viernes, 10 de octubre de 2008

ANIVERSARIO (EL DÍA QUE PENSABA IBA A CAMBIAR MI VIDA)


UNA HISTORIA MALLORQUINA





El 12 de octubre de 1992, llegué, con enorme ilusión a Palma de Mallorca. Con la perspectiva de casarme, para poder vivir con mi novia de siempre (eso ya no me hacía tanta ilusión, lo de casarme), y los hechos, por desgracia, no tardarían en darme la razón. Había conseguido un trabajo fijo, al obtener una plaza de funcionario de Correos (tras fracasar por tres veces en mi intento de obtenerla como profesor de enseñanza media), tenía 27 años, y el futuro se me presentaba luminoso.
Ni en la peor de mis pesadillas, podía imaginar que tan sólo 5 meses después estaría en la cama de un hospital, debatiéndome entre la vida y la muerte.
Volví a Gijón, para casarme (absurdo requisito que nos impuso mi ex-suegra, para no poner impedimentos a mi ex ante nuestra idea de, simplemente, irnos a vivir juntos-un consejo, no cedáis nunca a imposiciones que vayan contra vuestras más firmes convicciones, os arrepentiréis y ya no tendrá remedio-).
Recién casados los “tortolitos” emprendieron de nuevo vuelo a Palma de Mallorca, con la idea de instalarse en ese “paraíso”, (que lo es), y vivir felices muchos años (lejos de la “bruja”-en este caso, mi ex-suegra-que lo es, bruja, me refiero) y, como en los cuentos infantiles, “comer perdices”.
Pero, ¡Ay!, la felicidad duraría sólo unos meses, hasta que el 12 de febrero de 1993 un maldito escape de gas, o algo así (altos índices de monóxido de carbono en la sangre establecieron las analíticas practicadas en el hospital de Son Dureta), casi acaba con nuestras vidas.
Entre esos dos días 12, de octubre a febrero transcurrieron, quizás los momentos más felices de mi vida, instalado en el “paraíso” mallorquín, conviviendo con la mujer de mi vida, y lleno de planes y perspectivas de futuro (cómo añoro ahora las noches de amor explorando nuestro cuerpos en nuestro “coqueto” apartamento, o sentir su pierna entrelazada con la mía en el tren camino de Sóller o, simplemente el echo de escuchar su respiración todas las noches, el perfume de su aliento, el contacto con su piel…).
Pero es sabido que la felicidad es un mínimo momento, que suele escurrirse como el agua entre los dedos, y así todo se acabó aquel maldito 12 de febrero, casi sin que nos enterásemos. Y fue una pena tremenda, porque nos gustaba de veras Mallorca, la amabilidad de sus gentes, la belleza de sus mujeres (bueno, eso a mi, a ella no le hacía tanta gracia), incluso el catalán que hablan me resultaba hermoso (bueno, la mayoría de ellos, prefiere llamarlo mallorquín, pero, aquí entre nosotros, yo no observo ninguna diferencia).
Recién llegado a la isla, me recibió mi ex-cuñado, que a la sazón trabajaba en Magalluf, a pocos kilómetros de Palma, y con el que siempre me he llevado bien (incluso el 5 de noviembre del 92, regresó conmigo -y con un inglés rubio y espigado al que conocíamos como “el guiri”- para asistir al casorio en Gijón).
Pero este día 12 no fue, como pensaba, el que cambió mi vida. Por desgracia, yo lo ignoraba entonces, lo fue, casualmente, otro día 12 (el de febrero de 1993) justo 5 meses después, cuando nos sacaron del apartamento al lado del Paseo Marítimo de Palma, más muertos que vivos, destino al Hospital de Son Dureta. Pero esta es ya otra historia: la historia de mi nueva vida actual, en la que estoy aún más limitado físicamente de lo que lo están el común de los mortales, pero, en suma, y una vez plenamente adaptado a la vida en silla de ruedas (que me acompañará el resto de mi vida-o hasta que las “células-madre” nos separen-) ni mejor ni peor.
Casualmente, al entrar, ya desde mi silla de ruedas, años después en este enloquecido y gratificante mundo de los blogs, quizás inconscientemente, quizás por pura casualidad he encontrado en un puñado de mallorquines (Horrach-http://horrach.blogspot.com- , o los tristemente ya retirados ¿Dianna? o Pau Llanes que han pasado a formar parte ya de la reducida lista de "mis mejores amigos" (o, al menos, yo los considero como tal).


(*) .- Esta entrada estaba prevista para el lunes (día exacto del aniversario), pero como este fin de semana (largo) me toca visitar a mis padres, y allí no tengo ordenador, la publico ahora (antes de marcharme por la tarde) y espero vuestra indulgencia ante la inexactitud

11 comentarios:

Emily dijo...

Si alguien me concediera un deseo le pediría que este 12 de febrero no hubiera llegado nunca a tu vida.
Un abrazo, Koolau

nuria dijo...

lo prometido es deuda,ya formo parte de tu gran familia bloguera:)

ya vemos que la vida se empeña en hacer planes muy diferentes a los nuestros.
pero nos quedamos con lo bueno, no?

has sido capaz de recrear tu vida, de renovar o conseguir de nuevo los ideales que perdemos(o nos hacen perder)de volver a retomar las riendas y decidir quien quieres que entre en tu vida sin imposiciones.
No tomaste el camino facil de dejar que piensen y decidan por ti, como suele pasar(bien lo sabes).
chapeau, por ti!

koolauleproso dijo...

Gracias por tus palabras, Nuria.
Tengo previsto publicar algo sobre lo que pasa aquí, pero tampoco quiero "hacerme mala sangre".

koolauleproso dijo...

Gracias, Emily. Pero eso es "ciencia ficción", y, aunque me ha costado, y sigo "pagando las consecuencias", me parece más positivo aceptar unos hechos, que gustenme o no, son irreversibles.

un beso

koolauleproso dijo...

Gracias, Emily. Pero eso es "ciencia ficción", y, aunque me ha costado, y sigo "pagando las consecuencias", me parece más positivo aceptar unos hechos, que gustenme o no, son irreversibles.

un beso

desconvencida dijo...

Recuerdo que hace tiempo hablaste, aunque más brevemente, del día que cambió tu vida para siempre... qué decir, sólo que gracias por compartir ese recuerdo doloroso con nosotros...

koolauleproso dijo...

Gracias a ti, Descon. Aunque verdaderamente ese día es más bien el 12 de febrero del 93, en el que en un fatídico instante casi pierdo la vida (por eso, "con todo el morro" siempre digo que tengo 2 cumpleaños, el del 16 de Junio que el próximo serán ya 44, y el del 12 de febrero, que serán "sólo" 16.

Horrach dijo...

Disculpas por no haber leído antes tu entrada, Koolau, pero he estado muy liado estos días.

Ya sabes que me entristece que precisamente en Mallorca, que se asomaba como tu futuro paraíso en la tierra, se acabara convirtiendo en una especie de verdugo. Además de por ser Mallorca, la verdad es que esos giros del destino se clavan como agujas en la cabeza. Un fuerte abrazo. Me recuerda (salvando diferencias, claro) a lo que le sucede a la Bellucci en 'Irreversible', que sueña con un túnel rojo que cree que es la puerta a un futuro esplendoroso, pues espera un hijo de su pareja; cuando al final resulta que en ese túnel va a encontrar probablemente su final a manos de un psicópata con el que se topa por casualidad.

shalom

koolauleproso dijo...

Una frivolidad, Juan Antonio: ya quisiera yo tener el "cuerpazo" de la Belucci, pero la silla de ruedas me limita bastante en ese aspecto.

un abrazo

Diarios de Rayuela dijo...

Un relato así de real y así de sincero nos alerta sobre la fragilidad de la dicha, pero también sobre la pujanza del ánimo. Eso te deseo, que no se te arrugue la voluntad. Supongo que escribir esta bitácora ayuda. Como también saber que al otro lado hay lectores que la siguen. Por eso hoy me he animado a participar en ella.
Un fuerte abrazo.

koolauleproso dijo...

Diarios, paisano, bienvenido a la "leprosería", pues ahora no recuerdo si la habías visitado alguna vez. Yo si estoy seguro de haberme pasado por tu rincón hace tiempo, donde me deslumbró tu verbo ágil y preciso, y me llamó la atención tu condición de gijonés.

Espero que repitas. Sería sñal de que a mi no me ha vencido del todo la pereza y que a alguién de tu innegable talento le interesa.