jueves, 19 de febrero de 2009

PROUST, EL GRANDE


¿Han ustedes leído algo mejor que la rememoración del sueño con que comienza esa gigantesca epopeya íntima que es “En busca de el tiempo perdido”?.
Cuando el protagonista, que nunca recibirá un nombre concreto hasta en los últimos libros en que, quizás por cansancio del autor, o por alguna otra circunstancia insondable, es referido ya como Marcelo, hinca sus dientes en una esponjosa magdalena mojada en té y se desencadenan, a raudales, los recuerdos (siempre la memoria que da sentido a lo vivido) de toda una vida.

Imitar a Proust es imposible. Este heterodoxo, este hombre del subsuelo, como diría mi amigo Horrach (http://horrach.blogspot.com/ )-cuya última entrada (“Descorchando a Proust”), a qué negarlo, ha servido de acicate para esta, pues Proust, judío, homosexual y asmático, revolucionó la literatura en los albores del pasado siglo XX, y lo hizo, como siempre se hacen estas cosas, a partir de lo que ya había. Fue un poner en cuestión el simbolismo, el realismo a lo Zola, y un entroncar con lo mejor de la literatura del XIX, que Proust tanto admiraba (especialmente los maestros rusos –Tolstoi, Dostoievski, Gogol-), fue una tarea ciclópea, un sueño felizmente consumado, que un hombre físicamente disminuido (1) (por la propia enfermedad, por su carácter obsesivo con la propia enfermedad-era un auténtico hipocondríaco-, por la necesidad de llevar una “doble vida” -un homosexual, en su época, estaba en la obligación de ocultarlo-, y así en esta gigantesca novela autobiográfica los múltiples amantes masculinos del protagonista se transforman en amantes femeninas, ya sea Albertina, Andrea, o alguna más, que ocultan a sus reales amantes masculinos -por ejemplo su chófer Alfred Agostinelli, el gran amor de su vida, parece ocultarse tras la “ninfa imposible” Albertina-).
Proust nos habla del deseo imposible, de cómo lo que más nos atrae es, precisamente, lo que nos rechaza. Así la caprichosa Albertina que vuelve loco al casi nunca nombrado protagonista (al que, al menos, en los cinco primeros tomos, conocemos sólo como “yo”, la voz del narrador, y sólo a partir del sexto es referido ocasionalmente como Marcelo). Esta Albertina que obsesiona al narrador, como en el primer tomo Odette de Crecy, obsesionó a Charles Swann, en ese prodigioso “juego de espejos” que será característico de todo este monumento literario.
En fin, una obra fascinante, poliédrica y monumental, un esfuerzo gigantesco en la que un tipo físicamente muy limitado se crece, gracias al poder invencible de su gigantesca imaginación, hasta el “no va más” de la historia de la literatura.
Una obra de la que es muy difícil desprenderse una vez leída (recuerdo mi peregrinar obsesivo por librerías y bibliotecas tras terminar la última página de “El tiempo recobrado”, y mi decepción al constatar que este gigante de las letras no había escrito prácticamente nada más, aparte de esta monumental autobiografía encubierta a la que dedicó prácticamente toda su vida).
Sentí la necesidad de saberlo todo sobre Proust y me sumergí ansioso, ávido en la gigantesca biografía de Painter, lo que era reiterativo, porque poco más se puede saber de su vida que no esté ya, contado de forma inigualable en esa monumental autobiografía en siete tomos que resulta ser “En busca de el tiempo perdido”.

Imprescindible para todo el que ame la literatura.

Es largo, pero merece la pena.

Si se toman la molestia de internarse en este “bosque de las maravillas”, créanme que les atrapará y les costará abandonarlo.

(1).-Si, en cierto sentido también podría formar parte de la cofradía de los "leprosos", y ya sabéis en qué sentido lo digo.

9 comentarios:

atikus dijo...

Ciertamente el amor prohibido, o la ex amante que rechaza de nuevo el amor son amores sabrosones para la liteatura y muy dolorosos para el corazón, sin duda se puede regodear un buen literato páginas y pagins en este tem, yo soy muy lentito leyendo así que me pensaré si leo algo demasiado denso.

Si eso de ser homosexual, judío y asmátido en su época debió ser muy duro, hoy depende que sitios ser homsexual sigue siendo un delito que se castiga penalmente incluso con la muerte, ser asmatico es una gran putada y ser judio, pues depende hay bunos y malos digo yo, que le pregunten a los palestinos ;)

Saludos

El Rey del metro dijo...

Proust taladra el sustrato de lo que nos ha hecho daño.


Nadie lo ha hecho porque nadie ha buscado, como él, el origen de lo que ha trascendido de nosotros. Lo ha hecho en las catacumbas que nadie visita y los espacios vacíos de contenido que no han hecho otra cosa que llenarse con lo descartado a lo largo de la vida. Los vericuetos por los que va no son de nadie ni al uso. Se percata de que la raíz del sufrimiento, que no es otra cosa que andar desvalidos y sin rumbo, sin comprender el sentido de los pasos, está siempre en otro lado. En la vez que diste el grito que se ahogó puertas afuera. La vez que supusiste que, si no todo, algo debía ser de otra manera; que fuera contigo y ambos, desterrados, desandaran un tramo juntos. Pero sigue su marcha solo. Sin nadie a la redonda. No hay objetivo. El empeño, sin embargo, de traslucir un gesto que para ti tuvo sentido en alguna acalorada llamarada del deseo; la sensación de que todo, por ejemplo, no estaba perdido, desembocaba una y otra vez en la nada, la ausencia incluso de la nada, que es lo que eras. Serlo en el mundo que te dice, que dicen ser todo lo contrario, emparejado en el entramado de no haber respiro, de no saber qué se siente incluso cuando deseas sentir algo. Proust hace todo esto sabiéndolo y, lo que es mejor, sin saberlo. Escinde la carátula de la vida para dar su fragoroso silencio a lo que, de otro modo, también sería imposible percibir y discernir. Su larga obra, sensual, cargada de luz y plástica como ella, psicológica al extremo de decir y expresar lo que se habla para ser olvidado y se es incapaz de rememorar, pero al final persiste como la única verdad a la que fue posible, si no llegar, estar cerca. Proust se engolfa en el convencimiento de lo único que se tiene, y es uno mismo. La falta de destreza para intentar vivir y que no otra cosa quepa. De sí arranca girones de instancias dormidas que van cobrando cuerpo hasta ahogar pero que, sin ello, no seríamos nada. Es la firma del atleta que llega al final, no se sabe de qué ni ya cómo se siente uno.

El futuro bloguero dijo...

Siempre lo he tenido como asignatura pendiente, lo de leer a Proust, digo.
Así que no puedo opinar, más que por tus palabras, que auguran que me gustará... Hasta entonces...
Un abrazo.

koolauleproso dijo...

.-Atikus: de acuerdo, pero ten en cuenta que estamos hablando de principios del siglo XX, y que los judíos anteriores al "holocausto" eran unos parias en la sociedad mayoritariamente cristiana, tanto como los homosexuales. Y los enfermos, ya fuesen asmáticos o tuberculosos, también. De ahí que no dude en incluir a Proust ,como el más insigne miembro de la "cofradía de los leprosos", a la que yo me honro en pertenecer (entendido el término leproso como diferente, especial).
,-rey del metro: brillante y pertinente, como siempre, tu disertación. Estoy de acuerdo.
,-FB: Leer "En busca del tiempo perdido" lleva su tiempo, para qué te voy a engañar, de hecho, yo sólo pude completar su lectura tras mi accidente, cuando, de pronto, me encontré, para mi desgracia, en posesión de todo el tiempo que precisaba para leer.
Pero, conste, que ya lo había empezado antes.
No sólo son siete tomos, y 3739 páginas, si no la obligación de "masticar" cada frase para no perderse en los hermosos "meandros" de Proust. Leer "En busca del tiempo perdido" no es fácil, ni tampoco tan difícil como intrincarse en el "Ulises", por citar un contemporaneo estricto, pero, te lo aseguro, proporciona un gran placer.

nuria dijo...

vaya, pues si este proust si que tuvo tiempo de escribir esa obra, no lo tendrá el lector para leerla?mira que me estan entrando ganas de leerla,y siendo sincera, no conocia de su existencia.eso si, habra que buscar tiempo para leerla como se merece.
oye, que buen comentario el de "el rey del metro"(con todos mis respetos hacia los demas, por supuesto)me ha dejado con la boca abierta;hacia tiempo que no leia alo tan bueno. koolau, tienes buena competencia!
besotes

koolauleproso dijo...

Eres muy joven, Nuria, y eso puede servir de disculpa para desconocer a Proust, pero lo bueno es que tienes toda la vida por delante para llegar a conocerlo y disfrutarlo.
Y ya se del talento inmenso de el rey del metro, al que llegué gracias a mi amiga murciana "Sirena varada". Es un periodista madrileño, cuyo blog, "camino primitivo" te recomiendo. Como la Sirena, que, por desgracia, se está tomando unas "vacaciones de blog", escribe realmente bien y siempre es un placer leerlo. Su blog es una especie de novela por capítulos, con un estilo "impresionista" y, diría yo, precisamente, un tanto "proustiano". Altamente recomendable.

Horrach dijo...

Koolau, me estoy tomando el descorchamiento de Proust con calma, que este maravilloso estilo hay que beberlo con calma y tranquilidad, pero tras deslumbrantes 160 páginas puedo decir y digo que ya soy proustiano a machamartillo.

saludos

koolauleproso dijo...

Si,Horrach: Yo, a tu edad, sólo había leído "A la sombra de las muchachas en flor". Tuvo que suceder mi accidente para convertirme en un prematuro jubilado con todo el tiempo del mundo, y retomar, entonces, la nada pesada tarea de completar la lectura de esta maravilla. Ya digo que, después de conocerte (virtualmente) a mi Proust me "pega" especialmente como habitante de "tu" subsuelo.

Horrach dijo...

jajajaj, pues sí, creo que has dado en el clavo. Proust ya no se va a escapar nunca más del subsuelo.