada mirada de envidia, cuando cansado de la misma postura en la silla, hago fuerza con las manos en el apoyabrazos, y me incorporo levemente-, ella no puede).
Lágrimas como las que derramaba cuando, por casualidad, la pasada tarde, Nuria, la simpática y eficiente terapeuta, leyó lo último publicado (por aquel entonces) en este blog, la entrada “¿Qué voy a hacer cuándo te marches?”; y es que Cris es una chica extremadamente afectiva, y reacciona con esa sensibilidad ante historias parecidas (en cierto modo) a la suya.
Por eso, voy a ver si encuentro algunos bombones para regalárselos esta tarde, esperando que su dieta, que ignoro, le permita comerlos (a).


Felicidades, Cris.


(*) continuará en próximos episodios...

(a) Por si lo queréis saber, su dieta no es tan estricta, y Cristina se fué muy feliz con los bombones que, supongo, ya habrá disfrutado a estas alturas.

(1).-como veis, sirviéndome de un “lápiz de memoria” he conseguido volver a publicar. Ahora sólo hace falta que el wi fi llegue a mi habitación, para poder volver a hacerlo con relativa regularidad, y que así mi amiga Lula, por ejemplo, deje de reñirme.

CUMPLEAÑOS

Pues si, a pesar de mi aspecto de cuarentón un tanto decrépito ya, el pasado martes 12 de febrero cumplí 15 años (estoy en plena adolescencia, vaya). El 12 de febrero de 1993 volví a nacer, aunque paradójicamente, estuve a punto de morir. En esa fecha fatídica vivía yo en Palma de Mallorca, donde llevaba cuatro meses trabajando en el servicio postal. Al llegar ese día a comer a casa me encontré con mi mujer (ex-mujer ya) desmayada en la cama matrimonial, intenté llamar por teléfono a un médico y me desmayé yo también.
Cuando un día y medio después nos sacaron de la casa con dirección al hospital de Son Dureta, nadie daba un duro por nosotros (miento, alguien si: mi padre que tras pasarse una noche llamándome por teléfono, con el desesperante resultado de que siempre comunicaba-me desmayé con el teléfono y la cartilla del seguro en la mano-, y enterarse que llevaba dos días sin acudir a mi puesto de trabajo en Correos, dio orden de que, bajo su responsabilidad nos sacaran de casa a cómo diese lugar).
Lo hicieron, y nos salvaron la vida.
Por eso, el 12 de febrero de 1993 volví a nacer (aunque convertido en un inválido, que fue la tarifa que parece tuve que pagar por salvar la vida).El martes, en la residencia de atención integral al discapacitado, donde vivo ahora, celebré uno de mis dos “cumpleaños” con la firme intención de que fuesen muchos más.

Se admiten regalos.

Espero que la comunidad blogger, sea generosa conmigo.

*problemas con la conexión a Internet en la residencia donde vivo ahora han impedido que pudiese publicar esta entrada el martes, como hubiese sido mi deseo.
Pido disculpas por ello.

¿QUÉ VOY A HACER CUÁNDO TE MARCHES?







Con mis padres, Orfelina y Gregorio

este será mi hogar a partir de el lunes




Esta fue la conmovedora pregunta que me hizo (o se hizo) mi padre hoy por la mañana mientras, como todos los días, me preparaba para poder levantarme, a la vez que pugnaba para que unas lágrimas indisciplinadas y traicioneras no empezasen a correr por sus mejillas venerables.
El lunes me traslado a la residencia para inválidos (bueno, “centro de atención integral al discapacitado” es su nombre oficial, pero ya sabéis cómo detesto el lenguaje “políticamente correcto”). Soy consciente de que sólo gracias al generoso, extenuante esfuerzo de mis padres, mi situación, que llegó a estar al borde de la muerte cerebral, es la que es: alguien muy limitado físicamente pero en perfectas condiciones para seguir desarrollando una vida intelectual (y afectiva) plena.
Dado mi carácter, tendente al conformismo, el mínimo esfuerzo y el “dejarse llevar”, sé que sin las “filípicas” de mi padre, a su tesón, a su empeño en que me fuese superando, ahora sería, en el mejor de los casos, poco más que un animalillo doméstico, que “vegetaría” ajeno a casi cualquier rastro de “humanidad”, entendida como la capacidad intelectual que nos diferencia de los animales.
En otro (o en el mismo) sentido, mi madre, tan pequeñita, tan enérgica y resolutiva (pero en el fondo suave como el amor sin medida que me profesa) ha ayudado igualmente durante estos últimos 15 años a que yo me haya podido transformar del montón de huesos apenas recubierto por mi piel, que era el resultado del terrible accidente (escape de gas o lo que fuese) que casi acaba conmigo en Mallorca, en la persona, sin duda plagada de defectos, pero persona al fin y al cabo, que soy ahora.
Esta entrada no tiene otro propósito que agradecer a quienes me dieron la vida DOS veces, la primera hace casi 43 años, y la segunda hace prácticamente quince, sus generosos desvelos por mi, ahora que me separo de ellos, y “emprendo” por segunda vez en mi vida un vuelo libre, en solitario, cuyos resultados se me antojan inciertos (vamos, que estoy “cagao de miedo” ante la inevitable “autodeterminación” a la que me enfrento).
El lunes se producirá la “mudanza”.
Mis sensaciones alternan entre la incertidumbre desasosegante y el cosquilleo en la boca del estómago que señala siempre mi excitación ante cualquier cambio trascendental.
Bueno, seguiremos informando en próximas entradas.

Si, si, que lo prometo. Y que me quede calvo si no lo cumplo.

Dicho esto, no es descartable que me tenga que comprar un peluquín (o, al menos, un gorro para que no se me enfríe la cabeza, que conozco mi indolencia insuperable).

Aunque tendré que tocar madera: Creo que mi amigo el FUTURO BLOGGERO (http://bracecooper.blogspot.com/), que compite en pereza conmigo, cometió la imprudencia de realizar una promesa parecida, y el resultado puede observarse en su blog, por ejemplo en la entrada “Cambio de rumbo”(1) del 5 de noviembre de 2007, o en la más reciente y “autobiográfica” “La rubia azabache” (24 de diciembre de 2007) (2),auténtica y extraordinaria declaración de amor a su pareja, que por tantas razones me produjo la envidia más rastrera y ponzoñosa (como siempre que me encuentro con la FELICIDAD y el AMOR, así con mayúsculas, y es que esta entrada refleja perfectamente estos dos sentimientos) .
(1): Dada mi escasa pericia con la informática no he podido hacer un enlace “directo”.
(2): Lo mismo digo

ÁNGEL GONZÁLEZ (IN MEMORIAM)


Ayer me desayuné con la triste noticia de una pérdida irreparable para la literatura española: Si, ha muerto mi “paisano” (28 Km., y una estúpida y pueblerina rivalidad no me privarán de considerarlo como tal) Ángel González. Hasta antes de ayer lo consideraba el mayor poeta vivo en lengua castellana. Por desgracia a partir de ayer he tenido que privarlo drásticamente de ese título que, al menos para mí, ahora queda desierto.
Ángel González era un poeta excepcional.
Así mismo era un hombre honesto. Como otra de las cúspides de la cultura española del siglo XX, el también recientemente fallecido (apenas dos meses separaron sus respectivos decesos) Fernando Fernán-Gómez, se alineó con los perdedores de la fratricida guerra (in) civil española, aunque ninguno de los dos hubiese participado en ella.
Sin embargo, Ángel estuvo marcado desde siempre por pertenecer a una familia de “rojos”.
Sus posiciones críticas con el franquismo ayudaron a que “emigrase” a Estados Unidos, concretamente a Nuevo México, donde ejercerá como profesor de Literatura española contemporánea desde 1974 hasta su regreso definitivo a España en 1993..
Pero Ángel era sobre todo un poeta genial. Aquí os dejo dos de sus poemas. Son los que, a mí, más me han marcado (entre otros, claro):

A VECES
Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien César Vallejo:
“Lo digo y no me corro”.
Pero él disimulaba.

BREVES ANOTACIONES PARA UNA BIOGRAFÍA
Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo,
pero luego no digas que no sabes lo que haces.
Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.
Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.

Reparad en la socarronería, tan asturiana, que caracteriza al primero, y en la brillantez “culterana” que preside al último
Porque de este genio se movía igual de bien en lo “popular” (son célebres sus noches de alcohol y juerga con sus amigos Joaquín Sabina, Luis García Montero o Almudena Grandes -y antes, en su juventud, con Gil de Biedma, Caballero Bonald, José Ángel Valente, José Hierro o José Agustín Goytisolo-), que en lo culto y académico.
Descanse en paz.
Hasta siempre, Ángel.

En este homenaje, por una vez, me he adelantado a mi buena amiga Amaya (http://desconvencida.blogspot.com/) pero no he podido con mi también amiga Lula (http://lulafortune.blogspot.com/).
Por mucho que me interese algo siempre tengo que superar mi proverbial lentitud. Es sólo una curiosidad. No tiene ninguna importancia. Ningún homenaje a un genio, sobra, y el poema escogido por Lula es también extraordinario.

OTRA "CANCIÓN DE NAVIDAD"


Más bien un exabrupto.

A Fernando Fernán-Gómez, que si supo ser fiel a si mismo hasta el final.

Tras revisar el capítulo final de “Canción de Navidad”, Ebenezer Scrooge, alto, pelirrojo y cascarrabias empuja a Mr. Dickens por las escaleras y sonríe complacido. Por fin se ha librado del “meapilas”, que le ha acabado por tergiversar tan traicioneramente (¡qué asco de epílogo!). Se solmena el sobretodo para aligerarlo de polvo, da media vuelta, y sonriendo (como quien se ha quitado un gran peso de encima) abandona el escenario, y se va

LA MUJER DEL SUEÑO


Como por ensalmo, aparece otra vez a mi lado. El contacto con la temperatura de su piel, más fría que la mía es subyugante. Siento deseos de besarla, de lamer esa epidermis ajena de sabor seguramente salado. De poseer, que fea palabra, un cuerpo sin duda deseable. No quiero despertar. Tener que enfrentarme otro día a una vida tan mediocre como la mía no me apetece. Quisiera seguir durmiendo y que al despertar lo soñado se hiciese realidad. Entre lo real y lo soñado, me quedo con el sueño. Se que cuando abra los ojos, el sueño, tan placentero, se evaporará. Sin remedio. Sin dejar rastro. Como siempre. Me resisto. No quiero. ¿Dónde van los sueños una vez soñados? Quisiera irme a vivir a ese lugar quimérico. El país de los sueños soñados. Aquí, en este momento inasible, entre la vigilia y el sueño, todo es posible aún.
Ella, mi fantasma adorado me acaricia la mejilla antes de desaparecer. Antes de desaparecer deposita un beso en mis labios que sabe a hidromiel, y huele al perfume denso, envolvente de su cuerpo. Noto su muslo pegado al mío. Como siempre nuestras manos se entrelazan, hasta que las membranas que separan los dedos me empiezan a doler, y temo, seriamente, que se acaben por rasgar, tal es la intensidad con la que pretendo, quizás inútilmente, fundirme con su cuerpo idolatrado. De repente, cambia de postura. Se da la vuelta. Hurta de mi vista sus pechos pesados y un tanto caídos ya (la ley de la gravedad). Me ofrece sus nalgas, donde el inmisericorde trabajo de los años se evidencia en forma de celulitis (la mujer soñada resulta ser una mujer real, ¡qué caramba!).
No me importa. Repuesto de la sorpresa inicial, deposito mis labios sobre esas nalgas adiposas y un tanto fláccidas. En respuesta escucho un ronroneo que quizás exprese placer, pero, también puede que desagrado o rechazo.
Me despierto.
Definitivamente la mujer se ha evaporado.
No queda ni rastro de ella.
Como todas las mañanas, me tengo que separar de ella, y sólo me queda un rescoldo difuso del inmenso placer que me volvió a proporcionar esta noche.
Apenas nada.
Hasta mañana, amor mío.
Te quiero.
Te deseo.
Con tu ligero sobrepeso y todo.
Con tu cuerpo gozosamente imperfecto.
Con tus arrugas.
Ya tengo ganas de que, en la próxima noche, me duerma otra vez, y de nuevo vuelvas a poseerme.
Si mañana, por fin, no me abandonases...

ELENA Y EL COCODRILO

Al Futuro Bloggero (http://bracecooper.blogspot.com/) por sus atinados consejos
A Atikus (http://atikus.blogspot.com/) y Mary Kate (http://cuentosprescindibles.blogspot.com/) , que también colaboraron.

A Enrique Anderson Imbert, maestro del relato breve. Sabiendo que toda emulación es imposible.

Elena se pasa la yema del dedo índice sobre el borde blanco del escote. Luego se ahueca la negra melena, y comprueba el resultado en el espejo, ponderativa. Se contempla satisfecha. Se ve guapa. Una media sonrisa se dibuja en su rostro moreno. Sus labios gruesos se humedecen con secreto placer. Se recoloca el sujetador, agarrándose los pechos con las manos. Un gesto vulgar. Qué más da. Nadie la ve, y si la estuviesen espiando, mejor. Que la envidien. Sube las persianas. Hace sol. Seguro que en la calle apretará el calor. Abre el armario. Tras dudar un poco elige el polo amarillo. El de marca. Con el pequeño cocodrilo que se sitúa siempre sobre el pezón, el muy pícaro. Lista para un nuevo día. La colonia. Se le olvidaba. El perfume siempre causa buena impresión. A ella le gustan los aromas densos. Aunque su madre siempre repita: “Hija, hueles a putón”. Coge el frasco. Iba a ponerse unas gotitas nada más. En las muñecas. Como dice mamá que es elegante y fino. De repente lo vuelca por las axilas. Sin depilar otra vez. Qué marrana. Se le escurrió. Qué se le va a hacer. El alcohol perfumado le baja ya por los pechos. Qué gozada. Una gotita se ha parado en el borde del sujetador. Ahí está bien.
Al trabajo otra vez. Tras la ventanilla. Otro día más. Con el dichoso ordenador. Haciendo balances. Qué divertido. ¿Te vas a quedar para vestir santos?. Que ya has pasado los cuarenta. Qué más da. ¿Estoy esperando a mi “príncipe azul”?. Si no aparece, mejor. No necesita ningún “moscón”. Ella lo puede hacer casi todo sola. Hombres, qué horror. Dejan siempre la tapa del water levantada. Al principio todo son carantoñas, pero luego siempre ellos primero. Yo me arreglo sola. No necesito nada de lo que un hombre me pueda ofrecer. Para eso..., tampoco. Me las arreglo divinamente. No me falta de nada. Me conozco mejor que nadie, y no necesito a nadie. Para nada.
Se sienta delante del ordenador. Trabajo rutinario. Aburrido. Su imaginación transita por ensoñaciones que la ruborizan. Sueños inconfesables. Imposibles, además. Se imagina otra vez acariciando los delgados, fibrosos muslos de su jefa, tan distintos a los suyos. Si. De la “Rotenmeyer”, como todas la llaman, aunque ella sabe que se llama Cristina. Tan seca. Tan estirada. Tan inaccesible.
Bueno, hay que trabajar. Precisamente hoy le toca revisar los balances de “Lacoste”.
De reojo observa al cocodrilo sobre su pecho derecho, y recuerda aquella calurosa tarde antes del verano, en que Cristina (su cocodrilo particular) , con la que se "entendía" tan bien, le pidió que la ayudase con aquellos "benditos" balances (cualquiera se negaba, era su jefa), y en la que, ya a solas en la oficina, por la tarde. se dejó devorar placenteramente hasta sus más íntimos rincones (cualquiera se negaba, era la jefa).

Sonríe, complacida en el recuerdo, y se interna de nuevo en el proceloso y "excitante" mundo de los balances.

LUTO (homenaje a Fernando Fernán Gómez)


Todos los que frecuentáis este blog, conocéis de sobra la veneración que siempre me ha inspirado Fernando Fernán Gómez. Debido a la triste noticia de su óbito, este blog se declara oficialmente de luto. No por relativamente esperada, teniendo en cuenta su edad, y su estado de salud, la noticia me ha conmovido menos.
Fernando Fernán-Gómez ha ascendido por méritos propios, los “altares laicos” de la cultura española del siglo XX.
Explicitar su inmensurable aportación al cine (como director y actor), a la literatura y el pensamiento español de los últimos 50 años sería una tarea larguísima que desbordaría ampliamente los límites de este pequeño rincón, y que, dada mi natural pereza (sólo el Futuro Bloggero)(http://bracecooper.blogspot.com/ )puede competir conmigo en ese terreno, se lo dejo modestamente el sinnúmero de admiradores que este grandísimo maestro tiene en la bloggosfera (1).

(1) Ver los artículos que le han dedicado mis amigos y amigas “virtuales” Desconvencida (http://desconvencida.blogspot.com/) los pasos que no doy (http://lospasosquenodoy.blogspot.com/) ,Atikus (http://atikus.blogspot.com/), y, sobre todo Ángel de la Cruz (http://losmuertosvandeprisa.blogspot.com/) que tuvo la oportunidad de conocerlo e incluso iba a dirigirlo en un breve papel que no pudo llegar a completar, en la que será su primera película con personajes de “carne y hueso”, tras una brillante carrera en el mundo de la animación.

RECUERDOS (hace veinte años)


El "eléctrico" 28 realizando su interminable recorrido



Lisboa es el sabor a canela espolvoreada en los “pasteis do Belem”. Lisboa es un largo y caluroso viaje en tren, con trasbordo en Medina del Campo. Lisboa es calor por las mañanas y frío por las noches. Lisboa es mi cabeza entre sus piernas, descubriendo los secretos del amor. Lisboa son militares jóvenes tomando el cuartel do Carmo un 25 de abril. Lisboa es la utopía nuevamente frustrada. Lisboa es José Afonso entonando “Grándola, vila morena” esos mismos días de abril. Lisboa es compartir un “chá gelado” en una terraza de la Praça do Rossío.
Lisboa es perderse por la endemoniada geografía de Alfama, mientras las mujeres se gritan por los balcones.
Lisboa es que te roben la cartera en un tranvía.
Lisboa es encontrarse con una verbena en el “barrio alto”, la alegría de la gente, una tormenta de repente, el sabor salado de sus lágrimas tras un trueno inesperado, “no llores, no pasa nada, tonta, que sólo es un trueno”, mientras la abrazo y noto su piel cálida y temblorosa.
Lisboa es montarse en la línea 28 del “eléctrico” y dejarse llevar. Lisboa es que ella tenga frío, y se pegue a tu cuerpo buscando calor. Lisboa es confirmar que no me gusta el bacalao, y preferir unos huevos fritos con filete en un bar cutre del puerto. Lisboa es Pessoa (“El poeta es un fingidor/finge tan completamente/que hasta finge que es dolor/el dolor que de veras siente), presidiendo el “Chiado” desde “A Brasileira”. Lisboa son azulejos elegantes, mujeres morenas, Amaria Rodrigues cantando un “fado”. Lisboa es nostalgia viendo el Tajo correr desde la torre de Belem.
Lisboa es un “metro” inútil que se limita a subir y bajar por debajo de la Avenida de la Liberdade(*).
Lisboa es sentir su piel morena por primera vez tan cerca de mí. Lisboa es huir del calor sofocante de su jardín botánico que parece sacado de un relato de Lezama Lima. Lisboa es una lengua musical, hecha para cantar y llorar. Lisboa es sentir “saudade” mientras traquetea un tranvía. Lisboa es... la MELANCOLÍA.


(*) Este viaje a esta hermosísima ciudad data de 1987. Por aquel entonces el metro de Lisboa se reducía a eso: una línea que recorría la Avenida de la Liberdade, desde "el terreiro do paço" hasta el jardín botánico, ida y vuelta. Se que, sobre todo, a raiz de la expo de 1998, se amplió sustancialmente, por lo que este punto ha quedado un tanto "desfasado", y sólo es válido para esta personal remembranza.

OLGA ME VUELVE LOCO

A mi admirado Julio Cortázar, sin ánimo de comparación pues siempre saldría perdiendo

A Marcel Proust, creador del genial personaje de Albertina, con el que exorcizó algunos de sus muchos fantasmas.

A Soledad

¡Qué barbaridad! Nada, siempre igual, no, si no se de qué me asombro. Media hora de retraso es lo mínimo. Y lo chiflada que está. Pero siempre me desespera su tardanza. Si a mi no me gusta, ni me atrae lo más mínimo. Y, sin embargo, no puedo quitarme de la cabeza la visión de mis labios depositándose en el hueco exacto y blando que se forma entre su clavícula y su hombro; y mis ojos deslizándose vertiginosamente por la desinencia de su pecho sonrosado. Y no me gusta esta mujer, conste, que está como una cabra, que es impuntual en extremo, que siempre me está metiendo en líos, que es tan poco recomendable, tan caótica, a la que no le conozco las piernas (por calor que haya, siempre con esos malditos pantalones), que ni siquiera es "mi tipo", tan distante, tan remisa al mínimo contacto físico, pero que, no se por qué (yo no le di ningún pie, lo juro) me dedicó aquel poema (lamentable , aunque nunca me atreveré a decírselo, faltaría más) en que insinuaba que me quería, y desde entonces no me la puedo quitar de la cabeza, se me aparece sin parar en mis sueños, y qué sueños, madre mía, no aptos para señoritas finas ni capellanes de los que mojan bizcochos en chocolate; si ella no coincide conmigo en casi nada, y, para colmo, solo come hierbajos (no, si no me cansaré de repetirlo, como una cabra).
Pero ahora estoy en este café esperando desde hace casi una hora, y cada vez que veo una melena negra pasar por delante de los cristales me da un vuelco al corazón y se me ponen unas cosquillas en el estomago...

Ya ha llegado, como siempre ni un beso (en la mejilla, claro, que uno tampoco se atreve a esperar más, y hay que disimular los deseos de bocas devorándose, salivas intercambiándose, manos internándose en los secretos del otro cuerpo, y demás componentes de mis sueños inconfesables). Todo se reduce a un imperceptible movimiento de cabeza a modo de saludo, y a un decepcionante “bueno, me voy que llego tarde a clase”, mientras yo no me atrevo (como siempre) a entregarle el poema que le he dedicado, y decirle, por fin, que ella es mi Albertina particular, y sólo mientras su melena negra a lo Janet Margolin, se dirige ya hacia las escaleras, yo balbuceo un “bueno, ya te llamo”, pago mi café (ella como siempre no ha tomado nada, por lo menos me sale barata), y me dirijo hacia la puerta, imaginando que hoy si me ha besado y me ha dicho que si, que me quería, que era el hombre de su vida, que me deseaba, y que cómo no reservaba una habitación en cualquier hotel, que ella ya iba.

MELANCOLÍA

Pip, pip, pip, piip. Son las ocho de la mañana, las siete en Canarias. Como cada mañana la voz de Francino se derrama por la habitación desde el transistor que está a mi lado
Y me levanto y me voy al gimnasio como cada mañana
Y Silvia, mi rubia y pizpireta fisioterapeuta de ojos azulísimos, que ya se echa sobre mis piernas para facilitarme la correcta realización de los cien abdominales de rigor, divididos en cuatro series de veinticinco: 1...,2...,3...,4..., 5..., al 18 empiezo a notar que me quedo sin aire, y el temor al fracaso se instala en mi mente, al 20 me animo, total pa cinco que quedan, no vas a poder con ellas, vamos hombre, 24..., y 25..., lo conseguí como casi siempre, no se por que me preocupo.
Ahora la rubísima Silvia se va a realizar otros quehaceres por el gimnasio, y yo me quedo tumbado en la mesa recuperándome del esfuerzo, escuchando en el hilo musical ominosas cancioncillas de moda, contando mentalmente hasta 300, que ya he calculado equivale al tiempo exacto que me dejará descansar hasta empezar la segunda serie. Y así todas las mañanas, todos los días.
Y desde allí saludo a otros pacientes que llegan retrasados; a la simpática viejecita que siempre se preocupa por mi salud; a la voluptuosa joven, como me gusta cuando se quita la sudadera, y deja más libre su gloriosa anatomía, que ¡Oh, fatalidad!, parece ignorar que existo; al rebelde y venerable anciano, aquejado de mil achaques, que hace gala de un escepticismo tan sano, como quebrantada parece su salud; a la señora mayor todavía de buen ver que me guiña un ojo, cómplice; al despistado que se ha olvidado apagar el cigarro, y entra buscando un cenicero inexistente; a la alegre pareja joven que lo hacen todo juntos, y que juntos parecen haber compartido un accidente de tráfico, o algo así.
Y ya vuelve Silvia, justo cuando voy por 299, milagrosa precisión la suya; y otra vez a empezar con los dichosos abdominales; se acabaron las ensoñaciones por hoy.
Y ya estoy saliendo del gimnasio, la distancia hasta mi casa es exigua, apenas cruzar la calle; y ya he desarmado la silla, que si no, no cabe en el ascensor; y ya mi padre, abnegado escudero para todo, me insta a levantarme, que si no, no cabemos. Y a comer que grita mi madre, que no se lo que haces en la salita como un pánfilo, mira que horas.
Y llega la tarde, y llega la noche, y pasan los días, monótonos, sin que ella se presente de repente, desafiando al mundo, y me diga, venga, vamos a recuperar el tiempo perdido, vamos solos tu y yo, que la vida es corta, y no me importan ni mi familia, ni tu familia, ni lo que digan unos, ni lo que digan otros, vamos solos, que la vida es un suspiro, y no la hemos disfrutado nada, vamononos, por dios, que no puedo vivir sin ti.
Y ya me toca despertar otra vez, y otra vez volver al gimnasio, y otra vez la pizpireta Silvia, y otra vez los abdominales, y el ascensor, y mi madre, y la comida, y ella que no aparece ni aparecerá, y yo que noto que la vida se me va escapando, inasible, como arena escurriéndose rauda entre los dedos.

PERDEDORES


Daniel A. trabaja por las tardes impartiendo clases de “Introducción al psicoanálisis” para mayores. Como vive en una ciudad cercana se desplaza todos los días en tren. El año anterior ha realizado el mismo trayecto en autocar, pero cansado del desagradable y mareante olor a gasóleo, este año decide efectuar el mismo recorrido en ferrocarril (pierde algún tiempo más, pero se libra del dichoso tufo que le ha llegado a obsesionar). Además en el tren puede estirar las piernas, y observar a su gusto a toda una fauna de seres, que pretende convertir en personajes de esa novela que sabe nunca acabará de escribir (maldita inconstancia). Aunque en los trenes ya no se puede fumar, Daniel, que es un tipo un tanto hipocondríaco, prefiere respirar aire puro y se instala siempre en un rincón de la plataforma, donde sabe que se va a encontrar con los mismos pasajeros de todos los días: Carolina se sube siempre en la primera estación del trayecto, contoneándose con sus caderas rotundas, imponiendo sus andares de diosa, avasallando con su pecho generoso. A Daniel que, aunque es todavía joven, tiene vocación de “viejo verde”, le atrae aquella rubia rozagante, rubensiana, a la que, caballeroso, siempre da la mano para ayudarla a salvar el empinado escalón de acceso al vagón, con la inconfesable esperanza de que se fije en él, mientras se deja envolver por su perfume denso, almizclado, regalándole una de sus mirada azules, o un gracias apenas susurrado con un imperceptible y encantador mohín (si, sabe que su tendencia a enamorarse de todas las mujeres que le sonríen, terminará por convertirse en un problema). Acabará teniendo un papel destacado en esa maldita novela en la que, tiene que reconocerlo a estas alturas, su imaginación se ha atascado.
El “Budy” se sube siempre en la estación siguiente. Bueno, en realidad Daniel sabe que se llama Fermín, pero desde el primer día que ve a aquel joven cuya calva precoz no puede ser disimulada por la melena de rizos pelirrojos que la rodea, le recuerda tanto al famoso cineasta neoyorquino, que desde ese mismo momento, para Daniel, Fermín será siempre el “Budy”. Al “Budy”, Daniel, lo asocia con un ladrón torpe y patético, de esos que dan muy poco miedo y algo de risa (y al que, para colmo, siempre alguien acaba pisoteándole las gafas).
La “ejecutiva” aparece en la penúltima estación antes del destino final. Siempre con prisa, siempre nerviosa, siempre impecable, con su cartera negra, y su abrigo recto que no puede disimular su pequeña estatura. En el rostro la prominente nariz reclama su jerarquía. El peinado se retira en las orejas como si quisiese dejar sitio al móvil del que nunca se separa, y por el que reparte enérgicas órdenes a subalternos invisibles “¡Compra!, ¡Aguanta! ¡Se fastidió, todo a tomar po´l saco, inútiles!
Aunque se conocen de todos los días, raramente hablan: una complicidad silenciosa se ha establecido entre ellos. Daniel sabe que nunca acabará su “novela genial”; Carolina, que no pasará de ser “la cajera que está más buena en el supermercado”; “el Budy” nunca dará el “golpe” que lo jubile joven; y Ana, la ejecutiva, jamás conseguirá el ascenso en el banco, por muchos clientes que engañe con su vana palabrería

EXHIBICIONISMO

Este soy yo, flanqueado por los hijos de mi prima. Aunque no se lo crean son gemelos (algo muy habitual en mi familia) * A mi derecha está Carlos. el "deportista", y a mi izquierda Pablo "el intelectual", según una "gratuita" denominación de su padre.



Como los que seguís este blog ya habréis comprobado al leer a entrada “Filias y fobias de un leproso” soy bastante exhibicionista, y disfruto casi morbosamente imponiéndoos mi propia persona.
Pues bien, con la disculpa de que mi guapa amiga Mary Kate (http://cuentosprescindibles.blogspot.com/) ilustra con una foto suya una entrada de su blog, titulada “Regalo” (fechada el 13 de septiembre), y mi también amigo (no tan guapo, hace lo que puede) Atikus (http://atikus.blogspot.com/) hace lo propio en otra titulada “Soy marxista” (fechada el 19 de agosto), y aprovechando que el otro día mi prima Marite vino por casa con sus niños, con el único objeto de inmortalizarnos a todos en una foto, que luego tuvo la amabilidad de mandarme por correo electrónico, yo, “con todo el morro” y, como me gusta casi enfermizamente exhibirme (a veces creo que me parezco peligrosamente a Sánchez Dragó), y no tenía otra cosa de más mérito que ofreceros, cuelgo esa foto en este rincón, y me quedo tan fresco.

* Como soy hijo único considero a los hijos de mis primos, como si fuesen los sobrinos que nunca podré tener
** En mi familia abundan los gemelos. Mi primo Jorge tiene, en su caso, dos niñas (Sara y Julia). Eran célebres los tíos de mi padre: una pareja de mellizos, ya fallecidos los dos, que se llamaban Gregorio y Gregoria

EL "MEME" DE ANTIGONA

Mi buena amiga Antígona (http://lacoleradeaquiles.blogspot.com/) me ha “embarcado” en una cadena de “memes”. Como le debo un enorme favor (me facilitó el visionado de una película que deseaba mucho ver (la extraordinaria “El dulce porvenir” de Atom Egoyan)), me sobrepongo a mi pertinaz indolencia, y procedo a intentar hacerlo:

Parece ser que la idea de este “meme” partió de escéptico (http://esceptico2007.blogspot.com/) proponiéndole a la citada Antigona, a Ana, y a Arbol, que contasen en un post, en qué se gastaron su primer sueldo.
Como parece que en estas cadenas de “memes” es costumbre no escrita pasarle el “regalito” a otros dos blogs, Antigona nos lo envió a Mandarinada Contraproduent
(http://mandarinadacontraproduent.blogspot.com/)(*), a Gato (http://gatodechershire.blogspot.com/) y a mí, para que relatásemos lo mismo. Mis dos “compañeras” de encargo, lo cumplieron fielmente al poco de haberse realizado, pero yo, que compito en indolencia con el Futuro Bloggero (http://bracecooper.blogspot.com/), y en lentitud con el “Hombre lento” de Coetzee, me he retrasado hasta ahora.
Bueno, después de esta larga introducción que, a qué negarlo, espero me sirva de disculpa, procedo a escarbar en mi memoria en busca del primer sueldo, y a “confesar” que hice con él (aunque me temo que no fui muy demasiado original, precisamente, y quizás decepcione a los que pudieran esperar “maravillas” de mi):

Como la citada Antigona, en primer lugar, tengo dificultades para determinar cuál fue mi primer sueldo.
Si no consideramos imprescindible la presencia de una nómina que “blanqueé” la operación, mi primer trabajo remunerado, se produjo, creo recordar, en la juguetería de unos familiares de un buen amigo mío, al que hace unos años perdí la pista. (De este trabajo, irregular, y por qué no decirlo a estas alturas, inscrito de lleno, en lo que se denomina “economía sumergida” guardo, no obstante, muy buenos recuerdos: Era muy joven, apenas 17 años (aunque mi padre se harta de repetir, orgulloso, que él comenzó a trabajar con 14 años, de aprendiz en la azucarera donde trabajaba mi abuelo, eso si que era duro...)) y, desde luego, lo que más me llamaba la atención esos momentos era la quizás falsa sensación de independencia, el orgullo de ganar por primera vez un dinero con mi trabajo.
Si, por el contrario, la consideramos imprescindible, entonces si que me es más fácil el recuerdo, y la datación exacta: mi primera nómina, completamente conforme a la legalidad, la recibí a cambio de mi desempeño como agente censal en 1990. Me tocó censar el barrio más típico y tradicional de Gijón, Cimadevilla, barrio marinero, cuyas gentes (conocidas por el gentilicio de “playos”), destacan por su humor, generosidad y bonhomía, y, al ser ancianos, en su mayoría (pescadores jubilados, viejas rederas, etc...) agradecían enormemente la ayuda de un joven, e inexperto agente censal, que aprendió de ellos, de su sencillez, de su “cachazuda” humanidad, mucho más que la “sosa” ayuda que él pretendía ofrecerles (en ese intercambio salieron abrumadoramente perdedores mis queridos “playos”, que nunca olvidaré).
Si fuese “políticamente correcto” tendría que relatar que mis primeros ingresos (sean los cobrados conforme a la legalidad, o los obtenidos fuera del control de Hacienda, para el caso da lo mismo), los empleé en algún merecido regalo para mi abnegada madre, o en sufragar los estudios de ese hermano pequeño que nunca tuve.
Pero como detesto profundamente este concepto de la “corrección política”, confesaré sinceramente que, para “mi vergüenza”, las todavía pesetas que ingresé por cualquiera de los dos trabajos, se fueron casi íntegramente en vinos que me tomé con mi novia de aquel entonces, en noches sucesivas de desenfreno en un hotel de medio pelo, con la misma persona, y en poco más, pues ninguno de los dos sueldos (el irregular, y el perfectamente ajustado a la legalidad) daba para demasiados “lujos” ¡Qué poco dura el dinero cuando uno es joven e inconsciente!
Pero diré que el “alocado” gasto mereció la pena en última instancia, que poder tener entre mis brazos a aquella hermosa y rozagante mujer, que disfrutar de aquellas carnes, abundantes y jóvenes, que conocer los secretos del amor en aquellas circunstancias, me sigue pareciendo el dinero mejor empleado de mi vida.
Nunca me arrepentiré, ni encontraré mejor destino para el fruto de unos juguetes vendidos a niños caprichosos (o a sus madres, más caprichosas y malcriadas todavía) o de unos impresos censales pacientemente recogidos y clasificados.

Con esto, chapuceramente, ya lo se, creo haber cumplido el encargo de Antigona, y como es tradición no escrita en el “mundo blogger” se lo paso a mis amigos Mary Kate (http://cuentosprescindibles.blogspot.com/) y Futuro Bloggero (http://bracecooper.blogspot.com/), como “premio” por haber llegado a dudar de mi “capacidad” para vencer la pereza, y cumplimentar este encargo. ¡Ala! ¡A chincharse!, y os advierto que estaré vigilando vuestros “blogs” por si pretendéis “escaquearos”.


nota: mi incompetencia “cibernética” se demuestra en mi incapacidad para realizar los enlaces directamente con el nombre del usuario del blog, por lo que me he tenido que inventar este sistema de paréntesis.
La desaparición, todavía espero que no definitiva, de mi “mentor” en este mundo, Pazzos (http://pazzos.blogspot.com/), no me ha ayudado demasiado, precisamente.
(*) Este “desarreglo” en la uniformidad del párrafo no se a qué se debe. Considérese también otro ejemplo de mi impericia informática.

REFLEXIONES SOBRE UN SUICIDIO

Xirinacs, un "iluminado" honesto y consecuente hasta el final

A mi padre, también un hombre honesto, ante todo (1)


En torno a la muerte de Xirinacs



Anoche volví a no dormir bien: Demasiado calor, el maldito dolor de muelas, los graznidos de las gaviotas, el zumbido de un estúpido mosquito que se había quedado atrapado entre el visillo y el cristal de la ventana, en fin, como ya señalaba en mi anterior entrada, se juntaron los condimentos ideales para poner en marcha mi siempre limitada creatividad, con la que me atrevo a colmar otra vez su paciencia.
Un suceso del que me había enterado a la hora de comer, puso en marcha mi habitualmente perezoso cerebro: una figura de mi infancia se había suicidado, según todos los indicios: el cuerpo sin vida del ex- senador y ex-sacerdote Lluis María Xirinacs había aparecido en un bosque de Girona. El cadáver portaba una nota de despedida, en que señalaba su decepción con la evolución de la política catalana en los últimos tiempos: “Una nación nunca será libre si sus hijos no quieren arriesgar su vida en su libertad y defensa. Amigos, aceptad este final absoluto de mi contienda, para contraponer la cobardía de nuestros líderes, masificadores del pueblo. Hoy mi nación acontece soberana en mí. Ellos han perdido un esclavo. ¡Ella es algo más libre, porque yo soy en vosotros, amigos!" (2).
Este suicidio de alguien más próximo a mí de lo que pueda parecer (mi padre, que tiene un año menos, siempre le mostró a este cura rebelde una enorme admiración), me recordó otro suicidio, este sí más cercano a mi, en todos los sentidos.
Cuando yo tenía 14 años mi tío Eladio, el más joven de los hermanos de mi madre, decidió quitarse de en medio por el expeditivo método de colgarse de uno de los árboles de su pequeña huerta. En mi familia hablar de la muerte del tío Eladio siempre ha sido tabú. Sin embargo, yo, quizás en mi inocencia todavía casi infantil, me sentía orgulloso de que un miembro de mi familia hubiese tenido el valor de “hacer mutis por el foro”, en el momento en que percibió que su vida había llegado a un “callejón sin salida”.
Yo, que, como sabéis, soy un inválido, defiendo la libertad absoluta de cada individuo a disponer de su propia vida como crea oportuno, y por las razones que cada cual estime convenientes, sin cortapisas de orden supuestamente moral o, menos aún, religioso.
Nadie puede pretender inmiscuirse en la más íntima individualidad del “otro” para imponerle una vida que, por las razones que sean, no quiere vivir. Eso me escandaliza, y me parece un auténtico “crimen contra la humanidad”.
Yo, confieso que, en los peores momentos de mi vida, los posteriores a mi accidente, cuando comprendí que no volvería a caminar, y lo que es peor, una parte de mi vida se había acabado para siempre, acaricié morbosamente la idea del suicidio y, que si no lo acabé de llevarla a cabo, fue, más bien, por falta de valor, por el vértigo ante lo irreversible, o como dice mi amiga Emilia, por mi insaciable curiosidad, ¿Cómo me iba a enterar de lo que ocurre en este absurdo y hermoso mundo, si no estaba presente?
(1) Mi padre se ha escandalizado ante el escasísimo eco que ha tenido esta trágica noticia en la mayoría de los medios de comunicación de este olvidadizo país, lo que, en buena medida, me ha impulsado ha realizar esta entrada, que le dedico.
(2) Una muestra del "grandioso"fanatismo del personaje. Con razón Jordi Pujol se refería a él en los siguientes términos: “Era un profeta que quiere a su pueblo, y por eso lo fustiga. Se podría decir que nos ha fustigado durante muchos años, y con su muerte también nos fustiga”.

FILIAS Y FOBIAS DE UN "LEPROSO"

Al maestro Luis Buñuel

En mi adolescencia, tendría 15 o 16 años, descubrí abandonada en la biblioteca de mi tía, la breve y sustanciosa autobiografía de Buñuel titulada “Mi último suspiro”.
Me impresionó, sobre todo, el capítulo titulado “Me gusta, no me gusta”, en el que el “maestro de Calanda” desgrana sus muchas filias y fobias, en un catálogo con el que ya entonces tenía abundantes coincidencias que se han ido incrementando con los años.
Mucho más recientemente, he descubierto en el blog de los pasos que no doy (http://lospasosquenodoy.blogspot.com/) que su creadora había realizado una entrada que parecía inspirada en este juego que, en realidad, pusieron de moda los surrealistas a principios del pasado siglo XX.
Como desde que leí la autobiografía de Buñuel quise hacer algo así, pues ahí va mi particular catálogo de “filias” y “fobias”, que, naturalmente, tiene, en ocasiones, poco de racional, y mucho de “ajuste de cuentas” más bien dejado al instinto.
Bueno, tras este ya demasiado largo preámbulo, voy a la materia sin más dilaciones.
Será, como en la citada autobiografía de Buñuel, una exposición un tanto caótica.

En fin, vamos allá:

Me gustan, por encima de todas las cosas, las mujeres: altas, bajas, gordas, flacas, morenas, rubias, viejas, jóvenes (aunque ya puestos, las prefiero morenas, y con formas, no me disgustan los kilos, y con suficiente edad para que puedan mantener una conversación inteligente). Me eduqué en un colegio masculino, y no tuve hermanas (bueno, ni hermanos), y eso, quizás convirtió a la mujer, para mi, en alguien misterioso y desconocido, y, por tanto, deseable.
Relacionado con esta obsesión, no comprendo muy bien la heterosexualidad femenina, una opción tan respetable como la otra, y que me beneficia (mucho), pero que cae en lo irracional (lo único que el hombre le puede aportar a la mujer es un puñado de espermatozoides para perpetuar la especie, y, quizás ha llegado el momento de preguntarse, ¿es esto realmente imprescindible? ¿Merece la pena salvaguardar una especie tan destructiva y fagocitadora como la nuestra? (1)
Me gusta mirar (creo que de ahí viene mi desmesurada afición al cine). Si el accidente que me dejó en una silla de ruedas me hubiese privado de la vista, habría preferido morir (aunque por experiencia se que todo se puede superar, menos la muerte, claro, que es lo único irreversible).
Me interesa el Barroco en todas sus manifestaciones.
Relacionado con ello, adoro a Rubens (de hecho, mi despertar sexual vino determinado por el tomo de una enciclopedia de Historia del Arte, dedicado a este maestro flamenco).
Por tradición familiar, me considero de izquierdas. De hecho sigo votando religiosamente a Izquierda Unida, más por cuestión de fé o de rutina, que porque racionalmente me parezca la mejor opción (racionalmente la mejor opción es siempre la abstención, o el voto en blanco, como mucho, salvo en casos de excepción como el 14 de marzo cuando las estúpidas mentiras del gobierno de entonces superaron ya todo lo soportable).
Soy republicano. Soy ateo. Monarquía y democracia me parecen tan incompatibles como fé y razón. La fé, con la intolerancia que le es inherente, ha causado enormes males a la humanidad (sí, para escándalo de los jerarcas de la iglesia católica caigo de lleno en el "relativismo moral". ¿Pasa algo?) (2)
Me gusta la comida con sabores fuertes: los embutidos, las carnes a la parrilla, etc... (Pero la gastronomía tampoco es algo que me quite el sueño); como, debido a mi pésimo oído, tampoco me lo quita la música (gastronomía y música son dos graves carencias en mi formación, de las que NO estoy orgulloso, precisamente). Aún así, en música también tengo mis preferencias, pese a mis enormes limitaciones: Bach, Wagner, Bernard Herrmann, Nino Rota, Dvorack, Leonard Cohen, REM...(3)
Detesto profunda e irracionalmente los kiwis (conste que no tengo nada contra Nueva Zelanda, remotísimo país que dudo alguna vez llegue a conocer).
Aunque pueda precer extemporaneo y ridículo, no me gusta comunicarme por teléfono: mantener una convesación con alguien sin verle la cara me pone nervioso. Si, por ejemplo, llamo a alguien y me contesta una máquina (contestador automático, creo que se llama ese "invento del demonio"), cuelgo inmediatamente -irracionalmente esta "fobia" no se extiende a los correos electrónicos o al "messenger", pero ya he advertido previamente que esta lista tendría poco de racional-.
Tampoco, desde niño, soporto las "estatuas humanas" callejeras. De pequeño me daban miedo (con sus rostros maquillados e inexpresivos, como muertos en vida) ; ahora, ya no me atemorizan, sino que eso de quedarse muy quieto, poniendo cara de "panoli", me parece simplemente una forma muy estúpida (aunque supongo que no fácil) de ganarse la vida.
No me interesan, en general, los deportes (pongo en duda, incluso, su pretendido efecto beneficioso para la salud, no hay mas que hecharle un vistazo a las páginas de la prensa deportiva, tan parecidas a un tratado médico, en el que se enumeran las lesiones de los nuevos ídolos en que se han convertido las "estrellas del deporte").
En la misma línea no soporto a la prensa deportiva, tan parecida a la llamada "prensa del corazón". Me asombra cómo en uno y otro caso se pueden llenar páginas y páginas, hablando de la nada más absoluta.
Tampoco me gusta demasiado el machacón bombardeo publicitario al que inevitablemente se ve sometida nuestra sociedad. Me parece estúpido y de mal gusto. He llegado a odiar a ING direct (además le tengo manía al color naranja), y al "tinto de verano Don Simón, tinto de verano p´al calor, tinto de verano,¡qué sabor!" ¡Fiesta,Don Simón! (apago la radio cada vez que, a traición, me asaltan con la cancioncilla de marras).
Recuperando el primer punto, de entre las mujeres, tengo debilidad por el tipo de actriz italiana de los años 50 y 60, caderas anchas, pecho generoso, (Sofía Loren, Silvana Mangano, y, más recientemente Laura Antonelli o Stefania Sandrelli, e, incluso, recientísimamente, y salvando las distancias, Maria Grazia Cuccinotta).
Detesto, sin embargo, la ficticia belleza estereotipada de "modelo de pasarela". Me gustan los rostros con personalidad, que no se atienen al modelo imperante (entre los primeros citaría como ejemplos a Nicole Kidman, o Penélope Cruz, que, encima comparten una relación en su biografía con un personaje tan antipático y ridículo como Tom Cruise; entre los segundos citaría a Juliette Binoche o Julianne Moore, dos de las mejores actrices de la actualidad)
Respeto, y admiro a Fernando Fernán-Gómez, polifacético artista español (actor, dramaturgo, cineasta, ensayista). Este "cascarrabias" impenitente me ha inspirado siempre una enorme simpatía, y una habitual coincidencia de opiniones.
No me gustan nada, lo que se dice nada, la incoherencia, la doble moral y la hipocresía; Aunque, ya sabeis, "Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra...")
Me dan miedo los que no dudan.
La duda es la hermana gemela de la razón, y el antídoto ideal para el totalitarismo.
Detesto a los que tienen las cosas demasiado claras, y no dudan en imponer esta falsa "claridad" a los demás (la Historia esta llena de ejemplos: Hitler, Franco, Stalin, Juan Pablo II...).
Detesto las banderas(pintureros trapos cuya única utilidad sería sustituir al papel higiénico en caso de" apretón"), las patrias (todas, a diferencia de respetables filósofos como Gustavo Bueno o Fernando Sabater, que salvan de este aborrecimiento a la suya; yo no tengo patria, o la desprecio tanto como a cualquier otra) y los desfiles militares (estúpidos e infantiles espectáculos que, además, arruinan el erario público)
Detesto, también, y sin demasiadas razones explicables a Robim Williams (histriónico y lamentable actor americano que estropea cada película en la que interviene), a Tom Cruise (mal actor al que creo que, además, "le falta un tornillo), a Sting y U2 (no soporto a los "progresistas de chichinabo" como ellos).
Detesto, igualmente, el "blandi-porno" de los años 70 y 80 (películas como la saga de Enmanuelle o "La historia de O" me dan tantas nauseas como un chicle de fresa) (6)
Sin embargo, no desprecio en absoluto la pionera producción "porno" de esa misma época(películas como "Tras la puerta verde" o "El diablo en la señorita Jones", me parecen, dentro de los límites de su indigencia industrial, valientes, divertidas, y muy diferentes al aburrido "mete-saca" en que se ha acabado convirtiendo este género tan desaprovechado, sobre todo desde que su exhibición se ha visto practicamente reducida al vídeo).
Prefiero una voz grave, aunque llegue a ser algo “cazallera” (por ejemplo la de Charo López) que una ridícula vocecilla aguda y aflautada (como por ejemplo la de Penélope Cruz, sobrevaloradísima actriz que, ni decir tiene, no soporto)
Sin pretender ser original, y como excepción a las italianas, yo también considero a Ava Gardner el “animal más bello del mundo”, y no sólo por su físico espectacular (Su biografía personal, excesiva y desprejuiciada, me ha subyugado enormemente desde siempre).
Otra excepción, más cercana en todos los sentidos, es "nuestra" Leonor Watling, bellísima mujer, excelente actriz y formidable vocalista con su grupo "Marlango". ¿Quién, en sus cabales, no se ha acabado enamorando de esta mujer ?¿A quién, por ejemplo, no le gusta el chocolate?
Hablando de excesos, como Buñuel, adoro al Marqués de Sade, un ilustrado que está bastante lejos de la caricatura de látigos y capuchas con la que habitualmente se le caracteriza. Su obra cumbre, “Las 120 jornadas de Sodoma” es una “anti-novela” genial, sobre la ruindad del ser humano, que por momentos se hace muy difícil de soportar, pero que enriquece nuestro pensamiento, y nos retrata con toda la crudeza que merecemos.
Desde pequeño, me han atraído (y repelido, a qué negarlo) los “diferentes”, los “inválidos”, los “raros”, los que tenían alguna característica peculiar, los políticamente incorrectos, los que no se atienen al canon de belleza establecido en los catálogos de cirugía estética, que detesto. Naturalmente, al verme convertido, inesperadamente, en uno de ellos, este ambiguo interés infantil, se convirtió en una obsesión.
Me gusta el roce de una piel ajena. El simple contacto con una temperatura diferente de la mía me causa, sin más, un gran placer.
Me gustan las arrugas, señal de que su poseedor, o poseedora, ha vivido mucho, y, por lo tanto, atesora abundante sabiduría.
Detesto las gaviotas, sobre todo desde que han emigrado desde el mar a los vertederos de basura, con que rodeamos nuestras ciudades: me parecen un animal sucio, estruendoso, y estúpido (que el PP las haya escogido para su logotipo no contribuye a mejorar esta opinión, precisamente).
Aborrezco el ruido, las voces sin sentido, los graznidos.
Me gusta el chocolate, todo lo que lleva este manjar, pasa a formar parte, sin más, de mis preferencias.
También he comprobado que me encanta todo lo que procede del cerdo: jamones, chorizos, la carne que rodea las costillas. En fin, que el cerdo, al contrario que la gaviota, me parece un animal muy simpático al que los humanos deberíamos erigir un monumento. ¿Se han fijado en el gran parecido que guarda con nosotros? ¿O será sólo una sugestión mía?
Como ya he señalado en un post anterior, si tuviese que quedarme con una película (tendría que ser bajo tortura, me costaría horrores despreciar tantas y tantas) esta sería “Vértigo” del gran Hitchcock, ni que decir tiene, mi director preferido (4).
Si tuviese que elegir un libro, elección aún más traumática y difícil, si cabe, sería “En busca del tiempo perdido”, monumental autobiografía encubierta, en la que Marcel Proust reinventó el arte de narrar.
Sin embargo, tengo que confesar, quizás para mi vergüenza, que nunca he podido acabar el “Ulises” de James Joyce, que me resulta farragoso, y, por momentos, decididamente incomprensible (5).
Desde pequeño me aficioné a la lectura, pero después de mi accidente, esta afición se convirtió en obsesión: como dispongo de todo el tiempo del mundo, y tampoco tengo capacidad para hacer muchas más cosas (no sólo los deportes se han acabado para mi, confieso que tampoco los hecho mucho de menos, si no también los largos paseos en bicicleta a la orilla del mar, que tanto me gustaban), leo compulsivamente, devorando tomo tras tomo: aunque mi biblioteca privada tenga ya un tamaño respetable, mi compulsión lectora me lleva a frecuentar varias de las públicas, en busca de libros que quiero, necesito leer (esto se ha convertido en una adicción, y corro el peligro que se me escape de las manos).
No me gustan las pipas, los caramelos o los chicles: su ingestión me parece una manera infantiloide de hacer pasar el tiempo. Claro, que los aficionados a estos “manjares” tienen todo el derecho de decir lo mismo de mí, en relación a mi desmesurada afición bibliófila y cinéfila.
Me fascina Proust, ya lo he dicho; pero si tuviese que enumerar toda la literatura que me interesa, este post se alargaría hasta casi el infinito. Mi pasión por los libros, al igual que por el cine, no tiene límites.
Detesto, y me aterran, los dolores de muelas que, con frecuencia, no me dejan dormir. ¡Cómo me identifico entonces con la canción de Sabina “Como un dolor de muelas”, Sabina, por cierto, otra de mis preferencias musicales, ¿o habría que decir, poéticas?.
Sin embargo esas noches en blanco, incómodas, siempre demasiado largas, no son tan deleznables, pues de ellas suelen surgir estos “entretenimientos”. ¿O, como suele ser habitual en mi, sí lo son, y me dejo llevar por mi ego sin medida?
En fin, eso ustedes juzgarán.
Aunque por el tamaño que está adquiriendo esta entrada, ya les percibo removerse en sus asientos, y exigir que lo vaya dejando, con un “cállate ya, pesao”.
(1) Se que alguno de mis amigos, reales o virtuales, como pazzos(http://pazzos.blogspot.com/) entre los primeros o Horrach(http://horrach.blogspot.com/), entre los segundos, no compartirán estas afirmaciones, pero mi devoción hacia la mujer está, incluso por encima de la amistad. Que me perdonen.
(2) Al principio de la entradada, ya señalo el carácter caótico de esta enumeración. A veces me olvido de puntos esenciales, como este, y me tomo la libertad de recuperarlos "a posteriori".
(3) Para mis escasas y, quizás infundadas, preferencias musicales, remito a mi perfil.
(4) Ver mi entrada anterior, "Surgida del Averno".
(5) Aunque con titánico esfuerzo, conseguí extraerle, algunos momentos de enorme talento, pero no fui capaz a acabarlo, reconozco (la literatura, desligada del placer lector puede convertirs e en una tortura).
(6) A raiz de ir masticando estúpidamente uno de estos chicles, mientras recorría en autobus un trayecto plagado de curvas, cuando tenía 7 años, el simple olor de la fresa, me produce, desde entonces nauseas.
(7) y última: Creo que ya puedo dar por finalizada esta entrada, que me ha tenido ocupado todo el mes de Agosto. Quien haya tenido la paciencia de leer tan egocéntrica y exibicionista "aportación", me conocerá un poco más, aunque quizás haya caído en la cuenta de que no merece la pena demasiado. De todas maneras, muchas gracias a quienes hayan tenido la paciencia de soportar tan tremendo "rollazo" hasta el final. PUNTO FINAL.

RETRATO DE UNA "DECEPCIÓN"



Sobre la película “Retrato de una obsesión”

Cuando me enteré que se había realizado una película inspirada en la vida de Diane Arbus, me propuse verla en cuanto pudiese (1). Considero a la fotógrafa neoyorquina Diane Arbus (1923-1971) una de las miradas más lúcidas y perturbadoras de la Historia del Arte del siglo XX.
Sin embargo, la película, de la que tanto esperaba, acabó por convertirse en una gran decepción (suele ocurrir cuando te creas unas expectativas tan altas, que no se acaban cumpliendo).
Arbus fue una retratista de excepción. Su “material” eran los seres humanos diferentes, los distintos, los imperfectos, los inválidos de todo tipo y condición, los que componen la cofradía de los “leprosos” (2) en el sentido que le da Jack London a esta palabra en el extraordinario cuento que da título a este blog.
Desde luego, por las fotos que conozco, Arbus no era el prodigio de belleza y elegancia que pretende ser siempre Nicole Kidman (era más bien una mujer normal, ni muy fea ni muy guapa, por lo que, para empezar no parece una elección demasiado brillante). Pero cuando la película patina, chirría, y se acaba convirtiendo en una enorme decepción, es al abordar con desmesurada cobardía la relación entre Diane Arbus (Nicole Kidman) y Lionel, que sólo puede fructificar tras someter al monstruo peludo,(3) a un rápido y poco creíble afeitado total, por el que un monstruo, se convierte en un santiamén en el guapo Robert Downey Jr.
Para todos los inválidos, raros y “diferentes” esta es una solución insultante, resuelta además chapuceramente, como con prisas, y una falta de tacto lamentable. Esta parte final, infantil, absurda, arruina lastimosamente toda la película.
Elevo a quien sea mi más enérgica protesta: ¿Es que no puede un inválido conquistar el corazón de una belleza? (y quiero dejar constancia, además, de que Nicole Kidman NO es mi tipo: demasiado alta, demasiado guapa, demasiado perfecta, demasiado irreal, en suma), y a mi me gustan (y mucho) las mujeres de carne y hueso, no tanto los estereotipos, las mujeres que parecen “de mentira” (4)


(1)En mi ciudad, Gijón, solo se proyectó en los multicines Yelmo-cineplex, donde son conocidos los problemas de accesibilidad a los usuarios de silla de ruedas, por lo que tuve que verla por el drástico método de bajarla con el e-mule, lo que no garantiza el mismo visionado que en el cine, y puede haber condicionado mi opinión.
(2) “Koolau el leproso” de Jack London. Editorial Libros del zorro rojo. Barcelona, 2006
(3) Se supone que Lionel (Robert Downey Jr) padece hipertricosis, una extraña enfermedad genética caracterizada porque el pelo crece de forma generalizada, y desordenada por todo el cuerpo.
(4)Puede aplicarse igualmente al revés: si el “monstruo” fuese mujer y el “fotógrafo” un hombre; es una ley matemática que el orden de los factores no altera el producto

SURGIDA DEL AVERNO

Scottie (James Stewart) entre Madeleine y Judy (Kim Novak por partida doble) en un foto-montaje promocional de la película.


Algunas consideraciones sobre la genial película del maestro Hitchcock, “Vértigo”.

Ninguna “resurrección” tan fantástica, tan turbadora, tan desesperadamente romántica como la de Judy (Una Kim Novak en el cenit de su belleza) cuando sale del baño del hotel transformada en Madeleine, satisfaciendo así la enfermiza obsesión de Scottie (un James Stewart tan ajustado como siempre) en ese inigualable artefacto cinematográfico ideado por Alfred Hitchcock en 1958, y conocido indistintamente como “Vértigo” o “De entre los muertos”. Para mí esta película genial, de infinitas lecturas, es la culminación del cine de Hitchcock, y si alguien pretendiese de mí la descabellada exigencia que eligiese una sola película en la historia (yo, venciendo mi racionalismo que le impide una elección tan traumática a un cinéfilo, y ya que, como he dicho en alguna otra ocasión, también soy de “filias y “fobias”, de adhesiones entusiastas y rechazos viscerales) me quedaría con ella.
“Vértigo” es una película suficientemente conocida, así que no perderé el tiempo en recordar su argumento, basado en una novelita de Boileau y Narcejac, que Truffaut en su libro-entrevista con el maestro, se empeñaba en que había sido escrita específicamente para la película, a través de un encargo de la productora.(1). Hitchcock se resistía, por su parte, a confirmar esta especie en la misma entrevista, por cierto(2).
Mucho se ha hablado, y fabulado, sobre las circunstancias que rodearon al film: que si es un postrer homenaje del maestro Hitchcock a su actriz preferida, Grace Kelly, que se acababa de casar con Rainiero de Mónaco, abandonando el cine; que si Hitchcock plasma aquí su nunca confesado amor a la actriz perdida y ya irremediablemente inalcanzable; que si el proceso de transformar a Judy (una Kim Novak pelirroja, y de rasgos exageradamente vulgares) en Madeleine (la misma Kim Novak teñida en rubio platino, y con rasgos lo más estilizados posibles) es una metáfora del intento imposible del maestro de transformar a Kim Novak en Grace Kelly...
En el mismo libro-entrevista con Truffaut, Hitchcock deja clara su, para mí, injusta animadversión a la Novak, pero yo creo que esto es más bien consecuencia de la frustración por no poder volver a contar más con la Kelly.
Aparte de estos “cotilleos” la película es indiscutiblemente una obra maestra en donde se juntan una serie de inmensos talentos en el cenit de su creatividad: desde el director de fotografía Robert Burks, al genial músico Bernard Herman, que nos regala aquí una partitura magistral, envolvente, y que se ajusta como un guante al desesperado romanticismo que impregna toda la película. Además el maestro cuenta otra vez con la colaboración de Saul Bass, que diseña los títulos de crédito, de forma magistral.
Se ha dicho, y nadie puede negarlo, que el tema del film es la dialéctica entre lo real y lo imaginario, entre la realidad y el deseo: Scottie (James Stewart) se pasa la segunda parte del film resucitando el fantasma de una Madeleine (Kim Novak) que creía muerta. La misma Kim Novak (Judy) que se deja manipular por Scottie, aún sabiendo que esto solo puede conducirla irremediablemente a un final trágico.
El apasionado beso entre Kim Novak (ya Madeleine otra vez) y James Stewart (el anhelante Scottie) mientras los envuelve la cámara de Hitchcock, y la fantástica melodía de Bernard Herrmann, es desde luego una de las secuencias de más alto contenido erótico de la historia del cine, y cierra esta historia de amor tan imposible como lo es la absoluta felicidad en cualquier vida, como imposible es la felicidad misma. Lo que sucede después me lo ahorraré por si alguien todavía no ha visto esta película magistral.




(1).- La productora en cuestión es la Paramount.
(2).-“El cine según Hitchcock” por François Truffaut. (Alianza Editorial), 1974.

COMENTARIO DE PAULA MENÉNDEZ GONZÁLEZ


Mi buena amiga Paula, del taller de relato, me ha pedido que publique en esta humilde bitácora un comentario suyo sobre la novela de Belén Gopegui "La escala de los mapas"
Obedientemente yo aquí se lo dejo; Léanlo con atención (creo que merece la pena) y juzguen ustedes:

"Ni siquiera sospechaba al iniciar este libro sobrecargado de retórica, sobre el cual llegué a prejuzgar al inicio de su lectura que rozaba lo pretencioso, que me suscitaría tantas ideas inesperadas e incluso acciones raras y algo estrambóticas, como no podía ser menos, todavía bajo la influencia de su incalificable personaje central.
Y ciertamente la novela sugiere múltiples ideas detrás de los complejos pensamientos del extravagante personaje central, Sergio Prim, geógrafo de profesión, curiosamente enemigo de viajar y que lucha en su vida por encontrar “un hueco” en el que esconderse, obsesionado por los supuestos mapas mentales de las personas, por el significado de los espacios y, en definitiva, por un concepto de “mapa” totalmente alejado de la geometría.
También muestra de diferentes formas que, en realidad, en la vida todo es una cuestión de escala. Así, dependiendo de cada escala personal, está aquello que pasa desapercibido por su tamaño “objetivo” y, sin embargo, se destaca ante nosotros como inmenso; así también, situamos lo prioritario por contraposición a lo que para nosotros carece de importancia, señalamos allí el momento crucial por contraposición al rutinario del que a veces ni siquiera tomamos conciencia…
Todo esto me llevó a una acción posterior a la lectura del libro; a propósito de lo cual, debo comentar que descubrí lo positivo de los libros no sólo por lo que nos aportan al leerlos –sin duda, muchísimo- sino también por lo que nos suscitan una vez terminados. Dicha acción partió de situar en un plano de mi ciudad mis recorridos más frecuentes. Descubrí que a pesar de moverme en un espacio relativamente reducido, las figuras que formaban estas rectas que unían diferentes lugares cambiaban de forma según las épocas, según las estaciones, el día de la semana, los momentos del día…; incluso podrían estar allí los lugares de nuestros recuerdos y los de nuestros sueños; estaban también implícitos en ese cruce de rectas, círculos y pequeños símbolos aquellos lugares a los que planeábamos ir, aquellos a los que iríamos sin saberlo o sin quererlo siquiera y aquellos a los que irremediablemente nunca iríamos.
Era bella la forma que tomaba la unión de esas rectas entre un lugar y otro; a veces, parecían meros triángulos de partes desiguales, a veces círculos como plazas que nos imaginábamos o recordábamos en un lugar, a veces paralelas sin principio ni fin, figuras zigzageantes imposibles y, sobre todo- lo que creo que más miedo daría al precavido personaje principal, temeroso al fin y al cabo ante la complejidad e incapacidad de previsión ante estos mapas-, las curvas o rectas cuyo sentido se salía fuera de ese plano, a veces para volver por igual o diferente camino o para no volver ya nunca, porque esos lugares ya no cabían en ese espacio quién diría que tan complejo siendo tan diminuto dentro del inmenso mundo.
Incluso –esto seguro que lo aprobaría el indescriptible y extraño personaje del libro, Sergio Prim- resultaba inquietante, no por ello menos conmovedor, la idea de darle a cada lugar nuestro propio nombre; nombre asociado a sentimientos, ideas, recuerdos, cosas soñadas o imaginadas… ¿Por qué no llamar a una calle “evasión”, “días de sol”, “desengaño”… incluso darle el nombre de un hombre o una mujer importante para nosotros? –qué estupendo contraste frente a la realidad de las calles con nombres de “personas insignes”-.
Eran tantas las posibilidades de dibujar parte de nuestra vida o nuestras ideas o esperanzas en un simple mapa…en fin, todo lo que escribimos con otro lenguaje en un libro…que ya a parir de ahora para mí los mapas dejarán de ser sólo esos enormes papeles tan difíciles de plegar, con los que tenemos que luchar cuando buscamos algo en un lugar desconocido y, desde luego, los mapas para mí ya estarán en muchos más lugares y con muchos formatos diferentes."

LA ESCRITORA IMPENITENTE


A María Herreros, escritora compulsiva

Tengo una amiga que se llama Soledad, y no para de escribir. Escribe sobre cualquier superficie por donde pueda deslizarse su pluma, sobre cualquier papel, por supuesto; sobre prospectos farmacéuticos desechados, o sobre montones de hojas blancas que va emborronando con su letra menuda y ágil. Escribe sin parar, apremiantemente, tomando notas sobre cualquier hecho. Por escribir, llega a escribir sobre las alas de las mariposas que transportan sus sueños (y aquí ya me he puesto estupendo, no puedo evitarlo).
Soledad tiene un perfil flamenco (en ocasiones llega a decir que a ella le gusta cantar) e inteligente, y un gran defecto que aquí no puedo ocultar, lo siento: es avara. Como decía mi abuela pertenece a la “cofradía de la virgen del puño”, pero no en cuestiones de dinero, no. Es algo peor, mucho peor: ese inveterado tacañismo lo aplica sobre todo a su inmenso talento literario, pues por razones que no entran en lo comprensible se niega a compartirlo con casi nadie (yo, parece ser, soy una inexplicable excepción), temerosa quizás de que si alguien descubriese lo bien que escribe, se vería obligada a codearse con gentes poco recomendables, que la forzarían a salir del castillo de fantasías que se ha ido construyendo a lo largo de los años.
Soledad tiene una hija que se llama Libertad, una niña vivaracha y dicharachera, que es lo que más quiere en el mundo, y que ha heredado la envidiable imaginación de su madre, y, de momento, no para de preguntar cosas, y meter a los adultos en peliagudos compromisos, como es la obligación de todo niño que se respete mínimamente.
Soledad tiene un montón de historias por contar, que sólo su desmesurada avaricia (ya he señalado en qué sentido) puede llegar a censurar.
Yo espero que este temor mío no se materialice, y Soledad o Libertad de los Mares, o Rocío, pues detrás de todos esos nombres se oculta, nos siga deleitado con sus maravillosas disquisiciones de todo tipo (aunque intuyo, no se por qué, mi pesimismo natural, supongo, que este ruego que le hago tendrá poco éxito, porque Soledad gusta de emboscarse y llevar la contraria).

LA EMPERATRIZ DEL INFANZÓN



la emperatriz cuando todavía era una princesita; ya apuntaba maneras




El "palacio" de la Emperatriz, por la noche




A mi querida compi, Montse

Como casi todas las princesas de cuento, la emperatriz del Infanzón es rubia. La emperatriz es una vieja (no tan vieja, no tan vieja...) dama de alcurnia, que vive en su pequeño palacio a las afueras de la ciudad. Su cabello todavía rubio hace juego con unos ojos glaucos. Sé que tiene un perro glotón, al que, si unos malvados felones asaltasen su “castillo”, podrían sobornar con facilidad, ofreciéndole galletas u otras golosinas, porque a “Poly”, que es un bonachón, se le conquista fácilmente por el estómago.
La “Emperatriz” es muy coquetuela, y gusta de hacerse menos de lo que vale, quizás para que todos acudamos a levantarle el ánimo, ensalzando un talento que en verdad si existe. Se hace llamar la vieja compañera del curso, y otras cosas así (la pesada, la inútil...), creo que para obligarnos a repetirle que no es ni lo uno ni lo otro. Creo que fue Manolo el que, en un momento de inspiración de los que en él son habituales, y en un curso anterior, la bautizó de esta manera, que, por cierto, resume de forma tan acertada como brillante (típico del talento de Manuel), la esencia de su personalidad (por cierto, ella insistía siempre en que yo también le pusiese un nombre de mi cosecha, pero decliné su invitación pues mi imaginación no se sentía capaz de igualar siquiera el genial sobrenombre que Manolo se inventó para ella).
La emperatriz ha tenido una vida azarosa, aunque, por una u otra razón, nunca me la ha acabado de contar del todo.
Porque, a veces se esconde, cosas poco claras, tras el nombre de Gadea, y a veces no.
Esta “doble” personalidad ha llegado a desconcertarme del todo, tengo que confesar. Espero que, aunque a mí no me guste meterme en vidas ajenas, alguna vez me lo pueda aclarar (simple y cochina curiosidad, ya saben).
La Emperatriz tiene todavía una voz cristalina, y una dicción de envidia, sobre todo para mí, que como el compañero Alberto leo mis relatos de forma atropellada (y atolondrada), como si tuviese prisa por acabar rápido, y en verdad la tengo, pero ¿qué se le va a hacer? Es una demostración más de mi timidez insuperable, supongo. Muchas veces, atenazado por el miedo, estuve a punto de pedirle que leyera mis relatos, pues estaba seguro de que en su hermosa voz ganarían mucho; pero jamás me atreví. Cosas, otra vez, de mi impar apocamiento, también deberían saberlo

LAS "OCULTAS" DIVERSIONES DE TODD FIELD


Recientemente he podido ver una interesante película: Se trata de “Juegos secretos” (2006) del actor Todd Field. Field (1964- ), conocido como secundario en diversas películas (era el pianista que aconsejaba a Tom Cruise, en la, para mí pretenciosa y vacía “Eyes wide shut”) debutó en la dirección con la estimulante “En la habitación” (2001) con gran éxito de crítica y público. Cinco años después nos vuelve a emocionar con esta estupenda “Juegos secretos”. En la línea de su anterior película nos sumerge en el ambiente opresivo de una pequeña comunidad de Estados Unidos, donde los secretos mal guardados, las frustraciones nunca superadas, el conservadurismo moral, la cotidiana intolerancia y la hipocresía con la que se pretenden ocultar íntimas pasiones mal reprimidas, dibujan un paisaje bien definido y ya abordado en su primer film, así como en otros de los más interesantes de los últimos tiempos desde la oscarizada “American Beauty” (Sam Mendes, 1999) a la transgresora e “independiente” “Happinnes” (Todd Solonz, 1998), por citar dos ejemplos de películas con similares ambientes e intenciones., pero muy diferentes orígenes y procesos de elaboración.
En “juegos secretos" (Little Children, 2006) diversos personajes unidos por el denominador común de la mentira y la simulación, entrecruzan sus patéticas, frustradas trayectorias vitales en el ambiente asfixiante de una pequeña localidad de Estados Unidos.
Destaca en este paisaje de personajes frustrados, amordazados, atosigados... la breve interpretación de Jackie Earle Haley (un rostro difícil de olvidar), como el “temido” pederasta, que sin hacer nada, provoca el rápido desalojo de la piscina donde se reúne habitualmente el grueso de la timorata, desconfiada comunidad, que es la real protagonista de la película.
Kate Winslet, que ya no es la muchacha rozagante, “rubensiana” y sensual de hace tiempo (de la perturbadora “Criaturas celestiales”, de la correcta “Sentido y sensibilidad” o de la pesadísima “Titanic”) desempeña con éxito un papel, que dentro de una película que se podría considerar coral, tiene más protagonismo que el resto del ajustado, brillante reparto.
Porque el peso de la narración no recae sobre ningún protagonista en concreto, si no que se reparte entre todos los miembros de una comunidad que los oprime y asfixia, en una sucesión de mentiras, imposturas y cobardías que son la sustancia del relato.
Un film valiente, pero “tranquilo”, sin estridencias; Donde el tono crítico se va explicitando poco a poco, como agua embalsada que se va filtrando en la tierra húmeda, hasta anegarla sin remedio.

BENDITO SEAS, CLINT EASTWOOD


La última película del gran Clint Eastwood, no es ni mucho menos la mejor de su carrera, que en los últimos años nos ha dejado una sucesión de obras maestras, “Mistic River”, “Sin Perdón” y sobretodo la magistral y conmovedora “Million Dollar Baby”.
Clint Eastwood es un cineasta al que su supuesto conservadurismo privó durante muchos años del favor de cierta crítica miope, condenándolo al status de intrascendente rareza, o como mucho de frívola curiosidad de un actor al que el éxito se le había subido a la cabeza.
Pues bien, el supuesto conservadurismo de Eastwood, sólo puede ponerse en parangón con el de otro “grande” de la historia del cine: Jhon Ford, es un conservadurismo más sentimental que político.
Pero aunque sea una obra objetivamente menor en la filmografía del último Eastwood, no por ello deja de situarse muy por encima de la inmensa mayoría del cine que se ha filmado en los últimos tiempos (incluyendo al último y muy sobre valorado Almodóvar de “Volver”, por no decir nada de los deleznables “blockbusters” de diverso tipo que asolan nuestras cada vez más escasas pantallas).
Por todo ello, como aficionado al buen cine, y esperando la complementaria, y “gemela” “Cartas desde Iwo-Jima”, no puedo menos dejar de exclamar este rendido: “Bendito seas, Clint Eastwood”*.*: Lamentablemente he tenido que ver esta película en la reducida pantalla del ordenador, pues en mi ciudad se ha estrenado en un cine poco accesible, lo que dada mi condición de inválido, me impidió verla en pantalla grande, lo que quizás ha condicionado mi valoración

IÑÁRRITU


Existen varias maneras de plantear una narración. Alejandro González Iñárritu (México, 1963) ha optado, al menos en los tres largometrajes que yo le conozco (“Amores perros”, “21 gramos” y “Babel”) por una estructura coral similar (historias que se van entrecruzando, al principio sin un sentido claro, pero que buscan una clave final que le dé razón al complejo puzzle que Iñárritu (con la inestimable colaboración, al menos hasta ahora, de su guionista Guillermo Arriaga*) va construyendo.
Parece que la carrera cinematográfica del tándem Iñárritu-Arriaga se caracteriza por una progresiva ambición geográfica: Si en “Amores Perros” el puzzle que caracteriza su cine de circunscribía al ámbito local (México), en “21 gramos” se extendía al regional (Estados Unidos), en su última, y más compleja película (“Babel”), abarca ya el del universo mundo, con todas sus inmensas miserias y contradicciones.
Se ha dicho, quizás con razón, que el argumento de “Babel”, es, nada más y nada menos, que un fresco del mundo actual, presidido por el fenómeno de la “globalización”.
Y la moraleja, no me gusta nada esa palabra, puede ser entonces que “siempre pierden los mismos”.
Porque no puede compararse la desdicha particular del acomodado matrimonio de turistas americanos interpretados por Brad Pitt y Kate Blanchett, o los problemas de incomunicación que presiden el episodio japonés, con las auténticas tragedias que se plasman en las vidas de los auténticos desheredados que pueblan el rico paisaje humano de esta película (pastores marroquíes o inmigrantes mexicanos en Estados Unidos).
Porque el accidente casual que desencadena el drama de “Babel” (unos niños que jugando con un rifle en las montañas del Atlas marroquí, hieren a una turista americana que pasaba por allí), desencadena una serie de historias que se van encajando como las piezas de una “muñeca rusa”, como es característico del resto del cine de Iñárritu, pero aquí en un ámbito infinitamente más extenso: el del atormentado planeta tierra.

* Parece ser que, por desgracia, esta es la última colaboración entre el talento de estos dos brillantes mexicanos

EL CIELO S.A.


El zafarrancho aquel de la “Creación”


Aquella tarde los empleados de El Cielo S.A. estaban perplejos. Contra lo que había anunciado anteriormente, y contraviniendo su costumbre, a la que era escrupulosamente fiel desde hacía tantos años, Crisanto de Dios no aparecía. Era el presidente y máximo accionista de aquella empresa que había fundado en tiempos tan remotos, que nadie recordaba a qué se dedicaba antes. Nepomuceno Sanpedro era su capataz y mano derecha, su hombre de confianza, que ejercía ora de portero de la gigantesca finca en la que estaba instalada la empresa, ora de administrador u otras labores, siempre fiel a las instrucciones de su jefe, del que sólo una vez, hacía ya muchos años, se había permitido dudar. Cuando Don Crisanto se había marchado el lunes, había asegurado a todos sus empleados, que, sin falta, volvería como muy tarde el viernes para poner en marcha un plan al que llevaba tiempo dándole vueltas, y que, sin duda, sacaría a la empresa de los apuros, con que, en forma de inesperadas deudas e incomprensibles incumplimientos de contrato, había sido asolada en los últimos tiempos hasta ponerla al borde de la quiebra. El plan tenía un nombre sin duda rimbombante y pretencioso: La Creación.
El caso es que ya era sábado de tarde, y faltaban escasos momentos para llegar al domingo, día que el mismo Don Crisanto, por razones que nadie era capaz de comprender, y más en persona tan obsesivamente laboriosa, había designado como de descanso ineludible.
Pero cuando los nervios de los empleados se habían ya tensado al máximo e incluso el bueno de Nepomuceno había sido comisionado a casa del ausente patrón, Don Crisanto apareció, aunque su aspecto distaba mucho del que tenía acostumbrados a sus empleados. Su habitual distinción parecía haber desaparecido: el cigarrillo rubio usualmente incrustado en una elegante boquilla, había sido sustituido por un enorme puro a medio consumir, que el señor de Dios, se empeñaba a mascar con fruición llenándolo de babas. Caminaba con escasa seguridad, tambaleándose, y mascullando unas casi ininteligibles cancioncillas, “El vino que tiene Asunción ni es blanco, ni tinto ni tiene color” o bien “A mi me gusta el vino pamparabampampan; con el pamparabampampan, con el pimpiribimpimpin al que no le guste el vino es un animal, es un animal” o incluso el socorrido “Asturias patria querida, Asturias de mis amores, quien estuviera en Asturias en todas las ocasiones”. Como sus empleados desconocían hasta ese momento el amor que Don Crisanto le tuviese a la música se quedaron muy extrañados, pero más cuando el “patrón”, contraviniendo definitivamente sus costumbres instaba con lágrimas en los ojos, y pasando sus brazos sobre los hombros de algunos empleados, a que le acompañasen en su desempeño melómano y les ofrecía promesas de amistad eterna, algo que estaba muy lejos de su circunspecto proceder habitual.

Por fin regresó Nepomuceno de su inútil viaje a casa del patrón. Aunque todavía no había cumplido cuarenta años presentaba una incipiente calva, y era un hombre tímido y metódico. Su seriedad era comúnmente apreciada y respetada por los obreros y todo el mundo parecía instarle con la mirada a que le preguntase al patrón qué había pasado con “La Creación”. Superando la paralizante timidez que le atenazaba habitualmente, con un hilo de voz temblorosa, Nepomuceno, que había enrojecido hasta las orejas, acertó a inquirir por fin: “Con todo respeto, Don Crisanto, ¿pero y “La Creación”? ¿No se acuerda? No nos tenga más en ascuas: díganos que vamos a hacer, porque la quiebra nos amenaza de forma irremediable”.
Don Crisanto pareció reflexionar un instante mientras seguía masticando su asqueroso puro. De repente se le iluminó la cara, aquel rostro ahora irreconocible, dónde el pulcro bigote habitualmente tan bien recortado, había sido sustituido por una desordenada e incipiente barba de tres días, y, con los ojillos alegremente iluminados, acertó a decir por fin, o sus empleados consiguieron entender con dificultad: “La Creación, la creación es esto, amigos míos”.

CARTA DE SU MADRE A OTEGUI


Arnaldito, Arnaldito: Sigues igual que de pequeño, cuando cerrabas los ojos si me hacías una trastada de las tuyas, y creías que así no te veía, y te ibas a librar de mis reprimendas. La misma cara de pillo traviesillo, la misma pose de “yo no fui, a mí que me registren”.
¡Cómo me recordaste esos tiempos cuando te vi en la televisión después del atentado, diciendo eso de que total si no había pasado nada!
Yo sé que siempre tuviste la cabeza llena de pájaros, que si querías ser el gran pacificador, que si el Jerry Adams vasco, que si patatín, que si patatán; y mírate ahora, cuando de verdad tenías la oportunidad, nada, que te quedas quieto, y la dejas pasar por delante de tus narices. Si siempre lo decía tu padre: “Este, mucha labia, pero a la hora de la verdad, incapaz de hacer nunca nada. Un comodón, eso es lo que es”. Que a lo mejor resulta que también es culpa nuestra, que ya me temía yo que esa gente con la que andabas de chavalín te acabaría trayendo problemas, que a mí ya no me gustaban un pelo, pero tu siempre con el “no pasa nada, que son buenos chavales, tranquila, amá”, y yo, claro, me ponías esa cara de querubín, y me lo tragaba. Pero ahora, que ya es tarde, me arrepiento, porque a ver cómo te libras de ellos ahora, que como ya me temía yo, acabaron siendo unos pesados y metiéndote en demasiados líos, Arnaldito.
Yo te aconsejaría, quizás con la ingenuidad de una madre que te quiere, que te librases de ellos, que, al fin y al cabo, tampoco les debes nada, y ellos a ti, no te han dado más que problemas y quebraderos de cabeza. A ver si así podemos de una vez respirar tranquilos.