martes, 6 de abril de 2010

REYGADAS


He podido ver la práctica totalidad de la filmografía del joven director mexicano Carlos Reygadas (1971- ). De momento, Reygadas ha dirigido tres largometrajes, a cada cual más perturbador: “Japón” (2002), su estimulante debut; la polémica y genial, a mi juicio, “Batalla en el cielo” (2005); y la extraordinaria y “dreyeriana” “Luz silenciosa” (2007); a las que habría que añadir su participación en el largometraje colectivo y conmemorativo “Revolución”, que todavía no he podido ver.
En estas tres películas, Reygadas da muestras de tener un lenguaje propio, brillante, perturbador y “bizarro”. Desde luego si por algo se caracteriza a su cine es por no dejar indiferente a nadie. Heredero del mejor Buñuel (el de “Los olvidados”, el de “Viridiana” o “Tristana”), retratista demoledor del México actual y eterno, Reygadas, cineasta valiente y turbulento, no duda en posar su mirada sobre los diferentes, los perdedores, los inválidos (emocionales o físicos) a los que no pretende “dignificar”, no, si no mostrar en toda su grandeza y miseria, tal como son (tal como somos todos, en definitiva, porque todos los seres humanos somos de una u otra manera inválidos, en cuanto seres imperfectos y limitados).
Ya en su debut tras las cámaras, “Japón” (2002), sorprendente relato sobre la improbable relación que se establece entre un individuo (hierático, imperturbable Alejandro Ferrettis) que, huyendo de su presumiblemente ajetreada vida en la ciudad (aunque nunca se entra en más detalles al respecto-*-) se retira al campo (donde lo acogerá una vieja viuda india-extraordinaria, transmitiendo toda su “pizpireta” sabiduría, Magdalena Flores-) mientras sus abotargados sentidos se van poco a poco despertando.
Es Reygadas un auténtico maestro en el arte de componer mediante planos larguísimos, mantenidos hasta la extenuación, poco proclive al corte, un poco en la línea de Max Ophuls (así el excepcional plano con el que se abre “Batalla en el cielo” en el que durante aproximadamente 4 minutos la cámara envuelve a la pareja mientras retrata una felación en primerísimo plano que culmina con las delicadas, casi imperceptibles lágrimas que comienzan a rodar por las mejillas de la excepcional actriz Anapola Mushakviz -“Anapola”, ¿existe un nombre más sugerente?- mientras el concierto para clavicordio en re menor de Johan Sebastian Bach envuelve la escena y se apodera de nuestros sentidos).
Porque el manejo sabio de la música es otra de las características del cine de Reygadas, ya sea Bach (como en la secuencia que acabo de relatar) o el propio Bach (con su “Pasión según San Mateo”), Shostakovich o Arvo Pärt que cierra “Japón” esta vez sobre un larguísimo y desolador “travelling” al final del cual aparece “en decúbito supino” el cuerpo del personaje interpretado por Magdalena Flores mientras, esta vez, el extremecedor “Miserere” de Arvo Part quien domina, y hace avanzar, este prodigioso “plano-secuencia”, como también lo hace de forma especular con el otro “travelling”, que abre la función, que avanza a su vez por las animadísimas calles de una ciudad entre bocinazos y cláxones disparados para, sin solución de continuidad, transformarse este ajetreadísimo tráfico urbano en el “trastabillado” deambular por polvorientos senderos del mundo rural ¿alguien podría ilustrar mejor y con más economía de medios el contraste entre lo urbano y lo rural, ese viaje obligado que el protagonista se ve impelido a realizar?.
Otra característica del cine de Reygadas es la tremenda “fisicidad” con que aborda las relaciones humanas. Ya sea en la mencionada felación en primerísimo plano que abre y cierra “Batalla en el cielo” (una más de las características del mexicano es su gusto por la simetría, que llega a tener un carácter casi matemático, especular-como se puede apreciar también en la secuencia ya comentada de “Japón”, donde el gusto por plasmar lo físico, se observa en la relación explícitamente sexual que se acaba desarrollando entre los dos protagonistas-).
Y es que para Reygadas todos los cuerpos son dignos de ser mostrados aunque no se atengan a los cánones de belleza imperantes, ya sean la pareja de obesos secuestradores de un niño en “Batalla en el cielo”, ya sea la anciana de “Japón”, o la pareja de menonitas adúlteros de “Luz silenciosa”, Johann y Marianne, cuyos beso posee toda la urgencia y carnalidad de quien sabe que está cometiendo un pecado, pero le va la vida en ello. Esa ansiedad, ese devorar al otro, esa urgencia, esos labios agrietados y anhelantes, esos besos robados al tiempo, en definitiva.
Porque Reygadas es un cineasta “matemático”: “Batalla en el cielo” se abre y se cierra con una felación en primerísimo plano; “Japón” con sendos travellings, el primero ilustra el animado, frenético tránsito urbano, y el segundo, que cierra la película, las devastadoras consecuencias del accidente de un camión que transportaba campesinos; y, por último, en “Luz silenciosa” esta “simetría matemática” llega a la culminación: “Luz silenciosa” ilustra un día cualquiera en una comunidad menonita mexicana desde la aurora hasta el crepúsculo, filmadas ambas de forma brillantísima, notándose la “mano lenta” que caracteriza a Reygadas, y donde se explicita el milagro de la vida, con innegables reminiscencias de “Ordet” de Dreyer.
En “Luz silenciosa”, la más despojada y austera de las películas de Reygadas, la música, al menos la “incidental”, no existe (no olvidemos que la película tiene un marcado tono documental-relata, repito, un día en una comunidad menonita mexicana en el que se acaba explicitando el milagro de la vida, que siempre conlleva el horizonte ineluctable de la muerte-).
En 2007, el Festival de Cine de Gijón, dedicó un ciclo a la figura de Carlos Reygadas. Sí, este gran cineasta estuvo en Gijón protagonizando mesas redondas y presentando sus películas, pero yo por aquel tiempo estaba a otros asuntos y, sencillamente, no me enteré.
Sí, como mi amigo mallorquín, Horrach (http://horrach.blogspot.com/), quien dejó escapar el concierto del gran Leonard Cohen en Palma de Mallorca, yo “pasé” del más brillante de los jóvenes cineastas mexicanos del momento (y uno de los más brillantes del panorama cinematográfico actual), y me quedé tan fresco.
Creo que nunca me lo perdonaré.
Porque tampoco ha tenido Reygadas, en general, demasiado éxito con la crítica cinematográfica que, salvo excepciones, lo ha acusado sucesivamente de vacuo esteticista, desagradable pornógrafo o aburrido narrador de historias sin ningún interés, tanto en su México natal (donde puede ser comprensible que su retrato demoledor de su patria, escueza) como fuera de sus fronteras, donde la radicalidad de su propuesta cinematográfica no ha acabado de ser comprendida.
Quizás por ello, por su estimulante e intransferible discurso propio, yo lo considero, junto con Atom Egoyan, junto al norteamericano Tod Field, junto con el también polémico franco-argentino Gaspar Noé, junto a su compatriota Alejandro González Iñárritu, junto al ruso Balabanov, que descubrí en el festival de este año (no siempre estoy en la inopia) una de las pocas miradas cinematográficas nuevas, y capaz de aportar algo diferente y radicalmente personal, dignas de ser tenidas en cuenta en el panorama actual.
-*-No perderse en florituras ni detalles innecesarios. Optar por una narración contundente y "seca", se convertirá en una de las señas de estilo de Reygadas.

2 comentarios:

Horrach dijo...

Koolau, ya me he bajado 'Batalla en el cielo'. En cuanto pueda verla le digo cosas.

abrazos

koolauleproso dijo...

verás como te gusta, Juan Antonio