martes, 1 de junio de 2010

EL BESO


Ha vuelto a pedirme un beso. Como quizás soy un imprudente, vuelvo a acercar la mejilla a sus labios. Pero esta vez, no se conforma con maniobrar hábilmente hasta que sus labios rocen los míos. Con un ímpetu que me sorprende, quiere introducir su lengua en mi boca. No la dejo hacer. Sello mis labios y observo su frustración. “...Perdona, ¿te molestó?” me dice. “No se qué me pasa, si ya me dijiste que como amigos. Como amigos, ¿vale?”. Y se da la vuelta con la desilusión inscrita en el rostro deforme y deseante.

jueves, 13 de mayo de 2010

¡OLÉ MI ALETI!

Antonio López, ese lateral izquierdo con nombre de genio de la pintura, le impone la bufanda "colchonera" a nuestro patrón, Neptuno.







Por fin los Atléticos hemos recibido esta temporada alguna alegría. No estamos acostumbrados. Es más, en los últimos tiempos, nuestra idiosincrasia sufridora había sido incluso sustituida por una apabullante mediocridad. Un “ni frío ni calor” que nos hundía en la vulgaridad. Lo peor que nos puede pasar a los “colchoneros”. No sólo quedaban lejos nuestras gestas (la última el doblete de 1996) si no también las derrotas grandiosas que configuran la esencia Atlética.
Pero escondido tras la sempiterna “tamboreada” de la rivalidad Barça-Madrid, nuestro Aleti afilaba sus armas. Nos dispusimos a dejar en la cuneta de la llamada Liga Europa (la UEFA de toda la vida) a otro grande de Europa, el Liverpool. Y lo hicimos como sólo sabemos, sufriendo hasta el final, remontando la adversidad e imponiendo nuestro juego de equipo humilde y sufridor.
Y no quedó ahí la cosa, porque en la final, contra el modesto Fulham inglés, un equipo tremendamente mediocre, jugamos mal, desperdiciando nuestra evidente superioridad y, como lógica consecuencia, lo pasamos peor hasta que, a cuatro minutos del final de la prórroga, nuestro “u-ru-gua-yo” acertó, con ayuda de la suerte, un poco “a trompicones” y con la inestimable e involuntaria colaboración de un gigantesco (y torpe) defensa noruego que ayudó a introducir el balón en su propia meta, y a convertirnos por derecho propio en el mejor equipo de España esta temporada, el único que puede realizar un “doblete”, y el único en ganar un título europeo.
Y seguimos soñando: soñamos que el Bayern de Munich gana la liga de campeones y, por supuesto, como no cuesta dinero, en Septiembre (o cuando se juegue), vengamos la ominosa (y grandiosa) derrota de nuestra única final de Copa de Europa en el 74, y les birlamos la Supercopa de Europa. Porque sí, por si nadie se había dado cuenta, mi Aleti es el único equipo español que todavía puede aspirar a cuatro títulos esta temporada.
Algo que, desde luego, no podrán decir este año los todopoderosos Madrid y Barça que, como mucho, se tendrán que conformar con la Liga (uno de ellos), esa que nosotros hemos despreciado en aras de la gloria.
Y es que los Atléticos somos así.

Esta apresurada croniquilla palidece ante el magnífico artículo que David Trueba publicaba ayer en "El País" con el significativo título de "Tenía que ser así" que, por supuesto, suscribo desde la primera a última letra.

miércoles, 12 de mayo de 2010

LA PUBLICIDAD "POLÍTICAMENTE CORRECTA" DE COCEMFE


Me ha llamado negativamente la atención, la última campaña publicitaria de una entidad a la que pertenezco (o pertenecía hasta el año pasado, ahora no estoy seguro).
Sí, COCEMFE, siglas que correspondían, al menos hasta ahora, a coordinadora estatal de minusválidos físicos de España, ha lanzado una campaña, cuyos objetivos no alcanzo a comprender del todo (quizás es que, aparte de inválido, sea yo un poco “corto de entendederas”) y que resumiré así: sobre la imagen de un miembro de nuestro colectivo en silla de ruedas, aparece la leyenda, “hace mucho tiempo, inválidos; hace menos, minusválidos; ayer, discapacitados; hoy, personas con discapacidad; mañana, simplemente personas; COCEMFE, avanzando contigo”.
Y me llamareis “rompe-huevos”, “tiquismiquis” o lo que queráis, pero no me gusta. No me gusta el obsesivo empeño de gran parte del colectivo de minusválidos, discapacitados o, por qué no, simplemente inválidos, de enmascarar nuestra realidad con juegos de palabras. No me gusta nuestra actitud vergonzante, ese huir de nuestra realidad. Me parecen infantiles, ridículos y estériles todos esos esfuerzos por enmascarar nuestra realidad ¡Pues claro que somos personas! ¡Faltaría más!
Sin embargo esta demencial campaña de COCEMFE pareciera ponerlo en duda.
Naturalmente que los minusválidos (acabaré utilizando este término, digamos “intermedio” entre “inválido” y “discapacitado”) somos seres humanos diferentes. Algunos hemos acabado por estar orgullosos de ello. Creemos (o creo yo, al menos) que, globalmente, la vida nos ha hecho un regalo: destacamos de la masa, somos especiales y, en cierto sentido, mejores. Tenemos que utilizar más el cerebro, pensar más, sentir más, para no quedarnos rezagados.
Al menos en nuestro primer mundo, tenemos la suerte de disponer de una serie de ayudas técnicas que nos facilitan una vida en práctica igualdad de condiciones, al reto de seres humanos completamente “válidos” (para entendernos, por abreviar, porque, a veces, lo “políticamente correcto” convierte cualquier discurso en ininteligible).
Si…ya se, “válidos” somos todos, en silla de ruedas, o sobre dos piernas, sólo tenemos distintas capacidades, bla, bla..., pero prefiero obviar todas esas interesantes disquisiciones, y mantener un discurso mínimamente inteligible. Porque si, en virtud de determinados principios, convertimos al lenguaje en un problema, acabaremos por no entendernos. Y ese es el principal inconveniente del lenguaje llamado políticamente correcto.
Pues bien, y aunque no venga a cuento, yo soy del Atlético de Madrid (que tenemos a gala ser diferentes y, por lo tanto, políticamente incorrectos, y además, estamos orgullosos de ello), y le aplico a mi colectivo la misma máxima que al equipo de fútbol con el que simpatizo ¡Viva la diferencia! Y, siempre, llamemos a las cosas por su nombre.
Si no, será imposible entenderse.

lunes, 26 de abril de 2010

LOS CAMINOS DE LA CRUELDAD DE MICHAEL HANEKE


Michael Haneke (Munich, 1942- ) es uno de los directores que más me interesan. Su cine, del que he podido ver la mayoría de su filmografía es contundente, complejo, perturbador (otra vez la “palabreja” que tanto apliqué al analizar a Reygadas, pero es que ambos coinciden en ese carácter inquieto, turbulento). Como Reygadas, como Buñuel no le importa mostrarnos imágenes desagradables, capaces, incluso, de revolvernos el estómago (la automutilación genital del personaje de Isabelle Huppert en “La pianista”, la “auto-degollación” brutal de un personaje fundamental de “Caché”...)
Haneke, formado en filosofía, psicología y drama en la Universidad de Viena, desarrolla en su cine su radical pesimismo, su desconfianza en el género humano. Como el Marqués de Sade, sus paisajes humanos se caracterizan siempre por la desolación, la violencia gratuita, la hipocresía, la culpa ominosa y el triunfo de las peores pulsiones del ser humano.
Pero a diferencia de Reygadas, cuyo cine, como buen mexicano, es luminoso, en cierto modo estridente, Haneke envuelve sus artefactos cinematográficos en una premeditada frialdad. Los planos de Haneke se suceden secos, contundentes, precisos y áridos. Es una estética, en cierto modo, “calvinista”, impasible, extremadamente racional (Haneke gusta de emplear un plano fijo dentro del cual, aparentemente, no pasa nada), y, precisamente por ello, aún más demoledora.
No obstante, las aparentemente felices familias que pueblan el cine de Haneke, esconden siempre un envés turbio, ominoso. El “pecado” está siempre escondido, velado por una pátina de aparente felicidad y armonía.
Porque el cine de Haneke está presido por una frialdad angustiosa, terrorífica. Ese demonio perverso que todos llevamos dentro (y nos empeñamos en ocultar se libera en la fría pantalla de Haneke y nos arrastra a un pozo de perversión, de auténtica maldad, en el que todos nos alojamos, reconozcámoslo o no).
En "La Cinta blanca", su último y aclamado artefacto cinematográfico nos enfrenta, en un depuradísimo blanco y negro a la esencia misma de la crueldad humana, la infantil: son los niños (en el ambiente burgués, acomodado, y aparentemente armonioso) de la Austria que se asomaba a la primera guerra mundial quienes demuestran llevar en su interior el auténtico "huevo de la serpiente" que apenas dos decadas después, prefigurará el totalitarismo más ominoso.

CONTINÚA EL DIARIO

LUNES



Desayuno con Rafael. Desde que es mi vecino de habitación, diría que lo conozco cada vez menos. Su permanente sonrisa me resulta más y más enigmática.
Tras responder a mi saludo con un ininteligible murmullo (como siempre) se sienta a mi lado. Su cara transmite auténtico alborozo. Parece a punto de prorrumpir en una estruendosa carcajada, pero la aborta con una mueca maléfica. Me empieza a dar miedo. De verdad. Se me ha metido en la cabeza que oculta algún secreto terrible tras su aspecto bonachón e inofensivo. De reojo, observo sus mofletes colorados en ese rostro extraordinariamente pálido, diría que enfermizo. Sólo sus coloretes, que parecen de borracho (aunque lo se, Rafael no prueba el alcohol) contrastan en esa máscara mortuoria. Se queda concentrado, pensativo. Vuelve a abrir la boca. ¿Para hablar? Imposible. Curva los labios y, lo noto, se fuerza a interrumpir esa risa que estaba a punto de escapársele. El gesto me preocupa. Parece casi de dolor. Es como si aparentase un tremendo desasosiego, una inquietud ignota y maléfica, como si este aborto le transportase al reino del demonio.
Claro que, lo más seguro, estas son sólo locuras mías.

domingo, 25 de abril de 2010

DIARIO DE UN INVÁLIDO

VIERNES

Cumpleaños de mi padre. Y de la buena de Sandra. A mi padre no le he regalado nada. ¡Qué vergüenza! Hoy es costumbre regalar libros y rosas. Y yo sólo pienso en una rosa que regalé el año pasado, por un cumpleaños. A Sandra la felicitaré después, cuando nos veamos en la comida. Iba a ir a felicitarla ahora, a su salita, pero por uno o por otro, no me decidí (Ah, sí, escuché la voz de pito de Pepi, repitiendo las tonterías de siempre, y me fui a lavar la boca –con tener que soportar su cháchara a la comida y a la cena, tengo más que suficiente-) y a la pobre Sandra, tan dulce, tan cariñosa, no la volví a ver, efectivamente, hasta la hora de comer. La felicité y, al rato, me vino a dar un beso, tan afectuosa como siempre. Estaba emocionada, le habían llovido regalos, y repartía besos a todo el mundo.


SABADO

Hoy sí hubo la tarta por el cumpleaños de Sandra, que debería haber habido ayer. Como muchos días, adelanté a Rafael en la rampa. Le dije “Hasta luego, Rafael”, o algo así. Como siempre, no me contestó (o emitió ese murmullo ininteligible, que es como si no lo hiciese). Me llega a dar miedo este chico. Su sonrisa permanente tiene algo de enigmático, incluso, amenazador. ¿De qué se ríe este hombre? Creo que nunca lo sabré. Y tras la certeza de esta ignorancia, se esconde el vértigo, una amenaza turbia y desoladora.
Sin embargo, hoy Sandra no me ha besado. Ha besado al cretino de Antonio (en la calva), ha besado a León, pero no a mí (bueno, y tampoco a nadie más, es cierto). Sin embargo este hecho me ha producido una inexplicable decepción. Todavía no se por qué.
En fin, que me he dado cuenta de lo raro que soy yo también. A lo mejor, encajo aquí mejor de lo que creía.


DOMINGO

La pantalla del ordenador sigue extrañamente virada al azul. Mañana tengo que llamar al técnico sin falta. No preveo que por la tarde vaya a salir. Tendría que llamar a Miguel, aprovechando que insistió tanto, pero ya lo llamé el viernes, y me dijo “si, pero...” Y me da rabia que me acabe considerando un pesado. Yo soy así.
He salido con mi padre, como casi todas las mañanas. Como siempre que salgo con él, pongo pañal (por miedo a que el bar al que vamos, no tenga baños accesibles. Se que “La maleta del loco”, sí los tiene, pero los demás, lo dudo, y no es cuestión de ir siempre a “la maleta...”, acabaría siendo aburrido). El caso es que esta mañana no he parado de mear, el pañal ha rebosado, y ahora me siento desagradablemente mojado, y las auxiliares de la tarde no aparecen a echarme, de momento. Y me temo que si son quienes creo, tardarán (o, a lo peor, ni vienen, y eso me obligaría mañana a protestar, ahora que he decidido alejarme lo más posible de la dirección del centro, como de la peste...).

martes, 13 de abril de 2010

ESTAMBUL


A la Sirena Varada, ella sabe por qué


Alguien, (una amiga surgida de una ciudad imaginaria, Oleza) muy querida, me ha ofrecido cumplir mi sueño nunca realizado de viajar a Estambul, esa ciudad que no conozco, pero tan importante es en mi ideario personal.
Naturalmente se que ese viaje nunca se realizará realmente, pero que una maravillosa mujer se haya ofrecido a acompañarme ayer, me tiene esta tarde presa de una febril excitación.
Nada me gustaría más, sin embargo, que ese proyecto pudiese llevarse a cabo. Que una forzuda con el rostro de Charo López o, en su defecto, de Leonor Watling ¡Cómo me cuesta imaginarlas en ese papel precisamente!, nos acompañase a mi amiga y a mí a Estambul, con la única misión de ayudar en sus cosas al inválido que suscribe, para luego desaparecer discretamente.
Me imagino contemplando Santa Sofía arrimados los dos, mi amiga y yo, a una barandilla sobre el Bósforo. El aroma a canela que se desprende de su pelo, se mezcla con el vivificante del mar. Acaricio su cabello y mis labios rozan por primera vez sus mejillas. Después de mucho tiempo la felicidad está otra vez a mi alcance.
Después de tanto tiempo, por fin conozco el sonido de su voz. Resulta como me imaginaba, cristalino, embriagador.
Y hablamos de cine, de pintura, de la belleza barroca de la Semana Santa de Murcia, de los pintorescos y encalados pueblos de Andalucía, que ella conoce y yo no, de las casi infinitas filias y fobias que compartimos, de esa Lisboa que tanto me la recuerda sin saber por qué (aunque, viéndola por fin, empiezo a intuir la razón).
Me duermo con mi boca enredada en sus cabellos claros, con el sabor de su piel dulcísima en los labios, a canela y miel. No puede ser de otra manera. Y me refugio entre sus brazos suaves y acogedores. Y, aunque de momento no pasa nada más, tenerla así, es suficiente para mí.
Porque no hay nombre más bello que el tuyo. Ya eres la Sirena que para siempre varó en mi corazón.

martes, 6 de abril de 2010

REYGADAS


He podido ver la práctica totalidad de la filmografía del joven director mexicano Carlos Reygadas (1971- ). De momento, Reygadas ha dirigido tres largometrajes, a cada cual más perturbador: “Japón” (2002), su estimulante debut; la polémica y genial, a mi juicio, “Batalla en el cielo” (2005); y la extraordinaria y “dreyeriana” “Luz silenciosa” (2007); a las que habría que añadir su participación en el largometraje colectivo y conmemorativo “Revolución”, que todavía no he podido ver.
En estas tres películas, Reygadas da muestras de tener un lenguaje propio, brillante, perturbador y “bizarro”. Desde luego si por algo se caracteriza a su cine es por no dejar indiferente a nadie. Heredero del mejor Buñuel (el de “Los olvidados”, el de “Viridiana” o “Tristana”), retratista demoledor del México actual y eterno, Reygadas, cineasta valiente y turbulento, no duda en posar su mirada sobre los diferentes, los perdedores, los inválidos (emocionales o físicos) a los que no pretende “dignificar”, no, si no mostrar en toda su grandeza y miseria, tal como son (tal como somos todos, en definitiva, porque todos los seres humanos somos de una u otra manera inválidos, en cuanto seres imperfectos y limitados).
Ya en su debut tras las cámaras, “Japón” (2002), sorprendente relato sobre la improbable relación que se establece entre un individuo (hierático, imperturbable Alejandro Ferrettis) que, huyendo de su presumiblemente ajetreada vida en la ciudad (aunque nunca se entra en más detalles al respecto-*-) se retira al campo (donde lo acogerá una vieja viuda india-extraordinaria, transmitiendo toda su “pizpireta” sabiduría, Magdalena Flores-) mientras sus abotargados sentidos se van poco a poco despertando.
Es Reygadas un auténtico maestro en el arte de componer mediante planos larguísimos, mantenidos hasta la extenuación, poco proclive al corte, un poco en la línea de Max Ophuls (así el excepcional plano con el que se abre “Batalla en el cielo” en el que durante aproximadamente 4 minutos la cámara envuelve a la pareja mientras retrata una felación en primerísimo plano que culmina con las delicadas, casi imperceptibles lágrimas que comienzan a rodar por las mejillas de la excepcional actriz Anapola Mushakviz -“Anapola”, ¿existe un nombre más sugerente?- mientras el concierto para clavicordio en re menor de Johan Sebastian Bach envuelve la escena y se apodera de nuestros sentidos).
Porque el manejo sabio de la música es otra de las características del cine de Reygadas, ya sea Bach (como en la secuencia que acabo de relatar) o el propio Bach (con su “Pasión según San Mateo”), Shostakovich o Arvo Pärt que cierra “Japón” esta vez sobre un larguísimo y desolador “travelling” al final del cual aparece “en decúbito supino” el cuerpo del personaje interpretado por Magdalena Flores mientras, esta vez, el extremecedor “Miserere” de Arvo Part quien domina, y hace avanzar, este prodigioso “plano-secuencia”, como también lo hace de forma especular con el otro “travelling”, que abre la función, que avanza a su vez por las animadísimas calles de una ciudad entre bocinazos y cláxones disparados para, sin solución de continuidad, transformarse este ajetreadísimo tráfico urbano en el “trastabillado” deambular por polvorientos senderos del mundo rural ¿alguien podría ilustrar mejor y con más economía de medios el contraste entre lo urbano y lo rural, ese viaje obligado que el protagonista se ve impelido a realizar?.
Otra característica del cine de Reygadas es la tremenda “fisicidad” con que aborda las relaciones humanas. Ya sea en la mencionada felación en primerísimo plano que abre y cierra “Batalla en el cielo” (una más de las características del mexicano es su gusto por la simetría, que llega a tener un carácter casi matemático, especular-como se puede apreciar también en la secuencia ya comentada de “Japón”, donde el gusto por plasmar lo físico, se observa en la relación explícitamente sexual que se acaba desarrollando entre los dos protagonistas-).
Y es que para Reygadas todos los cuerpos son dignos de ser mostrados aunque no se atengan a los cánones de belleza imperantes, ya sean la pareja de obesos secuestradores de un niño en “Batalla en el cielo”, ya sea la anciana de “Japón”, o la pareja de menonitas adúlteros de “Luz silenciosa”, Johann y Marianne, cuyos beso posee toda la urgencia y carnalidad de quien sabe que está cometiendo un pecado, pero le va la vida en ello. Esa ansiedad, ese devorar al otro, esa urgencia, esos labios agrietados y anhelantes, esos besos robados al tiempo, en definitiva.
Porque Reygadas es un cineasta “matemático”: “Batalla en el cielo” se abre y se cierra con una felación en primerísimo plano; “Japón” con sendos travellings, el primero ilustra el animado, frenético tránsito urbano, y el segundo, que cierra la película, las devastadoras consecuencias del accidente de un camión que transportaba campesinos; y, por último, en “Luz silenciosa” esta “simetría matemática” llega a la culminación: “Luz silenciosa” ilustra un día cualquiera en una comunidad menonita mexicana desde la aurora hasta el crepúsculo, filmadas ambas de forma brillantísima, notándose la “mano lenta” que caracteriza a Reygadas, y donde se explicita el milagro de la vida, con innegables reminiscencias de “Ordet” de Dreyer.
En “Luz silenciosa”, la más despojada y austera de las películas de Reygadas, la música, al menos la “incidental”, no existe (no olvidemos que la película tiene un marcado tono documental-relata, repito, un día en una comunidad menonita mexicana en el que se acaba explicitando el milagro de la vida, que siempre conlleva el horizonte ineluctable de la muerte-).
En 2007, el Festival de Cine de Gijón, dedicó un ciclo a la figura de Carlos Reygadas. Sí, este gran cineasta estuvo en Gijón protagonizando mesas redondas y presentando sus películas, pero yo por aquel tiempo estaba a otros asuntos y, sencillamente, no me enteré.
Sí, como mi amigo mallorquín, Horrach (http://horrach.blogspot.com/), quien dejó escapar el concierto del gran Leonard Cohen en Palma de Mallorca, yo “pasé” del más brillante de los jóvenes cineastas mexicanos del momento (y uno de los más brillantes del panorama cinematográfico actual), y me quedé tan fresco.
Creo que nunca me lo perdonaré.
Porque tampoco ha tenido Reygadas, en general, demasiado éxito con la crítica cinematográfica que, salvo excepciones, lo ha acusado sucesivamente de vacuo esteticista, desagradable pornógrafo o aburrido narrador de historias sin ningún interés, tanto en su México natal (donde puede ser comprensible que su retrato demoledor de su patria, escueza) como fuera de sus fronteras, donde la radicalidad de su propuesta cinematográfica no ha acabado de ser comprendida.
Quizás por ello, por su estimulante e intransferible discurso propio, yo lo considero, junto con Atom Egoyan, junto al norteamericano Tod Field, junto con el también polémico franco-argentino Gaspar Noé, junto a su compatriota Alejandro González Iñárritu, junto al ruso Balabanov, que descubrí en el festival de este año (no siempre estoy en la inopia) una de las pocas miradas cinematográficas nuevas, y capaz de aportar algo diferente y radicalmente personal, dignas de ser tenidas en cuenta en el panorama actual.
-*-No perderse en florituras ni detalles innecesarios. Optar por una narración contundente y "seca", se convertirá en una de las señas de estilo de Reygadas.

jueves, 11 de marzo de 2010

OBSESIÓN


Soy idiota. Sigo amando a esa mujer que me desprecia. O no. No me desprecia, pero en absoluto me aprecia. O no me aprecia como yo quisiera. Qué se yo.
No me quito de la cabeza el olor que, no se por qué, asocio con ella. Ese olor a cerrado, ese cierto mugor que a mi me produce un efecto inmediato: es percibirlo y notar en mi entrepierna los efectos de una incipiente erección. ¿Estaré volviendome chiflado? No es descartable.
Hubiese querido escribir una entrada sobre la tauromaquia, pero me he sentado frente al ordenador y me está saliendo esto, lo que confirma mi preocupación por mi estado mental. Definitivamente debo estar obsesionado. Y, creedme, quisiera no estarlo. No me gustan las obsesiones, ni perder el control de mis propios actos.
Y, quizás, debería cambiar el verbo del principio. Es algo más carnal que amando. Sí. Más bien, deseando. Sea como sea y, a pesar de mis intenciones, la obsesión está ahí. No puedo ignorarla. Y me da un poco de vergüenza, no os creais lo contrario. Darse cuenta de la propia debilidad es jodido. Realmente jodido, sí.
Pero, en fin, qué se le va a hacer. Me conozco, y se que, probablemente, seguiré mucho tiempo con esta desazón sin remedio.
En fin, siempre me quedarán las mujeres que pueblan mis sueños. Pero son tantas y, en la realidad, tan difusas... (1)
(1).- Ver entrada de el 4 de febero titulada "Dos años en esta "leprosería""

miércoles, 10 de marzo de 2010

LA CONSEJERÍA Y EL RETRATO DE "EL PAISANO"



En mi reciente, y ya referida, visita a la Consejería, hubo un detalle que me "chocó". La sala donde me recibieron aquellas infaustas funcionarias está presidida por un retrato de Horacio Fernández Iguanzo, "El paisano", mítico dirigente comunista asturiano, compañero de presidio de mi tío Máximo en la inmediata posguerra, y símbolo de la honestidad y la lucha antifranquista en Asturias.
Sin duda la razón de que ese retrato esté en la Conselería debe ser iniciativa de la Consejera Noemí, comunista como él, que ha querido rendir homenaje a una de las figuras más respetadas y queridas de la historia de su partido.
Lástima que su Consejería camine por senderos tan diferentes a los de la acrisolada honradez de Horacio. Y yo me fijaba con pena en su rostro mientras mi amiga Emi, que me acompañó, se enzarzaba en una infructuosa, inútil discusión con aquellas dos funcionarias en una escena digna del mejor Kafka.

sábado, 6 de marzo de 2010

FUNCIONARIOCRACIA




Este es un "post" bastante pesimista, lo se. Pero después de estrellarme por segunda vez contra la administración regional, me
he
hartado.
Vamos a ver: El año pasado, falsamente, ahora lo se, ilusionado, porque una representante (Noemí Martín) del partido al que votaba (IU) había sido elegida para encargarse de la Consejería de Bienestar Social del Principado de Asturias, merced al pacto de gobierno PSOE-IU, y como la conocía vagamente, me decidí a enviarle un correo electrónico denunciando algunas irregularidades que, a mi juicio, se estaban produciendo en esta residencia en la que, de momento, sigo viviendo.
A los pocos días de enviada esta carta recibí, para mi admiración, contestación: se me citaba urgentemente para una entrevista en la Consejería. Podeis imaginar mi agradable sorpresa, y la ilusión con la que me presenté en la Consejería todo lo rápido que pude.
Pero ¡Ay...! la alegría se tornó en desilusión cuando me recibieron dos funcionarias "de alto nivel", que me hicieron ver con la mayor de las "sinceridades" mi ingenuidad al escribirle una misiva directamente a la Consejera, sabiendo que todos esos "peqeños detalles", al final, tenían que resolverlos ellas, las "abnegadas" funcionarias que, al fin y al cabo, eran quien mantenían en pie la Consejería ("y no esa caterva de políticos que se sucedían "sin ton ni son" al frente del Negociado"). Y que sólo ellas, las probas, abnegadas funcionarias, podían solucionar esos "problemillas del día a día" con los que "era tontería molestar a la Consejera".
El tiempo, y una serie de hechos de lo más desagradable (la inaudita persecución a mi amiga Loli, que ya os empecé a contar, la expulsión encubierta de mi gran amigo Juan, que no os contaré de momento al encontrarse el hecho sometido a excrutinio judicial) han demostrado que las cosas aquí van de mal en peor. Quizás para neutralizar posibles protestas por mi parte, o qué se yo, me llamaron, esta vez ellos, de la Consejería la semana pasada. Naturalmente, fui. Y si no fuera por el siempre agradable para mí viaje en tren, y porque aproveché para visitar a Juan en la Residencia donde ahora vive en Oviedo, la pérdida de tiempo hubiese sido absoluta, porque me encontré con las mismas funcionarias del año anterior (a las que ingenuamente intenté exponer mis quejas, agravadas por todo lo que había pasado en el año) y la respuesta fue NINGUNA, como por otro lado, alguien menos "inocente" que yo, habría previsto.
Todo este cúmulo de circunstancias han supuesto para mi, como podeis imaginar, una tremenda desilusión porque, si el poder no está, en la práctica, en manos de los legítimos representantes que elegimos democráticamente, si no, en las de de una serie de funcionarios de carrera que, como han ganado legítimamente su plaza a través de una oposición son, por definición, inamovibles y, además, como ciertamente son los que manejan "el día a día" de la Consejería, Ministerio o cualquier otro "negociado público" son los que, obviamente, están manejando ese negociado, considero estúpido e inútil ejercer el derecho de voto puesto que, en la práctica, que goviernen unos u otros, resulta, a efectos prácticos, completamente indiferente por lo que, a partir de ahora, me sumaré a la creciente legión de ciudadanos que el día de las elecciones sencillamente, no participan y emplean sus energías en cualquier otra actividad, porque me he dado cuenta, en dolorosa "caída del guindo!" que vivimos en una auténtica "funcionariocracia" (perdón por el "palabro" que me acabo de inventar), donde el poder reside en la casta de burócratas (empeñados en que nada cambie en la administración, para así mantener sus privilegios) que como en los antiguos regímenes del Este, gobierna kafkianamente este país.
Y todo esto os lo dice alguien que, al fin y al cabo, fue funcionario (cartero) si bien sin prácticamente ninguna responsabilidad (a parte de completar bien el reparto diario y no cometer ninguna irregularidad).
En fin, con lo contento y esperanzado que estaba yo cuando Noemí Martín fue nombrada Consejera de Bienestar Social en virtud sel pacto de gobierno PSOE-IU, para darme cuenta año y medio después que, como diría mi madre con su siempre sabio escepticismo, "son todos iguales, los probes siempre seremos probes, y ellos a fartase. Todos unos, brunos", porque aunque he constatado, que la responsabilidad, en la práctica, no está en los políticos, si no en los funcionarios, si lo debería estar, y sólo por una intolerable omisión de nuestros legítimos representantes (a los que en absoluto exculpo) las cosas están así.

(*).-En la foto superior, posamos Juan y yo, durante la visita que le hice en Oviedo

viernes, 12 de febrero de 2010

17 PRIMAVERAS


Pues sí, amigos, las que puede decirse que cumplo hoy, y es que como veis, todavía soy un "chavalín".
Porque hoy, hace 17 años protagonicé, como Jesucristo (ahí es nada) mi propia resurrección: visité por un tiempo mínimo el "hades" (un mes en coma profundo, otro simplemente en coma-¿alguien sería capaz de explicarme la diferencia?-), se ve que no me gustó el ambiente que había por allí, y decidí volverme inmediatamente.
Y, ¿sabéis lo qué os digo?
NO ME ARREPIENTO

domingo, 7 de febrero de 2010

INCOMPETENCIA


En mi anterior entrada, conmemoraba, de modo más o menos amable, mi segundo aniversario en esta mi casa (real).
Unos gravísimos hechos sucedidos inmediatamente después, me obligan a abandonar el tono “amable”, y volver, después de mucho tiempo, a emplear este rincón de la bloggosfera como un espacio de denuncia.
Quizás por herencia paterna, no soporto las injusticias palmarias, la irracionalidad estúpida, el despotismo y la arbitrariedad.
Me explico, tengo una compañera aquí, Loli, de quien ya os he hablado hace mucho. Loli es una de las mejores personas que conozco, solidaria, alegre (si, al final, consiguen que se vaya, no se cómo vamos a vivir sin ella). Pero Loli tiene un problema, su evidente adicción al juego (matizo, a los juegos, al dominó, al parchís, a las cartas, incluso a las adivinanzas, o al “vis veo”-como veis es una adicción bien inocente, que no se a quién puede molestar-).
Sin embargo, la actual educadora (una chica muy guapa, pero con evidentes “delirios de grandeza”) ha querido “arreglar el mundo”, empezando por la pobre Loli. Se le ha metido en la cabeza “curar” la inocente adicción de Loli. Y, de buenas a primeras, secundada y apoyada por la directora Aurelia (sin cuya autorización no puede hacer nada) le ha prohibido radicalmente a mi pobre amiga cualquier juego.
Y, lo peor, no es eso, ante las vehementes protestas y ruegos de Loli, la ha sometido a un auténtico “apartheid”, separándola de sus compañeros, impidiéndole hablar con ellos, y haciéndole la vida imposible.
Se que parece una fábula, un cuento de Dickens, pero os puedo asegurar que es completamente cierto.
Ante mis indignadas protestas pidiendo explicaciones por este atropello, Aurelia (que en fin de semana, descansa) me ha llamado por teléfono, y me a instado a “meterme en mis asuntos”, y ante mi pregunta de pero, qué pasa con Loli, me ha contestado, que yo no se ni la mitad, y que haga el favor de “no empeorar las cosas”, porque “ella misma va a hablar en breve con sus padres, y “mira, si se la quieren llevar, que se la lleven”.
Sin duda, sería una manera fácil de quitare de encima un inconveniente, que ella misma, con su ineptitud e intransigencia, ha creado, y “librarse” así de problemas.
Pero, por otro lado, esto lo digo yo, sería la constatación del colosal fracaso de esta Residencia, y si los funcionarios del Principado, lo permiten, el triunfo de una burocracia ineficaz y endogámica porque, digo yo, no se puede ignorar los derechos constitucionales de una persona, mayor de edad y, para colmo, discapacitada, porque esta situación se está pareciendo cada vez más a un auténtico secuestro
Porque no hay nada más peligroso y enajenado, que los que quieren “salvar” a los demás, sin que nadie se lo haya pedido.
Por otro lado, Loli, si bien a “regañadientes” ya había aceptado dejar de jugar, y empleaba su tiempo libre en otras actividades (informática, lectura, escritura…), pero, es teoría mía, ante la absoluta opacidad ante lo que sucede con ella, se ha optado por una “huida hacia delante”, y ahora Loli permanece completamente aislada de los demás, sometida a un infamante aislamiento.

Pero creo que eso ya daba igual. Cegada por su orgullo, a Aurelia no le quedaba otro remedio que seguir adelante.

Cierto es que Loli posee una mentalidad tremendamente frágil (como consecuencia de la durísima vida que le ha tocado vivir-*-) y precisamente por ello, debería haberse enfrentado este problema de manera radicalmente distinta.

Yo estoy “hecho polvo”. La injusticia me subleva, y si se mezcla con irracionalidad “a espuertas”, aún más.

No se qué hacer, comunicarme con el Principado es una posibilidad, pero tampoco tengo muchas esperanzas (se que el Principado, como cualquier otra institución, está dominado por una casta de burócratas-funcionarios inamovibles que bloquean cualquier iniciativa que pueda poner en peligro el status quo- con la que ya me estrellé el año pasado cuando me personé para protestar por los arbitrarios cambios de personal-).

Lo único que puedo decir, levantando el dedo índice, y en tono amenazante, es aquello tan manido de “esto no se va a quedar así”, y esperar que, si las cosas se sigan llevando de esta disparatada manera, al final, alguien acabe entrando en razón.

Al fin y al cabo, y esta es la ventaja de una democracia, hay elecciones periódicas y los políticos le tienen mucho miedo al más pequeño escándalo.

(*).- Ver entrada del 8 de noviembre de 2008, titulada "Loli, la terremoto", y el relato del 12 de mayo de 2009, titulado "Dolores" e inspirado en su entrañable personalidad.

jueves, 4 de febrero de 2010

DOS AÑOS EN ESTA "LEPROSERÍA"































































































































Jean, la dueña de esa espalda de vértigo que tanto me llegó a perturbar (Emi), Elvira, Sade, Sophie, Juliette, Julianne, Sofia, Leonor, Kim, Diana, Charo, Claudia, Stefania, Ava, y Ariadna



(1)









A Paz, Begoña, Mónica, Amina, María, Estela, Benito y Luis, que hacían de éste un lugar más amable.









Pues sí, amigos: Hoy se cumplen dos años desde que, muerto de miedo, ahora puedo confesarlo, llegué aquí, a lo que yo he dado en llamar, la “leprosería”, a la real, no a esta virtual.
Esta “leprosería” real me ha dado tantas alegrías como decepciones. Ya no es el lugar amabilísimo al que llegué hace exactamente dos años pero, en general, creo que marcharme del hogar paterno, ha sido muy positivo para mí (aparte, que no tenía otra opción, mis padres-es “ley de vida”-son cada vez mayores y, por tanto, progresivamente incapaces de atender a un inválido, con el enorme esfuerzo que ello conlleva).
Teniendo en cuenta este “imperativo categórico”, puedo decir que, aunque todo es mejorable, este es, en líneas generales un buen sitio para vivir. Completamente accesible (estaría bueno que lo hubiesen construido lleno de escaleras y obstáculos) este “Centro de Atención Integral al Discapacitado de COCEMFE Asturias, me ha permitido, al menos, llevar una vida completamente independiente y digna, a pesar de que, como en cualquier lado, existan problemas, roces e incomodidades, y que todo sea susceptible de mejora con un poco de buena voluntad.
Por otro lado, este es un sitio tan bueno como cualquier otro, para que mi imaginación funcione con fruición, para que “duerma” cada noche con una mujer maravillosa, algo que, por otro lado, casi nunca se hace realidad. Pero, creedme, por mi cama han pasado sucesivamente Ava, Ariadna, Charo, Claudia, Diana, Kim, Julianne, Juliette, Sofía, Sophie, Stefanía y Leonor (entre otras muchas, la mayoría no conocidas por el gran público, pero que igualmente alimentan mis fantasías, por lo que nunca dejaré de estarles agradecido, incluida alguna espalda que nunca ha dejado de quitarme el sueño).
Y es que, como decía mi “ex”, en frase tan grosera como ilustrativa, “de ilusiones vive el tonto los cojones”.











(1).- Podría haber ilustrado esta entrada con una aburrida foto de la residencia. Sin embargo, a última hora, decidí hacerlo con las mucho más agradables fotos de las protagonistas de mis sueños.

jueves, 28 de enero de 2010

LA GRIPE Y EL AUTOBUS


Noto ese leve y molesto resquemor de garganta, la boca reseca, las rodillas doloridas. El autobús se va llenando de gente. Los pesados de “Carrusel deportivo” componen la reiterativa banda sonora del trayecto. Se suceden los mismos lugares comunes de siempre, la ignominiosa musiquilla publicitaria, “los chaskis…de Facundooo, tralará, tralará,…”. Una mujer voluminosa, que no se por qué, me recuerda a mi fallecida tía Avelina, los mismos rasgos vulgares y, sin embargo, sensuales, la misma fealdad en la que se oculta un atractivo animal y desafiante, la misma obesidad voluptuosa, se encaja como puede en el asiento que está frente a mí. Al sentarse, la falda sube e, impúdica, me muestra unos muslos descomunales, adiposos. Y no puedo desviar la vista de esa carne ya vieja que la falda apenas puede sujetar.

Mi padre, ese caballero, ese hombre tan educado, que da gusto, que dice siempre Blanca, permanece de pie, a pesar que cuando subimos quedaba algún asiento libre. ¡Qué tremendo orgullo, estúpido y admirable a un tiempo!

Y, sentado en mi silla de ruedas, anclado al soporte con correas, noto cómo me invade un malestar sordo, y cómo deseo escapar, refugiarme entre sus piernas, perderme en aquel orgasmo maravilloso, el siempre recordado, ese fluir placentero, espasmódico, ese derramarme de amor, mientras ella, la imaginada, toma cuerpo, y sus piernas me rodean, me aprisionan, me hacen suyo, y yo me rindo, me dejo ir, subsumido en la senda del placer.

Y pienso, me vienen a la cabeza ideas, imágenes, recuerdos…
Y, definitivamente, el placer se apodera de mí, entre espasmos y humedades.

Y me encajo en la blandura ubérrima de sus pechos, chupo, retengo su pezón entre mis dientes, sin morder, cuidando mucho de no hacerle daño, pero deseando hacérselo, más no atreviéndome (como siempre).

Y su olor se apodera de mí. Acre, dulce, embriagador. Es el aroma del deseo, del sexo, el de la mujer que codicio desde hace tanto tiempo.

Pero, como siempre, acaba por reaparecer el padecimiento de muelas y, esta vez, lo acompaña el del cuello, y el inicio de un constipado, parece, un malestar que se traduce en dolor de huesos, y sueño, y labios resecos como, si de repente, la humedad hubiese abandonado mi cuerpo, y los oídos que me estallan, la cabeza embotada, los huesos desbaratados, convertidos en fosfatina.

Definitivamente, debo haber cogido la gripe.

martes, 26 de enero de 2010

MUERTES ANUNCIADAS

El traidor junto al héroe

Habla en una de sus últimas entradas mi amigo Horrach (http://horrach.blogsot.com/) del llamativo caso del abogado guatemalteco Rodrigo Rosenberg, un auténtico “suicidio por encargo”. Es un caso fascinante del que no me voy a ocupar aquí. Me llamó la atención, más que nada, por convertirse en una “muerte anunciada”, una hiperbólica venganza en la que Rosenberg, llegó a sacrificar su propia vida para llevarla a cabo.
A tenor de esta noticia, y de la entrada que le dedica Horrach vi, en el Canal Odisea, un documental sobre la inmensa tragedia que tuvo lugar en Chile en 1973. Fue otra muerte anunciada, en este caso la del presidente constitucional, Salvador Allende: “Defenderé hasta con la última gota de mi sangre el mandato que me ha entregado el pueblo”, pronunció en un encendido y premonitorio discurso poco antes del golpe de estado. Sí, Allende había asumido su destino (entendido como la lógica histórica inevitable que se desprendía de sus propios actos) y no iba a hacer nada para alterarlo sustancialmente. Imbuido de su papel de héroe trágico dejó (aunque quizás tampoco podía hacer otra cosa) que los acontecimientos se sucediesen como la lógica de la tragedia lo había establecido. Como si de un personaje de Eurípides se tratase, Allende siguió los pasos fijados que le conducían irreversiblemente a su gran “catarsis” final. Es esta dimensión trágica la que, pasados muchos años y superadas, para bien o para mal, tantas cosas, le sigue confiriendo a la tragedia chilena del 73, esa dimensión turbadora que nos sigue sobrecogiendo hoy en día: la tragedia de un héroe (Allende) aniquilado por la figura del “felón” (Pinochet) en la que se juntan todas las características del traidor.
Yo era muy niño en 1973, pero todavía recuerdo sobrecogido aquella colosal infamia, las lágrimas de mi padre (“no nos dejan, no nos dejarán nunca”, decía) que se juntaban a las mías (aunque yo no sabía muy bien por qué), y la sensación de derrota y desamparo que me dejaron para siempre aquellos hechos terribles y lejanos.
Debe ser terrible saber que una determinada sucesión de hechos te abocan a una muerte segura. Desde ese punto de vista impresionan sobremanera las, parece ser, últimas palabras de Allende, ese “Allende no se rinde, mierda” cuando acorralado en su despacho procedió (era su única salida) a volarse la cabeza.

martes, 12 de enero de 2010

PEPE SE FUE

De repente se nos murió Pepín. Así, sin previo aviso. Me despedí de él una noche: “Hasta mañana, Pepe”. Avanzaba con su premiosidad habitual hasta su habitación, y no me contestó, creo, y a la mañana siguiente, mientras me ayudaba a ducharme, Tere, tras mantener una conversación más bien insustancial conmigo, me suelta “y ahora tengo que darte una muy mala noticia, murió Pepe”.
Me quedé estupefacto. Tras unos segundos acerté a decir, “pero qué Pepe, el nuestro”. “Sí, sí, a las 5 de la mañana, me respondieron, pero no se lo digas a nadie de aquí, todavía. Te lo cuento a ti, porque eres de los pocos que lo puede asimilar bien. A los demás ya se lo iremos contando poco a poco a lo largo de la mañana”.
Asimilar bien. Cómo se puede asimilar, ni bien ni mal, que un ser humano con el que has convivido cerca de tres años, al que has dado las buenas noches el día anterior, como si tal cosa, en una noche desaparezca.
Se nos fue, en plena juventud (37 años) un hombre bueno, humilde, que jamás le hizo daño a nadie, de aficiones sencillas (su Real Madrid; sus cafés en “La maleta del loco”; “Camela” o “Pimpinela” con los que nos martirizaba todas las noches mientras jugábamos la partida de dominó, y Juan le gritaba: “por dios, Pepe, baja eso, ¡Qué depresión!, para ahora tener que reconocer que echa de menos, echamos de menos todos, las pomposas canciones del empalagoso dúo argentino; sus inútiles y anuales peregrinaciones a Lourdes…).
Y sólo nos quedan los lugares comunes: “Qué mierda de vida”; “no somos nadie”, “siempre se van los mejores”, “había empeorado tanto desde que llegué aquí…” tan reiterativos, tan tópicos pero tan sabios, porque, efectivamente, la vida es una mierda, cruel, injusta y es un hecho indiscutible que no somos nadie, y que, no se por qué, parece que se van siempre antes los mejores o, al menos, los que como Pepe, el buen y entusiasta Pepín (*) los que con su indiscutible bondad, jamás le hicieron daño a nadie.

(*).- ver entrada del 12 de julio de 2008, “Pepín, el entusiasta”

viernes, 8 de enero de 2010

EL ORIGEN DEL MUNDO


Es este un cuadro que desde siempre, vamos desde mi ya lejana adolescencia en que lo descubrí en las páginas de una enciclopedia de Historia del Arte propiedad de mi padre, ejerció sobre mí una tremenda fascinación.
Durante unos días, recuerdo, las visitas a la estantería del salón en que reposaba, y creo sigue reposando, la Enciclopedia eran constantes.
Me introducía sigilosamente en la estancia, como si fuese un ladrón en mi propia casa, mirando a izquierda y derecha, procurando no hacer ruido y, cuando estaba seguro de que nadie me podía sorprender, agarraba el voluminoso tomo, lo habría por la página 43, y allí me encontraba con aquella perturbadora imagen con la que aquel niño experimentaba sensaciones nuevas y, por aquel entonces, inexplicables pero, sin duda, maravillosas y placenteras.
Asociaba, entonces, aquella maravillosa imagen al pecado, a lo prohibido. Aquel coño, ahora lo puedo nombrar, entonces, preadolescente ignorante, no sabía muy bien lo que era, rotundo, inquietante, me seducía, o más bien me abducía como el misterio que entonces representaba (y sigue representando ahora) para mí la mujer. Adivinaba ya, en aquella imagen, el poder telúrico y misterioso que la mujer esconde en el centro mismo de su femineidad.
Ese triángulo rotundo de vello espeso, bajo el que se adivina la hendidura que es, ciertamente, el origen de todo lo humano. Sí, entre esas piernas blanquísimas, descaradamente abiertas, y bajo ese triángulo de vello espeso y negro, del que la vista no se puede apartar, se encuentra el misterio del origen de la humanidad. Ciertamente este coño tan rotundo que pintó Courbet, y que nos atrae tanto como nos incomoda, aunque nunca conozcamos el rostro de su propietaria, o quizás por eso mismo, es el auténtico origen del mundo. Por su extrema carnalidad, por su carácter auténticamente pornográfico (1), en este cuadro genial está el origen de todo lo humano, de la belleza y de la fealdad, de lo sublime y lo vulgar, del espíritu y la carne: este cuadro, perturbador, magnífico, zarandea nuestras conciencias, y nos hace pensar y sentir, es un auténtico revulsivo, ha alcanzado la eternidad (pintado en 1866, se nos impone, como una bofetada, en su eterna actualidad).

La pintura, que tras muchos avatares, parece haber encontrado acomodo definitivo en el museo D´Orsay de París, fue, parece ser, producto de un encargo del diplomático y coleccionista turco Khalil Bey, y la historia que va desde su ejecución por Courbet a su actual y parece
que definitiva, ha dado para un libro entero: “El origen del mundo. Historia de un cuadro de Gustave Courbet”, de Thierry Sabatier, que, sin duda, sería un regalo muy apropiado para estas fechas (si alguien me lo quiere regalar, acertaría de pleno. Como veis mi rostro se caracteriza por una dureza cada vez más pétrea, je, je).
Publicaba mi amigo (virtual) mallorquín, Horrach (http://horrach.blogspot.com/) el pasado 7 de diciembre, una entrada, “La pintura holandesa que emerge del subsuelo”, en que se confesaba abochornado, por la escasa atención que, según él, le había prestado hasta entonces, a la pintura en su blog. Más sangrante, sin duda, es mi caso: me licencié hace ya demasiados años en Historia del Arte y, desde que este rincón de la bloggosfera se puso en marcha, creo que es la primera vez que me detengo a comentar una pintura: imperdonable, prometo rectificación.
Este será el primero, espero que, como casi siempre, no se imponga mi inefable pereza, de una serie de modestas reflexiones, o críticas, sobre algunas de las obras que en pintura, escultura o arquitectura (y si excluyo al cine es porque alguna crítica cinematográfica sí acostumbraba a realizar). Seguirán, anuncio, más disquisiciones sobre determinadas obras de la Historia del Arte que, por su singularidad o especial significado para mí, merezcan alguna reflexión. A lo que no me puedo comprometer es a mantener regularidad al respecto: conocéis mi debilidad, y mi innata tendencia a la dispersión. Así que os pido perdón por anticipado.



(1).-Para mí esta palabra no tiene, en ningún caso, carácter peyorativo. La utilizo con ánimo meramente descriptivo.

lunes, 4 de enero de 2010

ASUNTOS DE FAMILIA


Esta es una foto en que se unen mis dos familias, por parte de madre y de padre, y cuyos protagonistas son dos “primos segundos” míos: en ella José Ramón Tuero, hijo de mi primo por parte de madre, Ramón, y concejal de deportes de Gijón (el joven con barba y atuendo deportivo) hace entrega de un obsequio a Carlos Álvarez (hijo de mi prima, por parte de padre, Marite) en presencia de su hermano gemelo Pablo.
No se, me hacía ilusión colgarla. Ya sabéis, exhibicionista que es uno.

jueves, 31 de diciembre de 2009

NOCHEVIEJA

Dirige su vista hacia el suelo. Como si estuviese cansado. ¿De qué? De no hacer nada. De que no pase nunca nada. La nochevieja va a ser otra vez lamentable. Como la del año pasado, pero por otras razones.
Es que este año ha llegado a rozar el cielo con la yema de los dedos. Sin embargo, al final, todo se le ha escapado. De la manera más absurda e inexplicable. Pero, a lo que parece, irremediablemente. Se ahoga. Le embarga una tristeza mayúscula. Un inmenso desaliento. Un callejón sin salida. ¿Es qué siempre las nocheviejas tienen que ser tan desalentadoras? ¿A un año que tuvo tanto de memorable, no se le puede poner un buen final?
Hace llamadas telefónicas de compromiso. Hay que felicitar el año nuevo. Es lo educado, lo civilizado.
Perdida toda esperanza, fantasea con la chica del gimnasio. Otro nombre de cuatro letras. Y también le gusta el cine. Podría invitarla un día. Alguna vez le sonrió. No está mal. Y se acuerda de su nombre, por lo menos alguna vez lo nombró.
Ciertamente, no tiene nada que perder en el intento. Vamos, ofrece tu mejor rostro. Realmente, era más fácil sin silla de ruedas. O no. Nunca se le dio bien “ligar”. Se le secaba la boca, se le atropellaban las palabras. Falta de decisión. A las mujeres les atraen los “caraduras”, y a él siempre le faltó ese punto “canalla”.
Hoy, lo sabe, se masturbará con el “fantasma” de la chica del gimnasio. Y será memorable. ¿Por qué no?Pero, al final, la amargura le volverá a invadir, y se quedará solo, con las manos pringosas y un rastro de humedad amarilla en las sábanas

domingo, 29 de noviembre de 2009

NACIONALISMOS

Mi compañero del colegio, Ignacio Prendes, actual Responsable de Accion Institucional de UPyD







Desde que tengo uso de razón he sentido una innata aversión a TODOS los nacionalismos. Ese creer que por pertenecer a determinado barrio, pueblo, ciudad, región o país se es intrínsicamente superior a otro ser humano privado (generalmente de forma arbitraria, porque que me expliquen en que se basa la exclusividad de ser gijonés, asturiano, español o kazajo, pongamos por caso) de dicha pertenencia se me reveló desde siempre un absurdo. Y no un absurdo inocente o, incluso, gracioso, si no un absurdo que se convierte frecuentemente en criminal ¿Cuánta destrucción, cuantos miles de seres humanos han perecido “heroicamente” en virtud de tan “gloriosos” principios?
Y lo malo es que los diferentes nacionalismos se solapan en su estupidez. En virtud de esa canallesca y metafísica idea de nación, se han de negar siempre la igualmente etérea realidad de las otras naciones –así, por ejemplo, la idea esencialista de “lo asturiano” o “lo gerundense”, pongamos por caso, sólo tiene sentido como autoafirmación absurda de ese grupo de individuos asturianos o gerundenses, como si unos u otros tuviesen alguna razón para considerarse superiores al resto de los humanos-.
Sin embargo algunos “antinacionalistas”, con afán no dudo que bienintencionado, caen en el mismo dislate que pretenden denunciar, cuando para negar la validez de tal o cual autoafirmación “nacional” no dudan en subsumirlas en otros valores igualmente nacionales pretendidamente superiores.
Sí, me refiero al joven y simpático partido UPyD, que en su obsesión por denunciar los excesos de los llamados nacionalismos periféricos, lo hace, quiera o no, afirmando la superioridad de otra entidad igualmente “nacional”: España. Porque ¿qué es una nación?: Una idea metafísica, formulada, como la religión, sobre un conjunto de mitos y sentimientos que excluyen cualquier interpretación racional. Porque la razón parte siempre de la “bendita” duda, y si alguien afirma como un principio irrevocable la primacía sobre todas las demás de una determinada zona geográfica, de un determinado dios omnisciente e incuestionable, o de una estipulada cultura, ahí la duda, la razón en suma, ya no pinta nada.
Y es que UPyD, que, fallecida o agonizante IU, surgió como una alternativa al nunca deseable bipartidismo imperante en la escena política española, sea por no incurrir en los mismos errores de la casi fenecida IU (su divagante política en Euzkadi, aliándose con el partido que siempre representó a la derecha católica en ese territorio, por ejemplo), sea por la impronta personal de su líder, Rosa Díez, sea por lo que sea, ha convertido su loable antinacionalismo, en un nacionalismo español de “tomo y lomo”.
Por otro lado UPyD me parecía, en principio, una opción atractiva, que oxigenaba el un tanto apolillado panorama político español, radicalmente laica (aunque últimamente su actitud dubitativa ante la reforma de la ley del aborto, por ejemplo, me ha sorprendido negativamente) y que podría haber confluido en la generación de una derecha moderna y definitivamente desligada del abrazo de la todopoderosa iglesia católica. Ciertamente que en los postulados filosóficos de UPyD está la superación, por arcaica e intelectualmente ineficaz, de la dicotomía política izquierda-derecha, pero este “jacobinismo” que, al menos aparentemente, la hace seguidora del rancio esencialismo españolista, quizás por falta de explicación o desarrollo, me la ha acabado haciendo una opción tan antipática como cualquiera de las demás y, eso, a pesar de la presencia en sus filas, y alrededores, de una serie de amigos y conocidos, algunos muy queridos para mí (mi entrañable amigo Juan, de la residencia en que vivo-votante de UPyD-; mi querido amigo “virtual” el filósofo mallorquín Juan Antonio Horrach (http://horrach.blogspot.com/), militante de UPyD; o mi ya lejano compañero de colegio, el abogado gijonés, José Ignacio Prendes, antiguo coordinador de UPyD en Asturias, y desde el reciente congreso del joven partido, responsable de política institucional a nivel nacional, seguiré con mi insobornable independencia, y mi sano escepticismo, refugiándome en mi derecho constitucional a la abstención, salvo en casos de “emergencia nacional” en que, excepcionalmente, alguna razón especialmente poderosa me incite a acercarme a las urnas.
Y no es mi abstención fruto del “pasotismo” o del desinterés por la política (nunca he abominado de la política, la considero uno de los intereses prioritarios del ser humano), si no consecuencia de mi radical escepticismo, fundamento de mi libérrima manera de pensar.

jueves, 1 de octubre de 2009

UN GRAN MELODRAMA


He visto la unánimemente alabada “El secreto de sus ojos”. Y me uno al coro de admirados. Es un melodrama denso, redondo. Una historia que conmueve. Incluso sus excesos (ese final que no desvelaré, por ejemplo) acaban siendo bien digeridos y no chirrían.
Es una película de actores (Darín y Villamil están espléndidos, enamoran, lo suyo acaba siendo mucho más que la recurrente “tensión sexual no resuelta”. Hay miradas gestos, complicidades... hasta esa “Lubitschiana” puerta que tras la que todo se resuelve...)
No es una comedia como la excelente “El hijo de la novia”, pero el humor sirve de contrapeso al drama (denso, durísimo) de forma perfecta.
También es una historia terrible, enmarcada en los peores años de la ominosa dictadura argentina, en los que se cometieron las mayores atrocidades impunemente.
El mal, un mal absoluto, sin matices ni “relatividades” y la venganza, justiciera, morosamente planificada, son dos de los ejes en torno a los que se articula la función. El otro es el amor. Como el mal, el amor no puede ser si no absoluto, eterno, inapelable. Benjamín Expósito (Un Ricardo Darín que se consolida como el gran actor argentino del momento, a la altura de sus “mayores”, Luppi o Alterio) nunca olvidó cómo llegó hace 25 años a un juzgado de Buenos Aires, y conoció a una joven y guapa ayudante del fiscal, Irene (colosal Soledad Villamil). Cómo se fue enamorando de ella, y cómo ese amor nunca acabó de fructificar. Ahora, 25 años después, Benjamín se reencuentra con Irene, tras volver de su forzoso retiro en Jujuy y olvidarse de Buenos Aires una larga temporada, donde las circunstancias lo relegaron. Benjamín no ha olvidado. La memoria, algo fundamental en esta trama, sigue intacta. El amor nunca materializado, también.
No ha olvidado, ni quiere ni puede, cómo las circunstancias lo alejaron de Buenos Aires y de Irene. Necesita recordarlo. Necesita plasmarlo en papel. Está convirtiendo los ominosos hechos que lo empujaron al “exilio jujeño” en una novela. Indagar en esos hechos da sentido a su vida. Y el reencuentro con Irene, claro. Recordar es doloroso, no obstante. Benjamín ha perdido mucho en el trayecto. Ha perdido la inocencia. Ha perdido a su amigo del alma, Sandoval (Guillermo Francella, excelente en su papel de borracho lúcido y desencantado, contrapunto cómico del protagonista, un papel que en “El hijo de la novia” Campanella le adjudicó al gran Eduardo Blanco).
Benjamín necesita recuperar “el tiempo perdido” para darle sentido a una vida que ha ido deslizándose por el sendero de la inanidad. Lo hace, recordando, reconstruyendo un pasado terrible. Y plasmándolo en papel. La indagación le lleva a reencontrarse con Morales (Pablo Rago), el novio de la víctima del crimen atroz que origina el relato, y así descubrir finalmente la hiperbólica venganza a la que este hombre aparentemente pequeño ha dedicado toda una vida. Porque aclarar ese crimen, que se sitúa en la convulsa Argentina previa al golpe del 76, la Argentina podrida de Isabelita y López Rega, la Argentina convulsa de los Montoneros y la Triple A, se convertirá en la misión que de sentido a su vida. Una vida que llevaba camino de instalarse en la mediocridad, de no ser por la luminosa aparición de Irene que 25 años atrás fue capaz de darle la vuelta completamente a la vida de Benjamín. Irene es el amor inalcanzable, que sólo ha podidito ir tomando cuerpo con miradas cómplices, pieles que apenas se rozan fugazmente, frases sobreentendidas de las que sólo los protagonistas tienen la clave (ese “pánfilo” lleno de cariño que ella le acaba llamando, envolviéndolo con la dulzura infinita de su mirada). Un amor que es también dolor ante su imposibilidad, anhelo, deseo nunca satisfecho, que sólo se acabará resolviendo con infinita elegancia tras una puerta que se cierra, y que permite salir del cine con la sensación de que no todo es dolor y desesperación, de que no todo está perdido...
La película se basa en una novela de Eduardo Sacheri, que no conozco. Pero Campanella dota al buen guión del que se co-responsabiliza con Sacheri precisamente, de inapelables valores cinematográficos en forma de sobreentendidos, miradas, roces...
En resumen: creo que estamos ante una de las grandes películas del año. Conmovedora y maravillosa síntesis de una de las grandes tragedias del siglo XX.

martes, 21 de julio de 2009

ESA ESPALDA DE LAS MARAVILLAS


La hace caminar delante de él. Así puede deleitarse a su gusto en esa espalda perfecta, levemente tostada por el beso fugaz de los efímeros rayos del sol del Cantábrico. Imagina que puede acariciarla otra vez, mordisquear ese cuello y esos hombros en apariencia tan duros, pero (ha podido comprobarlo) de suavidad infinita. La desea. La sigue deseando. En realidad, nunca ha dejado de hacerlo. ¡Cómo quisiera que aquella noche maravillosa pudiese repetirse!, aunque sabe, ¡Ay!, que eso va a ser casi imposible.

Mierda de vida…

viernes, 10 de julio de 2009

BALLARD


El pasado 19 de abril falleció James Graham Ballard, víctima de un cáncer de páncreas.
Desde que leí su, a mi juicio, obra maestra, “Crash” (ahora estoy revistándolo con gran placer, por cierto) me interesó sobremanera este escritor británico (aunque nacido en la cosmopolita –por aquel entonces- Shangai) en 1930.
A Ballard, y especialmente en esta perturbadora novela que es “Crash”, yo le considero el Sade del siglo XX. Dejando a parte la autobiográfica “El Imperio del Sol” (que, aún así, contiene alguna clave de la madura producción literaria de Ballard –la actitud alucinada de Jim, reflejo indisimulado del propio narrador, ante los aviones “Zero” japoneses que, luego, se repite ante los “Mustang” americanos ya que ambos se le revelan al joven Jim como “monstruos” tecnológicos que le causan, a partes iguales, perplejidad y deseos de descubrir sus recónditos secretos-).
Incluso en “Crash”, Ballard señala textualmente:
“Recordé la visita que habíamos hecho al Museo de la guerra imperial en compañía de un amigo, y la patética y fragmentada cabina de un caza japonés de la segunda guerra mundial, un Zero. Los haces de conexiones eléctricas y los jirones de lona desgarrada expresaban la soledad de la guerra. Esa tapa de plexiglás empañado encerraba aún un pequeño retazo del cielo del Pacífico, el rugido de un aeroplano que treinta años atrás correteaba por la cubierta de un portaviones”.

El mundo literario de James Ballard se encuadra principalmente en el género de la ciencia-ficción (aunque alejado de las fantasías “de anticipación” de un Asimov, por ejemplo, y más parejo a las elucubraciones íntimas y al universo extremo y delirante de William S. Burroughs o de Anthony Burgess).

Como en Burroughs o Burgess la ciencia-ficción de Ballard aflora, no tanto en brillantes fantasías como en el descenso a nuestros propios infiernos –no hace falta predecir tanto el futuro, cuando en el presente existe una zona subyacente dominada por lo inquietante y perturbador; no hace falta imaginar hipotéticos imperios y repúblicas del futuro, cuando el presente aporta los suficientes elementos turbulentos que siempre han caracterizado al género humano-.
Desde este punto de vista el universo literario de Ballard está dominado por lo extraño y lo desasosegante, que acaba aflorando (y cuestionando) la cotidianeidad.

Y este mundo de Ballard, inquietante y desasosegador, tiene su punto álgido en su breve novela “Crash”, auténtica exhibición de atrocidades (sería el título, definitorio, demoledor, de una posterior novela de Ballard -aún más “despojada”, en el sentido de más directa, contundente y experimental-) en la que sexo y muerte, “Eros” y “Tánatos”, danzan su baile siniestro e inquietante durante las apenas 200 páginas de esta brillantísima digresión sobre el fin de la vida y la libídine, que por su contundencia parece retrotraernos a las mejores páginas enfebrecidas de Donatien Alphonse François de Sade, el “divino marqués”, y que luego sería adaptada brillantemente al cine por una personalidad tan paralela a Ballard (en todos los sentidos) como es el magnífico cineasta canadiense David Cronenberg, reconocido poseedor de un universo propio dominado por la labilidad y lo perturbador (1).
El verdadero protagonista de “Crash” no es tanto el narrador (identificable, quizás, con el propio Ballard) como el extraño, inquietante Vaughan, auténtico catalizador del relato. Vaughan, inicialmente casi un personaje secundario, se va revelando como el indiscutible fermento de “Crash” y, por su lucidez, por su carácter desinhibido y radical, por su falta de “falsos” pudores (y la radicalidad extrema de su discurso) en el verdadero portavoz de Ballard a lo largo de la novela (2).
Y es que en “Crash” el sexo y la muerte son los dos vectores en torno a los cuales se articula la fábula. Sexo explícito, abundante, sin tapujos; y muerte entendida en un sentido amplio (que incluye a sus “proximidades”-los que pierden el dominio pleno sobre su cuerpo, los inválidos, físicos o con terribles carencias sen el orden afectivo-social-).
Esta modestísima entrada sólo pretende servir de homenaje a un gran escritor, cuyas fábulas brillantes nos hicieron pensar (y, por lo tanto, nos empujaron por el abismo del desasosiego, un precipicio que todos los que pretendemos enfrentarnos a la vida en toda su complejidad y sus múltiples facetas) nos ha marcado para siempre.


(1).-David Cronenberg ha llegado a definir su cine como una elucubración en torno a la “nueva carne”, entendida como la mixtura entre el ser humano y sus inquietantes desarrollos tecnológicos (recordemos la alucinante secuencia de “Videodrome” en que James Woods parece ser engullido por la pantalla de un televisor).
(2).-La novela está inicialmente contada en primera persona (e, incluso, el narrador no duda en identificarse como “Ballard”, pero el personaje de Vaughan, que en un momento dado llega a fundirse, literalmente, con el de Ballard, va creciendo hasta convertirse en el portavoz del autor, ejerciendo una progresiva e irresistible fascinación sobre el lector).

miércoles, 24 de junio de 2009

ELLAS Y EL SUEÑO

A Federico Fellini, que también amó a todas las mujeres, a Anita Ekberg y a Giuletta Massina, a Anouk Aimee, a Claudia Cardinale y a Sandra Milo; a la estanquera de “Amarcord” y a la pequeña Gelsomina.






Amo a las dos. Sobre todo deseo a las dos.
Son muy distintas, sólo coinciden en su pelo negro, que me gusta pensar se han cortado así por mí...: Las dos con el pelo corto, muy corto,”a lo chico”, como a mí me gusta; y, tengo que confesarlo, me satisface esa respuesta atentísima a mis deseos, esa “sumisión”, que me hace sentirme, por una vez, poderoso, importante, dominador...

Lilith, llamémosla así, es delgada, fibrosa, inteligente. Sus manos son hermosísimas, sus dedos larguísimos, de pianista. Es perspicaz, Lilith, tanto, que me supera en ese terreno y, en cierto modo, me intimida, pues es capaz de dejarme como un rematado ignorante en cualquier conversación. Sus pechos son pequeños como manzanas (se amoldan perfectamente al tamaño de mi mano), pero el pezón es grande, y cuando se yergue, delicioso al tacto (lo que, me parece, no se por qué, manifiesta que Lilith es muy sensual, y eso me excita). ¡Cuánto me sorprendió la primera vez que pude acariciárselos, sopesarlos, besarlos...!

Eva, pongámosle este nombre, es redonda, carnal. Sus pechos, blanquísimos, son pesados y blandos (todo su cuerpo lo es, en realidad), y cuando se agacha se bambolean, pero cuando se incorpora, parece que empujan desafiantes la tela de la blusa. Al contrario que Lilith, Eva posee ese pequeño toque de vulgaridad que tanto me gusta. Al contrario que Lilith, que tiene ideas propias y siempre las sostiene con vigor, es sumisa y nunca me lleva la contraria en el terreno intelectual.

Ahora estoy entre las dos, cumpliendo un sueño que creía imposible.

A un lado tengo a Lilith y rodeo su cintura breve con mi brazo, mientras mi lengua se pierde en su boca entrelazándose con la suya, caliente, húmeda...
Noto que me desea, no estoy acostumbrado a ello, y disfruto como, quizás, no lo había hecho nunca en la vida.
Y es que sentirme deseado es algo nuevo para mí.

Al otro lado está Eva.
Eva es excesiva para todo.
Es una mujer grande (grandes pechos, grandes pies, grandes muslos...) y posesiva, muy posesiva. Ha establecido (con mi consentimiento, es cierto) que yo le pertenezco y esto se ha transformado en una verdad irrebatible (lo que me halaga más que me molesta, es verdad también).
Además, Eva apareció antes, por lo que se cree con más derechos sobre mí (y se empeña en reclamarlos).

Después, en realidad no mucho después, ahora lo recuerdo bien, apareció Lilith en mi vida y la puso patas arriba.
Aparecieron las caricias de su mano experimentada, apareció el olor (y el sabor) de su coño.
Y apareció su piel, el tacto sublime de su piel, y esas uñas de los pies pintadas de rojo intensísimo que todavía se empeña en hurtarme, pero que perturban mis sueños y me colman de lascivia.
Y, sobre todo, apareció su voz, que me susurra al oído “mi vida”, “ay, amor” y otras cosas parecidas, y que me llena de felicidad casi todas las noches (y algunas tardes).
Y el rubor hermosísimo en sus mejillas, y en su pecho, que siempre acompaña sus orgasmos, junto al total desorden muscular, que, cual bacante enloquecida, precede al "abandono de si misma", y a la posterior relajación.

Estoy entre las dos, las abrazo, me entrego a ellas.

Eva viene de un pasado remoto, reclamando sus derechos. Lilith aparece de repente, desafiante, imponiendo su presencia.
Son tan diferentes...pero les debo tanto a las dos.
Me lo han enseñado todo, quisiera restituir la deuda inmensa que tengo con ellas, pero no se si estaré a su altura, si podré responder a su generosidad inmensa, porque decir que las amo, a las dos, se me antoja insuficiente, pueril, obvio...

Al contrario que Lilith, Eva surge de las brumas de ese pasado del que no me he podido librar del todo, pero que engarza directamente con el presente.

Y es que, al fin y al cabo, soy un hombre, pequeño siempre (en comparación con ese gigante que es la mujer), falaz, ridículo...pero que las ama, eso no puede evitarlo.

Y las amo porque, a la vez, son esquivas, huidizas, pero no podría ya vivir sin sus besos, sin sus caricias, sin ellas.

Ni sin la imagen de ambas acariciándose, y acariciándome.

Y de pronto se deciden a cubrir mi cuerpo de besos.

Luego, Eva, con su cuerpo de odalisca (pensar que, quizás, no sepa lo que significa esta palabra…) sienta su culo enorme, lunar, sobre mi boca y, mientras lamo su sexo con fruición, Lilith se introduce mi polla en su coño, y comienza a moverse con morosidad, lentamente.
Y, mientras está sentada sobre mí, mordisqueo la desinencia de su hombro, la chupo, me apropio de ella...
Y notar cómo le gusta esa caricia, me excita muchísimo.

Y al cabo de un buen rato practicando esta dulce gimnasia (Yo lamiendo a Eva, Lilith cabalgándome con ritmo sabio) nuestros cuerpos se precipitan al abismo delicioso del orgasmo.

Y, culminado el proceso, nos abrazamos agradecidos y satisfechos, y establecemos la mentira de que nuestro amor será eterno e indestructible.

Y en ese instante sublime, esa mentira parece verdad

Y las beso, y me besan, y me regalan el espectáculo de su amor.

Y contemplar sus cuerpos amándose, “voyeur” confeso como soy, me acerca al cielo de los mejores placeres.


Y yo sólo pido que no, que no me abandonen nunca, por favor, que al despertar la vigilia, siempre tan "aguafiestas", no desmienta del todo este sueño maravilloso.

viernes, 5 de junio de 2009

LA LLAMADA


a Lula (el "sexy-blog" continúa) , para que ya no me riña más

Estoy en la biblioteca. Acabo de leer un texto de altísimo contenido erótico. Lo ha escrito ella. Suena el teléfono. Temblando todavía, por los efectos que el escrito me ha producido, acierto a responder. Es ella. Me cuesta reconocerla, su voz entrecortada. Acierto a comprender (con dificultad) un “¿a qué no sabes que acabo de hacer pensando en ti? Acabo de terminar, y ha sido estupendo, estupendo....Todavía tengo el olor en mis manos. ¿Te gustaría...? "

Yo no hago nada. Intento asimilar lo que me acaba de decir, pero ella ya me ha colmado de felicidad.

martes, 2 de junio de 2009

EL CINE


Vamos al cine. Ocupo el lugar reservado a sillas de ruedas. Como siempre. Ella se sienta en la butaca contigua. Su piel, bueno la tela de su pantalón-pero a mí me gusta pensar que es su piel-roza la mía-bueno, la tela de mi pantalón-. De todas maneras noto la calidez de su pierna pegada a la mía, y eso me excita. La película trata sobre injusticias, amores imposibles, bondad, solidaridad y la kafkiana estupidez de la burocracia. Hay amores otoñales, amores imposibles, música de percusión, bellezas maduras de aspecto oriental, y un protagonista que es lo que en Asturias llamamos un “cachupán”.
Lo mejor, cuando salimos del cine. Creo, o quiero creer, escuchar, un “quiero sentirte”. Y el resto de la noche son mis labios buscando los suyos (todos los suyos). Arriba, abajo, gemidos, respiración entrecortada, y un mar de besos. Y el aroma de su cuerpo, y mi respiración también irregular. Y el deseo materializándose, o queriéndose materializar, y los fluidos de nuestros cuerpos pugnando por intercambiarse. Y yo que la quiero, la deseo, la necesito...Y a ella a la que, quizás, sólo quizás, le pase también lo mismo.
Y las palabras, todas las palabras del diccionario, insuficientes, que no sirven para expresar todo lo que siento ahora.

lunes, 1 de junio de 2009

TE DESEO...


“Te deseo”, le dije.
“Pues, a lo mejor te sorprende, pero yo a ti, en este instante, también”, me contestó.
E inmediatamente, unos dedos ávidos estaban acariciando la rugosidad de mi escroto, sopesando mis testículos, y proporcionándome un inmenso placer, el placer de todos los placeres….