jueves, 17 de marzo de 2011

CONTRA LA CENSURA (EN TORNO A "A SERBIAN FILM")

Por definición, la censura, amén de perversa, es siempre estúpida. Normalmente consigue, precisamente, los efectos contrarios a los que pretende. Viene esto a cuenta de la “polvareda” levantada por la película “A serbian film”, absurdamente censurada en el festival de Sitges, un festival, para más burla, dedicado supuestamente al cine fantástico.


Pues bien, “A serbian film” es, simplemente una película mediocre que se mueve entre el “gore” y un erotismo convencional y cansino. Sin la polémica, seguro que hubiese pasado completamente desapercibida. A lo mejor es lo que su director, un tal Srdjam Spasojevic, pretendía. Escandalizar a los “escandalizados de siempre”. Tengo que decir que si es así, lo ha conseguido. Yo, por ejemplo, jamás me hubiese tomado la molestia de descargármela y ocupar una porción del disco duro de mi ordenador, si alguien no hubiese levantado tan absurda polémica. Por supuesto, queda fuera de toda duda, jamás hubiese pagado los 6 o 7 euros “de rigor” por la entrada del cine (y si los hubiese pagado, aún estaría lamentando el dinero “tirado”).

“A serbian film”, en su inmensa pequeñez es una película confusa, reiterativa y aburrida, amén de pretenciosa. Su pretendido “mensaje” sobre la lamentable situación de los Balcanes (que es la coartada que esgrime Spasojevic para perpetrar semejante horror) se torna en ininteligible.

Se que Spasojevic pretende horrorizar, bombardeándonos con una cadena de truculencias intensiva, pero a mi simplemente me aburre. Definitivamente Spasojevic no es el Marqués de Sade.

Las desventuras de un actor porno en declive, pierden todo su interés pronto y sólo queda un inmenso vacío. El final del film, que no desvelaré aquí, pretende adscribir la película al género de terror. Y evidentemente, se demuestra que el tal Spasojevic no es precisamente Jacques Tourneur, la sutileza brilla por su ausencia, las elipsis no se utilizan, y la película se sustancia en un abigarrado “querer mostrarlo todo” para enmascarar la nada más absoluta. Ante tanto pretendido horror, la película se te acaba haciendo larguísima (y no lo es especialmente, 104 minutos), los bostezos se suceden y lo único que deseas es que se acabe pronto tu suplicio de espectador engañado.

Sí, definitivamente Spasojevic es un delincuente, pero no contra la pretendida moral pública, si no contra el cine, lo cual es un delito mucho más grave.



Véanla, si les sobran 104 minutos de su vida y no les cuesta dinero. Yo ya les he advertido.

viernes, 11 de marzo de 2011

ANONYMOUS, ¿LA ESPERANZA?


     A mi "peripatética" amiga virtual, Luisa, que en su blog me descubrió esta opción







Un rayo de esperanza se vislumbra en el desolado panorama político actual. Por supuesto, no se trata de ningún nuevo partido. Es, más bien, la materialización de una inquietud, si se quiere, de un estado de ánimo. Es un fenómeno, podríamos decir, transversal, que “recorre” y “sacude” nuestra sociedad intentando “despertarla”.

“Anonymous” no es un partido, ni pretende serlo. Sus intereses son variados, heterogéneos. Su organización, mínima. No tiene ningún plan preestablecido. Sus líneas maestras son la defensa de la libertad de todos los ciudadanos en todos los ámbitos. La denuncia de las injusticias palmarias. Y, entre las libertades, sobre todo, la de expresión, que permite la crítica libre, y abre, en consecuencia, amplios espacios a la “mejora social”. Es necesaria la denuncia de los errores y fallos del sistema social. Sólo conociéndolos podrán implementarse los mecanismos para solucionarlos. La libertad de expresión es el fundamento de una verdadera sociedad democrática.

Uno de los “caballos de batalla” de “Anonymous” ha sido, precisamente,  la cerrada defensa de “Wilkie-leaks” y de su promotor, Julian Assange. Particularmente, no creo que la difusión de esos “cables” revista en sí una importancia crucial (muchos no pasan de simples cotilleos en esencia intrascendentes). Sin embargo, la desproporcionada reacción de los “actores” aludidos (principalmente la CIA y el Departamento de Estado de EE.UU.) nos indican que esas revelaciones sí les han hecho daño, hasta obligarles a una “censura preventiva” (acostumbrados estos organismos al monopolio de la información y la propaganda, “tiemblan” ante la aparición de una competencia ajena a su control). Solución: juzgar a Assange (inventándose, si es preciso, un delito “ad hoc” lo más denigrante posible), retirarlo de la circulación y, así, desalentar a posibles imitadores (“ved lo que os puede pasar por meteros donde no os llaman”).

Otro, la defensa del juez español (azote de corruptos y ex –dictadores varios) Baltasar Garzón. A Garzón se le acusa de “chapucero” en sus Instrucciones, de buscar más el lucimiento personal que impartir auténtica justicia. Cierto que a Garzón (un juez valiente, decidido y “arriesgado”) le gustan más las cámaras de televisión y las primeras páginas de los periódicos que a un tonto un caramelo, como se suele decir; pero también lo es, que es un juez molesto para los poderosos, empeñado en que impere la justicia (si su intervención decidida es casi seguro que uno de los peores genocidas del tormentoso siglo XX, el dictador chileno Augusto Pinochet, habría muerto tranquilamente en su cama sin atisbo de preocupación alguna). A Garzón le corresponde el mérito de haber hecho difíciles, al menos, sus últimos años de vida. Pero Garzón quiso, además, denunciar la colosal corrupción que atravesaba la vida política española. La connivencia entre el mundo de las finanzas (particularmente las empresas constructoras que florecían con el “boom inmobiliario” en el tránsito del siglo XX al XXI) con sectores de la política ávidos de riqueza (el dinero circulaba sin control esos primeros años del nuevo siglo y era difícil resistirse a su flujo “deslumbrador”), la sustanciación de este fenómeno en el “caso Gürtel” que afecta de lleno al primer partido de la oposición en España, han provocado que ese conjunto “viscoso” de poderes (económicos y políticos) se haya sentido amenazado y no dudado en actuar contra él, valiéndose de toda clase de subterfugios legales y la complicidad de algún otro juez rival (1).

Assange y Garzón son sólo dos ejemplos de que el “sistema” no perdona. Aunque el daño que ambos le puedan ocasionar sólo sea, en el mejor de los casos, superficial, los beneficiarios del “actual estado de las cosas”, eso tan indefinible que se ha dado en llamar, “mercados” (y que tienen en las “agencias de calificación de riesgos” –unos organismos de iniciativa privada que se permiten, en virtud de no se sabe qué legitimidad, aleccionar a gobiernos electos, y recomendar determinadas políticas económicas que los gobiernos acaban siguiendo, nadie sabe muy bien por qué, “a pies juntillas”-uno de sus instrumentos más desconcertantemente poderosos) no se permiten ningún resquicio a la crítica. No se lo pueden permitir. Si los ciudadanos abriésemos los ojos y tomásemos el control de nuestras vidas, muchos privilegios “temblarían”.

Y es que la política se mal mueve en un marasmo paralizante. Los ciudadanos tenemos la sensación que nuestro voto no vale para nada, que este mundo globalizado está en manos de fuerzas oscuras, ajenas al control del ciudadano (esa cosa viscosa que se ha dado en llamar, “mercados”). Y, ¿habéis visto a alguno de esos “mercados” presentarse públicamente a las elecciones?, ¿conocéis cuál es su programa político concreto? No. Nadie lo conoce. Los “mercados” poseen un poder descomunal, pero misterioso. A través del Fondo Monetario Internacional, un organismo totalmente ademocrático, a través de “sanedrines” de economistas y creadores de opinión, fuerzas oscuras y ajenas al proceso democrático, ajenas a cualquier control se imponen medidas económicas que, “casualmente” favorecen siempre a los más poderosos.

Así pues, el derecho al voto deviene en una simple aceptación del “actual estado de las cosas”. Votar es irrelevante. Que gobiernen unos, o gobiernen otros es indiferente. Al final, las políticas que se aplicarán serán, en esencia, las mismas con, si acaso, mínimos matices. El sistema de partidos actual se diferencia muy poco del Bizantino (donde había unos “azules” y unos “verdes”, cuya diferenciación se fundamentaba en los colores de las facciones del Hipódromo, que se extendían al gobierno de la vida pública, siempre supeditadas al capricho del Emperador, claro). Así pues, la política denigrada a ficción o juego de entretenimiento no es algo nuevo. Y “que toda la vida es sueño” es una realidad palmaria pero, ¡caramba! molesta darse cuenta de repente de un engaño tan patente.

Convertidas las campañas electorales en simples campañas publicitarias, en el caso español, entre un errático gobierno “superado” por una tremebunda crisis global del neo-capitalismo y acechado por una oposición engolosinada por la cercanía del poder que no duda en usar las armas más demagógicas, que enmascaren la realidad, que la oposición no ofrece, no puede ofrecer ninguna política alternativa real, porque todo el juego político se sustancia en una colosal pantomima en el que “las cartas están marcadas de antemano” y la única alternativa honesta es ser coherente y “no participar en ese juego”.

Si los ciudadanos consiguiésemos con nuestro “no voto”, vaciar las urnas (un gesto tan inútil como el contrario, por otro lado) a lo mejor nos librábamos en un futuro de tanta demagogia electoral y de tanto discurso vacío, lo que no sería pequeña cosa.

En Internet, ese mundo virtual superpuesto al real, cabe, cono ya sabemos, todo, lo bueno, lo malo y lo regular. Pero Internet tiene muy difícil control. Y este es un factor nuevo. Es imposible censurar la Red. El movimiento “Anonymous” ha surgido en Internet. Como decía al principio no es ningún partido político; ni siquiera tiene un programa concreto. Muy concienciado con la defensa a ultranza de la libertad de expresión, carece de programa, siquiera de proyecto. Utilizando la iconografía del comic de Alan Moore "V de vendetta", posteriormente llevado al cine por James McTeague, y protagonizada por la deslumbrante Natalie Portman, los “Anonymous” se multiplican en los más variados eventos. Aunque en no todos los casos estoy de acuerdo con ellos, me “caen bien” y, con mis limitadas posibilidades, me siento muy cercano a ellos. Es más, estos jóvenes “anarcoides”, pero comprometidos con el mundo que les rodea, constituyen hoy la única esperanza visible en el panorama actual; una esperanza difusa, casi inaprensible, pero esperanza al fin y al cabo. Y es el único clavo al que agarrarnos que nos queda.

Por ejemplo, las esperanzadoras revoluciones del mundo árabe, difícilmente se hubiesen producido sin ellos. No se sabe en qué acabarán, pero sí que han “sacudido” de forma, parece irreversible, una parte del planeta que se encontraba particularmente adormecida.



Hoy precisamente se cumplen 7 años de los atentados de Madrid. A ellos siguieron unas horas cruciales en el que el gobierno de aquel entonces intentó perpetrar un colosal (y estúpido) engaño para perpetuarse en el poder. Sin embargo, en aquella ocasión, los ciudadanos no nos dejamos engañar y, contra todo pronóstico, mandamos a los tramposos a la oposición.



Ahora, deberíamos dar un paso más, y dado que la “trampa” se ha generalizado, darles un aviso a todos y, simplemente, no participar en su juego, no votar.



El próximo 22 de mayo, simplemente NO VOTAR. Vaciemos “masivamente” las urnas. Y que se molesten en buscar una explicación.


(1).-El juez Eloy Velasco, sempiterno rival de Garzón

lunes, 7 de marzo de 2011

NO VOTAR

Tengo algo muy claro: no volveré a votar. Yo era votante de Izquierda Unida. Una experiencia personal muy negativa con la Administración (autonómica, en este caso –y casualmente con una Consejería regida por IU, la de Asuntos Sociales en virtud del pacto de gobierno PSOE-IU en Asturias- ya había supuesto para mi una enorme decepción (1)).


Ahora, en la red ha surgido el grupo Anonymous, y me ha ilusionado. No reniego de la política. Como los griegos clásicos, considero al hombre fundamentalmente un animal político. Sí reniego de la imbricación de la política en la economía de mercado, de tal modo que las campañas electorales se han convertido fundamentalmente en un inmenso despliegue publicitario en la que se nos intenta vender, a cambio de nuestro hipotético voto, la nada más absoluta.

Contemplar los discursos de “Pepiño”, Cospedal, Camps (al menos este presunto corrupto podría avergonzarse y aparecer menos en los medios, pero se ve que su rostro es absolutamente pétreo) y, no digamos, los inevitables “amiguitos” Rajoy y Zapatero, fingiendo un permanente enfrentamiento que en realidad no existe, me pone de los nervios.

Convertidos los ciudadanos en simples consumidores, nos queda, al menos, el derecho a no participar en esa pantomima. No nos dejemos engañar. No votemos. Servirá para lo mismo que si lo hiciésemos, para nada; pero, al menos, nos quedará la satisfacción de no nos han engañado, de que no hemos “picado”.

(1).-Ver entrada de 6 de marzo de 2010, titulada “Funcionariocracia”

domingo, 6 de marzo de 2011

CITA EN "ANTROXU"

Al escuchar su voz por teléfono al concertar la cita al mediodía nota cómo se va excitando. Sí, como quien no quiere la cosa, se le está levantando. Y pensar que esa mujer no le gustaba. La consideraba sosa, falta de brillo. Sin embargo, se pasa toda la tarde empalmado hasta la hora de marchar. Gracias que en la silla de ruedas, sentado, no se nota nada (o eso cree). Si se notase, todo sería demasiado transparente. No, no es elegante ir por la calle “enarbolando” su deseo. Además, como le han tenido que cortar los abductores (tenotomías), no puede cruzar las piernas. Para morirse de vergüenza.


Con retraso, llega la mujer, por fin. Él está al lado del kiosco, muerto de frío. Definitivamente, tenía que haber traído la “parka”, pero el refulgente sol de invierno le engañó. ¡Dios, que guapa está…! Se le cae la baba, contemplándola. No creía que un simple cambio de peinado pudiese obrar semejante transformación. Definitivamente, la desea. Se pasan la velada charlando animadamente de lo uno y lo otro. Principalmente del relato de sus vidas en los muchos años que estuvieron separados desde que se conocieron siendo tan niños, hasta el momento en que el azar los volvió a juntar. Se cuentan anécdotas, confidencias…El le habla de su matrimonio fracasado, y en un momento se siente osado, y le relata, de forma somera, la primera vez que compró una caja de condones en un sex-shop. Ella le escucha con atención, y hace comentarios poco comprometedores, pero en absoluto escandalizados. Él la desea cada vez más. Cenan, no mucho (él es de poco comer, y ella dice no estar muy bien del estómago), y van a tomar una copa a un nuevo local adaptado en el que él se ha fijado en sus paseos por el centro de la ciudad. A él le apetece probar un “Daiquiri”, que se anuncia en la puerta del local. Sin embargo, sorprendentemente, la coctelera no funciona. Decepcionados (sobre todo él) se marchan del local. De todas maneras han tomado bastante vino con la cena y están algo mareados.

La despedida es triste, decepcionante. Situados uno frente al otro, él, absurdamente paralizado, no se atreve a pedirle el beso que llevaba todo el día solicitándole en su pensamiento.

El Carnaval, que le rodea, las máscaras del “Antroxu” desperdigadas que se va encontrando, tiñen de melancolía su retirada.

CONTRA DANIEL RODRÍGUEZ


Daniel Rodríguez tiene mucho mérito. Le admiro. Pero estoy en completo desacuerdo con él.

Y os preguntaréis, ¿y quién es ese Daniel Rodríguez, que merece semejantes reflexiones?

Daniel Rodríguez es un joven paralítico cerebral, diplomado en Trabajo Social. Y si digo que lo admiro es porque, a diferencia de la mía, su discapacidad, minusvalía, o cómo le queramos llamar es congénita. Es decir que, a diferencia de mi, Daniel no “disfrutó” de una época en su vida ajena a la minusvalía, y aún así, consiguió diplomarse. Lo cual tiene un mérito indiscutible, y habla muy bien de su espíritu de superación, de su capacidad para no resignarse jamás. Como el azar me acabó convirtiendo también en un paralítico (me gusta esa palabra), conozco, y soy solidario, con las enormes dificultades que habrá tenido que superar, ya lo digo, me parece un tipo admirable, y “me quito el sombrero”. Hasta ahí, nada que decir.

¿En qué se sustancia entonces mi desacuerdo?

Sostiene Daniel Rodríguez en su libro “Cordones para las zapatillas” que es indispensable un “cambio en el lenguaje”, que el lenguaje crea ideología, y que hay que inventarse un lenguaje nuevo que no genere “discriminaciones sobreañadidas a nuestro colectivo”. Desde ese punto de vista, reniega de las palabras con las que se nos ha nombrado hasta ahora, señala su intención sibilinamente peyorativa, y propone, nada menos, que la fundación de un nuevo lenguaje “no discriminatorio”: “inválido”, un insulto; “minusválido”, una intolerable discriminación; incluso en “discapacitado” (el término oficialmente más aceptado para nombrarnos) aprecia un sutil tono discriminatorio. A mi, simplemente me parece una palabra fea, que transparenta en exceso su ánimo de instalarse en lo “políticamente correcto”

¿Cómo debe entonces nombrarse a nuestro colectivo?

¡Atención!, nada menos que “grupo de personas con diversidad funcional”

¿Un poco engorroso? ¿Inmanejable en la práctica? Nada, esos son pequeños inconvenientes que no pueden oponerse al triunfo de lo “políticamente correcto”.

Quizás por mi formación de historiador, y porque, en consecuencia toda mi estructura mental está atravesada (y sostenida) por el historicismo, me niego a darle tanta importancia a las palabras. Naturalmente que el Lenguaje conforma la estructura de pensamiento del hombre, pero no sólo el lenguaje; en la misma medida, la Historia, el pasado reconstruido desde el presente, nos relativiza (nos hace humanos) y nos explica. El presente sólo puede ser entendido en función de un pasado que lo explique. Nada es “absoluto” y todo es “relativo”. Desde ese punto de vista, el pensamiento “histórico” supone un salto cualitativo sobre el tipo de pensamiento “absoluto” o “teológico” que había conformado al ser humano desde la Edad Media. La Historia configura el auténtico pensamiento racional, libera al ser humano de principios absolutos y nos proporciona las herramientas indispensables para enfrentarnos a la realidad.

El Lenguaje (también indispensable, por otro lado, para configurar nuestra capacidad de conocimiento) no puede arrogarse las funciones de un nuevo dios, inmanente y ajeno a toda crítica. Ha de imbricarse en la Historia y, siempre en relación dialéctica con ella (perdón por mi terminología de viejo marxista) iluminar nuestro conocimiento.

Desde ese punto de vista, no podemos convertir al Lenguaje, en virtud de los temibles principios de lo “políticamente correcto” en un muro infranqueable que paradójicamente nos impida entendernos. Como paralítico (una de las muchas palabras que sirve para definir a nuestro colectivo, y que quizás sea la que más me guste, aunque no sea en absoluto exacta) reivindico los valores positivos de mi parálisis, invalidez, minusvalía, discapacidad o como lo queramos llamar. Sí, sin haberlo buscado, somos diferentes y, como la vida (la pequeña historia personal de cada uno) nos ha obligado a esforzarnos más para vivir en sociedad –tanto a Daniel como a mí, por ejemplo, nos cuesta objetivamente más poder hacer cualquier cosa, desde asearnos o comer, a mantener relaciones sexuales- al menos yo, no reniego de mi “diferencia”, es más, la reivindico y estoy orgulloso de ella.

Daniel Rodríguez, sin embargo, parece abjurar y no asumir su circunstancia vital, enmascarándola con inútiles subterfugios del Lenguaje.

Digamos que, ya que me ha tocado esta forma de vida, yo procuro sacarle el máximo partido. Ya que, como diría Sartre, “estamos condenados a existir”, existamos de la manera más intensa y digna posible


miércoles, 23 de febrero de 2011

MI 23 F












Tejero, en su "minuto de gloria"

Emblema del "glorioso" Movimiento Comunista en la "transición"



Como quiera que hoy se cumplen 30 años del intento de golpe de estado que “puso en jaque” a nuestra, por aquel entonces, joven democracia y abundan en todos los medios de comunicación reportajes, divagaciones y reseñas sobre tan señalada efeméride, no me resisto a volcar aquí, mis recuerdos estrictamente personales sobre el 23 F.

Veréis, en 1980 tenía yo 15 años y cursaba 2º de BUP. Yo (y mi primo Mario, que era, además, mi mejor amigo, inseparacles, íbamos juntos a todos lados) acabábamos de abandonar la militancia en una reducidísima, casi marginal organización juvenil de extrema izquierda, el MRA (Mocedades Revolucionaries de Asturies), rama juvenil del Movimiento Comunista de Asturias (MCA) hartos de la deriva sectaria por la que se iba encaminando la organización (y, por qué no decirlo, deseosos de realizar las actividades propias de cualquier adolescente –bailar, emborracharnos, ir al fútbol, al cine-  y alejarnos de las rigideces “maoístas” de una organización que se parecía demasiado a la vieja Iglesia Católica con su aplicación estricta de las caducas y rígidas normas de estructura interna, pues la dialéctica marxista de “crítica” y “autocrítica” acababa semejándose en exceso,  a la simple y mezquina delación, por un lado, y al viejo sacramento católico de la confesión, por el otro).

Así que un par de semanas antes del intento del frustrado intento de golpe, mi primo y yo abandonamos la organización y nos dispusimos, con alegría y habiéndonos quitado ese peso de encima, a llevar la vida de cualquier otro adolescente, alejados de “revoluciones”, “comunismo”, “centralismo democrático” y todas esas “milongas” que habían dominado nuestra vida durante casi un año.

Cuál sería nuestra sorpresa, cuando mi primo recibió una llamada (recuerdo que en casa todavía no teníamos teléfono) de Magali (la coordinadora de la “célula” de la organización a la que habíamos pertenecido) instándonos a una entrevista urgente.

Acudimos recelosos, temiendo que tratase de convencernos de replantear nuestra decisión de abandonar la formación.

Nada de eso: nos instaba a desprendernos de toda la documentación comprometedora que pudiese relacionarnos con la Organización, pues los “fachas” estaban tramando “algo muy gordo” en Madrid.

“Está loca”, pensamos. “No sabe que inventar para que no nos marchemos”. Y nos quedamos tan “panchos”.

El lunes siguiente, el corazón nos daba un vuelco cuando presenciábamos por televisión cómo un ridículo Guardia Civil de “bigotón” y aspecto malencarado entraba en el Congreso y secuestraba a todos los diputados poniendo, otra vez, a España al borde del abismo.

Recuerdo como pasé esa noche, presa de una febril excitación, imaginándome como “gallardo” protector de la chica que me gustaba del MRA, mientras los “fachas” nos rodeaban e instaban, sin éxito, faltaría más,  a confesar los secretos de nuestra organización.

Gracias que esta fantasía jamás tuvo visos de convertirse en realidad, lo cual hubiese sido harto desagradable.

Durante años me ha dado vueltas la pregunta de cómo una simple militante de una pequeñísima Organización de extrema izquierda del extremo norte de la península ibérica (poco más que un grupito de “chalados”) podía estar al tanto de lo que se cocía en los círculos de la extrema derecha en Madrid.

Pero parece que casi todo el mundo en aquella época crucial mantenía la sospecha de que algo así podía suceder. “Se mascaba en el ambiente”, vamos.

Nada, pues, de extrañas e inverosímiles conspiraciones que abarcasen tanto a la extrema derecha como a la extrema izquierda (además, por supuesto, de la Iglesia y de la CIA), fantasía que durante años mi perturbada mente llegó a elaborar.

Y es que como siempre, la explicación más convincente para cualquier misterio resulta la más sencilla, y si acaso, la que "cabe" mejor en ese azar que es siempre la última elucidación..

sábado, 12 de febrero de 2011

KOOLAU, MAYOR DE EDAD




Rodolfo falleció un 12 de febrero de 1993 (ese mismo día nació Koolau, aunque todavía no era consciente de ello). No me acuerdo cuanto tiempo permanecí muerto, ni cuando, exactamente volví a la vida. Mis recuerdos de esa época son borrosos y difusos. Sin embargo, no padezco amnesia. Mi memoria para lo sucedido anteriormente a esa fecha fatídica es buena, mejor, incluso, que para lo que ha ido ocurriendo después de ella.

Hoy Koolau llega, pues, de nuevo, a la mayoría de edad (18 añitos, sí señor). Sin embargo, pasó una temporada, unos meses, cuantos exactamente no lo sabe, confuso y perdido, imitando con la boca el ruido de su moto de cartero (cuatro meses repartiendo cartas en Palma de Mallorca le marcaron, lo que no es extraño, pues a punto estuvieron de ser los últimos de su vida), ingiriendo flores de los jardines, quitándose coquetamente diez años cuando le preguntaban por su edad cual vieja estrella de cine en decadencia, y cosas así.



Ese 12 de febrero me convertí para siempre en “leproso” (y le vuelvo a aclarar a mi amiga del otro lado del océano, María Fernanda, que no tiene nada que ver con algún equipo de fútbol rosarino, si no con el genial relato de Jack London, “Koolau el leproso”).



“Carpe diem”, es la filosofía que presidirá mi vida a partir de ahora. Tengo ganas de devorar la vida a dentelladas, de no renunciar a ningún placer, de follar todo lo que se mueva (sí, también desde la silla de ruedas se puede hacer, lo he comprobado ya en dos memorables ocasiones en las que Ella, la mujer, se acomodó sobre mi polla en la silla de ruedas, y hubo caricias y besos y sus manos golpeando desordenadas y ansiosas la pared mientras me cabalgaba en pleno frenesí, y yo llegaba a rozar por un instante mínimo eso tan raro, efímero y difícil que llamamos felicidad) y de librarme de las muchas ataduras mentales que me retienen. Quiero gozar sin parar. Y ser feliz de verdad por primera vez en mi vida.

¿Alguien se apunta a compartir conmigo este plan?

lunes, 7 de febrero de 2011

MISTERIOSA DAMA DEL SUR

Por esas casualidades, el azar que, en última instancia, lo explica todo, conocí a una misteriosa dama del sur. Tan misteriosa que lleva la misma incógnita por nombre. Madame X se hace llamar. Se poco de ella. Que vive en la capital, pero que se considera “hija del Sur”. Un sur que entiende, como el de la gran película de Víctor Erice, ella que se considera esencialmente apátrida, como su verdadera patria. El sur de la ilusionante revolución egipcia, el sur pobre pero entusiasta, ese sur incógnito (como ella) pero que es la esperanza de este mundo.


La conozco muy poco, casi nada, pero intuyo que se mueve en los dominios de mi reverenciado Marqués de Sade, explorando una sexualidad libérrima, alternativa y poco común. No lo se pero, desde luego, no me la imagino como una monja (a no ser una monja pasada por el perverso filtro de Buñuel). Desde luego, no me la imagino como postulante del “Opus Dei”, aunque sí como una “Regenta” procesionante por las calles de una capital de provincias cualquiera, como la dibujase Clarín en unas de las páginas más perturbadoras de la historia de la literatura española. Sí me la imagino delgada, con largo cabello azabache (que contrasta con una tez palidísima). O todo lo contrario, pelirroja, gordita y no muy alta. No se. Tampoco importa. Me quedo con la corriente de simpatía que parece haberse establecido entre ambos.

No hace demasiado, Internet me puso en relación con otra dama del Sur (de Murcia, concretamente) de hermosísimo nombre “Sirena Varada”. No fue tan misteriosa, pues de la “Sirena” conocía, al menos su foto. Ambas se mueven (bueno, “Sirena” se movía, pues lamentablemente clausuró su bitácora) en este mundo de los blogs, que le ha permitido a este tímido incorregible hacer un buen puñado de amistades aunque, es consciente, su pereza no le permite cuidarlas como merecen. Perdón a todos.

Sólo espero que mi desidia no acabe echando a perder mi incipiente amistad con esta misteriosa dama del Sur.







LA MOSQUITERA

He tenido la suerte de ver la excelente película de Agustí Vila, “La mosquitera”. Un film aparentemente modesto, pero extraordinario. Lo vi en un ciclo que el Festival de Cine de Gijón dedica a películas que por diversas razones no han sido estrenadas en mi ciudad en los cada vez más escasos cines comerciales (en esta ciudad sólo quedan dos complejos de multisalas, y uno de ellos inaccesible “de facto” a los que nos desplazamos en silla de ruedas, y el otro dando muestras de evidentes problemas para su supervivencia).


Pues bien, “La mosquitera” (Agustí Vila, 2010) es una película magnífica, a mi entender redonda. Perturbadora puesta en cuestión de la institución familiar, sus personajes, disfuncionales, atormentados, algunos literalmente acabados, se mueven entre la violencia (soterrada o explícita) y el delito, todo ello envuelto en un humor negrísimo, que sirve de “vía de escape” a tan asfixiante panorama.

Una familia en crisis, el matrimonio de Alicia (Enma Suárez) y Miguel (Eduard Fernández) mal sobrevive en el filo de la navaja, navegando difícilmente entre la mentira, el disimulo y los deseos reprimidos. Tienen un hijo adolescente (Lluis, interpretado por Marcos Franz) que se refugia en un silencio casi autista y en la acogida obsesiva de todo tipo de animales abandonados. La hermana de Alicia, Raquel (Anna Ycobalzeta) paga su frustración vital, maltratando física y psicológicamente a su pequeña hija. Y los abuelos de esta disfuncional familia, María (Geraldine Chaplin) y Robert (Fermí Reixach) viven atrapados entre la enfermedad y los reiterados intentos de suicidio (ella, enferma de Alzheimer; él, como en tantos casos, su único cuidador, amén de su original intérprete para comunicarse con lo que le rodea).

Alicia y Miguel alivian su frustración sexual recurriendo a “vías de escape” con las que intentan paliar su evidente insatisfacción (vital y sexual). Así Miguel tiene una “aventura” con la empleada del hogar, una joven inmigrante, Ana (Martina García) y Alicia con un amigo adolescente de su hijo Lluis, Sergi (Alex Batllori) que encima la maltrata. En ningún caso, Miguel y Alicia encuentran tampoco la satisfacción fuera del matrimonio. Todos están atrapados en esa mosquitera que da título a la función, sin posibilidad de escape.

Sí, no es una película fácil. Te deja con evidente “mal cuerpo”. Y, sin embargo, cuando los títulos de crédito se desplegaban en la pantalla, tras su redondo final (que no desvelaré aquí) a mi me entraban ganas de aplaudir.



Una película muy, muy recomendable

viernes, 4 de febrero de 2011

TERCER ANIVERSARIO

Nada, esta breve entrada para reseñar que hoy se cumplen tres años de mi llegada a esta "leprosería" donde vivo realmente. Tres años desde que me marché de casa de mis padres. Como sabeis, si me habeis seguido, tres años con luces y con sombras, pero que me han permitido desarrollar una vida independiente y digna.
Hoy, por cierto, tengo un día inusualmente optimista. No me pregunteis por qué.

lunes, 31 de enero de 2011

QUISIERA SER MAGREBÍ

Veo por televisión, desde la cómoda Europa, los disturbios, protestas, la situación ¿revolucionaria? que se adueña de las calles del Magreb. Primero Túnez, un pequeño país del que hasta ahora sólo se hablaba como exótico destino turístico, y luego Egipto, una nación mucho más grande y compleja. Veo a miles de ciudadanos hartos de sus gobernantes corruptos tomar las calles y exigir paz, pan y que la casta de sátrapas que los gobiernan se vayan. Veo rostros morenos ilusionados que se despiertan por fin de su secular amodorramiento y pugnan por hacerse dueños de sus destinos tras décadas de ominoso silencio. Veo alegría, energía, jóvenes y viejos, mujeres e incluso niños, exultantes, haciéndose con la calle y rozando, por un momento, la plenitud vital.
Sí, este fenómeno se parece a aquello que llamamos REVOLUCIÓN, y que creíamos (los datos nos obligaban a ello) que nunca más volveríamos a ver.

Y recuerdo cómo de niño (1976, no había cumplido yo los 11 años todavía) acompañaba a mi padre (ante la desesperación de mi madre, que quizás con razón le afeaba su imprudencia) a aquellas manifestaciones en las que desfilábamos desafiantes ante “los grises” puño en alto, entonando “Amnistía, libertad” o “El pueblo unido jamás será vencido”.

Supongo que con el paso inmisericorde del tiempo esta “revuelta magrebí”, que ahora nos asombra y llena de envidia (a mi, por lo menos) dará paso a una “normalidad” diferente, pero en la que irremediablemente esta vivificadora energía revolucionaria se apagará, es inevitable.

Y se reinstaurará la “cordura”, unos corruptos serán sustituidos por otros, y se volverá a cumplir la máxima desengañada de Lampedusa que tan sabiamente pronunciaba Don Fabrizio en “El gatopardo”, “algo tiene que cambiar para que todo siga igual”.

Particularmente, me llama la atención la nada entusiasta reacción de las potencias occidentales (Estados Unidos y la Unión Europea) que, siempre “llenándonos la boca” con las palabras “libertad” y “democracia” han manifestado, en esta ocasión, un entusiasmo más bien escaso ante estos acontecimientos, por no hablar del única “presunta” (1) democracia de la región, Israel.

Por cierto, que una de las cosas que más me ha llamado la atención es la impronta relativamente laica que está teniendo todo este proceso, lo que (y creo que esa es una gran noticia) cuestiona uno de los apriorismos más ferreamente instaurados en Occidente: la incompatibilidad entre Islam y democracia. Ya el aplastante triunfo de los islamistas en Turquía (donde nada de lo que los agoreros de siempre presagiaban acabó sucediendo) era una señal alentadora al respecto. Y si ahora la democracia (la verdadera, no los sucedaneos que tienen ahora) llega a los países del Magreb a través de unas revoluciones que en ningún caso ponen en custión la herencia histórica  Islámica de esos países creo que será una grandísima noticia para la humanidad.

Pero aunque todo acabe siendo una de las reiteradas ilusiones con las que nos engaña la Historia, a los que hayan protagonizado estos momentos, sin duda les merecerá la pena.

Yo estos días, por lo menos, quisiera ser magrebí.



(1).- Si califico a Israel como democracia “presunta” es porque difícilmente se le puede dar el total aval democrático a un estado que niega los derechos de, al menos, la mitad de los pobladores que ocupan su territorio (los palestinos) en virtud de criterios étnicos y religiosos. Y es que la Historia tiene estas paradojas, al pueblo secularmente oprimido y perseguido (los judíos) apenas le costó convertirse en opresor y perseguidor cuando “las tornas cambiaron”. En este sentido, la “democracia” israelí se parece demasiado a la sudafricana de los tiempos del “apartheid”.



lunes, 27 de diciembre de 2010

LEONARD COHEN


Es nochebuena, la jodida nochebuena. Cenamos marisco y cordero. No me gustan ni el marisco ni el cordero. En cima villancicos. Alegría forzosa. Me refugio en el cava. Circula generosamente. Un día es un día.
Dos copas de cava y ya estoy “achispado”, lo que es la falta de costumbre. En el salón de la residencia suena al inevitable en estas fechas, Raphael, atacando otra vez “El Tamborilero”. Me saca de cualquier duda. Me voy arriba.
En mi habitación, al menos, hay silencio. Tras echar un vistazo a mi correo, me ayudan a acostarme. Por pura inercia, desde la cama enciendo la tele. Busco mi cadena favorita, la 2. Están echando “Gremlins”. La vi cuando se estrenó, hace muchos años. Quizás demasiados. De todo hace demasiado tiempo ya. Me siguen resultando simpáticos esos “Gremlins” “malos”, tan “políticamente incorrectos”, tan dionisiacos. Pero estoy cansado. Como casi todos los días me dejo llevar, y me duermo con la televisión encendida, me quedo “traspuesto”. Al rato, no se por qué, comienzo a despertarme. Una voz conocida me arrulla desde la televisión. Una voz grave. Un anciano de cabello ceniciento, bellas arrugas en su rostro cansado, indumentaria sobria en tonos grises y negros, entona “Everybody knows” y la habitación se tiñe de melancolía. Y todo el mundo sabe que, en el fondo, no sabe, nadie puede saber; Y Suzanne, esa mujer medio loca que deambula al lado de un río de curso incierto. Y esa desesperanzada “Aleluya” colmada de sabio escepticismo. Siempre me gustó Leonard Cohen. Ese viejo y sabio “rabino” canadiense de voz susurrante. Lo asocio con antros llenos de humo, donde se fuma profusamente, y los perdedores de siempre trasegamos nuestra ración diaria de alcohol.
Leonard no es quizás lo más adecuado para “levantar el ánimo”, pero en estas horribles fechas dominadas por el mal gusto y la alegría obligatoria, no viene mal un poco de poesía inteligente y buena música. Seré un “bicho raro” pero a mi, despertarme en la madrugada de navidad con sus canciones tristes me reconfortó.
Yo soy así.

sábado, 18 de diciembre de 2010

EL FUNERAL

Ayer murió mi tío Elías. Mis abuelos le pusieron Valentín Elías, pues había nacido un 14 de febrero de 1915, y, por lo visto, era costumbre añadir el santo del día al nombre escogido para el recién nacido. No llegó, pues, a cumplir la provecta edad de 96 años. Le faltaron, apenas, un par de meses.
Como hacía buen día me animé coger un autobús adaptado y desplazarme hasta el tanatorio. Al fin y al cabo, era el único hermano (varón) que le quedaba vivo a mi madre. De 9 hermanos, sólo sobreviven mi madre y mi querida tía Chala, si bien con los problemas de salud más o menos graves que son inevitables cuando se empiezan a sobrepasar ciertas edades (mi madre era la pequeña de nueve hermanos, y está a punto de cumplir 85 años, y que no se entere de que ando publicando su edad, porque el otro día, en el hospital de Cabueñes, donde estuvo brevemente ingresada por sus crónicos problemas circulatorios y dermatológicos, me reconvino con una altivez que le desconocía, por “redondear” su edad, y levantando el dedo, sentenció “84, todavía 84”, como si hasta el 22 de diciembre, fecha de su cumpleaños, mediase una eternidad).
En el funeral, me encontré con familiares cuyos rostros casi había olvidado. Pude constatar lo que nos parecemos todos los Tuero pues, como a algunos de mis primos hacía mucho que no los veía, acababa confundiéndolos e intercambiándoles los nombres.
Mis recuerdos de mi tío Elías no son demasiado abundantes: su viudedad temprana, el dedo anular que había perdido en una sierra donde trabajó en su juventud, el puro que se fumaba cuando acompañaba a su nieto (el actual concejal de deportes de Gijón) al fútbol, y los relatos que mi madre extraía de las brumas de su memoria y que pintaban a un Elías joven, presumido (tardaba siglos en acicalarse cuando tenía que salir a algún lado), galante y leal.
Elías combatió (y perdió) en la guerra civil; fue, en aquellos años turbulentos, un joven y apasionado militante de izquierdas -mi madre recuerda todavía los pañuelos rojos que tanto él como sus hermanos, se anudaban al cuello en aquellos días tormentosos, como símbolo del partido que habían tomado (es curioso que la militancia de izquierda, unió a muchos kilómetros de distancia, a las dos ramas de mi familia, materna y paterna, en el bando a la postre perdedor, y, en buena medida determinó mi propia posición política durante muchos años; luego, mi racionalismo me ha ido moviendo a verlo todo con el crítico escepticismo con el que básicamente ahora me enfrento a la realidad que me rodea)-.
Casualidades de la vida, sí conocía a ciencia cierta al cura que ofició la misa. Daba clase de religión en mi instituto, cuando yo, como buen ateo que desde que empecé a tener “uso de razón” me he considerado, escogí ética. “En el pecado llevé la penitencia”, pues el profesor de ética que me tocó ¿en suerte? resultó ser otro cura, pero este de ideas extremadamente retrógradas, que usaba las clases de Ética, para intentar inculcarnos la doctrina más rancia del “Opus Dei”, limitándose a cambiar la palabra “pecado” por el término “éticamente reprobable”; así el aborto, el divorcio, las relaciones prematrimoniales, el uso de anticonceptivos (estamos en 1981) eran consideradas, ¡qué casualidad!, no ya pecado, si no simplemente “éticamente reprobables” mediante los argumentos más peregrinos; mientras que el bueno de Chus, un cura abierto, tolerante y campechano, formado en el Concilio Vaticano II, se mostró siempre flexible, cercano y comprensivo con cualquiera de esas “debilidades” humanas.
Por otro lado, Chus podía implicarse con sus alumnos de una forma que llegaba a ser absoluta y generosísima (me acuerdo que acogía en su parroquia a los jóvenes con más problemas, uno de ellos, mi ex cuñado, que estuvo a punto de dejarse resbalar por el precipicio de la heroína, tan en boga en aquellos años).
Pues bien, mientras Amalio Bayón (el profesor de ética que me tocó en desgracia) se ha instalado cómodamente en la jerarquía del Arzobispado de Oviedo, al bueno de Chus (recuerdo que los adolescentes del instituto, le apodábamos, quizás en virtud de su barba, “Chus, el mesias”, así sin acentuar la “i”) prosigue su oficio en una humilde parroquia rural (casualmente, la del pueblo de mi madre).

Las palabras que sirvieron de despedida a mi tío, iban en ese sentido, el de una religiosidad humanista, abierta y tolerante, con la que algunos ateos y escépticos irredentos (como es mi caso) podríamos llegar, al menos, a dialogar.

martes, 23 de noviembre de 2010

ADRIANA VARELA


La semana pasada tuve la oportunidad de ver “Bicicleta, cuchara, manzana”, el excelente documental sobre el Alzheimer que se ha cebado con el expresidente de la Generalitat, Pascual Maragall. Es una película conmovedora y altamente recomendable en la que el enfermo Maragall brilla como lo que siempre ha sido (dejando a parte las mayores o menores simpatías políticas que suscite, que no vienen a cuento), un grandísimo actor y un auténtico “encantador de serpientes”.
Es un documental muy recomendable, cinematográficamente brillante, en el que Maragall reivindica la dignidad de su invalidez, discapacidad o como lo queramos llamar. Al salir de la película sólo me acordaba del título de la canción con que finaliza la peli, “Cada vez que me recuerdes”. Antes de que se me olvidase, procedí a recurrir a la ayuda de mi inestimable amigo, el Sr. Google, y allí me apareció la versión (hay otras) que de esta canción realiza la gran Adriana Varela, considerada la actual máxima representante del tango y de la música porteña en general.
Conocéis mi reconocida incapacidad musical, mi ignorancia en ese terreno, pero esta canción me entusiasmó. Sea en este, o en otros de mis tangos preferidos –“Cambalache”, “Volver”, “Sus ojos se cerraron” – Adriana dice el tango de forma inigualable, con su voz contundente y un tanto sucia. Desde mi reconocida ignorancia musical, siempre preferí las voces un tanto sucias (Sabina, esta que nos ocupa) a las prístinas y claras (Ana Belén, por ejemplo). Me conmueve Adriana en esta poderosa canción, me conmueve esta letra maravillosa cantada por esa voz contundente, pero un tanto desgarrada.
En fin, que os recomiendo la película y, desde luego, también a la cantante que, desde ahora se ha convertido en una de esas musas particulares que, tonto es repetirlo, me ha alegrado mucho descubrir.

jueves, 28 de octubre de 2010

PIERNAS


No serán las piernas de Cyd Charisse, pero para mí son las más hermosas. Imagino a mi lengua deslizándose por la desinencia de ese empeine. Imagino, porque nunca me permitió realizar esa fantasía en realidad. Lo más que me concedió, conocedora de mi fetichismo procaz, fue mandarme esta foto que alimenta mi innata sensualidad, mi voraz “voyeurismo”.
Ya puestos, imagino noches improbables, en las que ella se acomoda sobre mi polla en la silla de ruedas, y yo soy inmensamente feliz. En la foto observo las uñas de esos pies pintadas de rojo intensísimo e imagino que, conocedora de mi fetichismo, se las ha pintado así para el deleite de mis ojos. Al fin y al cabo la imaginación es libre y en ella todo es posible, no como en la siempre triste realidad. Ya puestos, imagino sus besos, nuestras lenguas enlazándose, desenlazándose, persiguiéndose ávidas, encontrándose y desencontrándose; imagino a mi mano investigando bajo la fina seda de su vestido. Imagino besos, caricias, gemidos, piernas, manos, sexos que se persiguen y difícilmente se encuentran; una rosa deslizándose sobre sus pechos, el suave contacto de los pétalos rozando pezones acaso ya enhiestos…Imagino el placer, el orgasmo, la redención.
Imagino…porque si dejo de imaginar me encuentro con la zozobra, la soledad, mi estupidez y una vida echada a perder.
Así que más me vale imaginar….

lunes, 11 de octubre de 2010

DIVAGACIONES LEPROSAS 1

Escucha el ruido de la lluvia y el viento afuera. Recuerda cómo ella, la protectora, la mujer con mayúsculas, lo abrazaba. Y él se dejaba reconfortar por ese calor agradable y suave. Y aquella noche en la tienda de campaña. Con el viento ululando fuera. Y el sonido de la lluvia. Y todo eran besos y olor a mujer. Y aquellas carnes generosas y blandas. Y la polla tiesa. Arriba, abajo; dentro, fuera. El vaivén cada vez más rápido. Los gemidos. Las incomprensibles y entrecortadas palabras de amor. Finalmente, el orgasmo. Ese derramarse de amor mientras se aferra a ella. Mi amor… Palabras entrecortadas que no pueden llegar a expresar lo impronunciable. Humedades pegajosas abajo. Y dormir con la boca pegada a sus tetas, como un bebé todavía lactante. Roncas como una mala puta. Tanta vergüenza como si mientras ella te besaba el culo se te hubiese escapado un pedo. Y no pasa nada. Porque luego todo se acaba. Estrepitosamente. Siempre. Y otra vez a buscar. A afilar tus muy limitadas técnicas de seducción. Finalmente, a fantasear. Es lo que queda. Con morenas paralíticas con el pelo cortísimo. Por qué no. Al fin y al cabo, la imaginación es libre (aunque luego están los “pequeños” problemas logísticos, claro). Faltaría más…Y con muchas redondeces y un ligero, mínimo sobrepeso, ya puestos. Y con gafas redondas sobre sus ojos miopes color azabache. Y la voz grave, sensual (sin llegar a “cazallera”). Y el amor. AMOR, esa palabra con mayúsculas que nadie sabe definir. No estar solo. Con eso hay que conformarse. Tener a alguien al lado que espante el frío de la soledad. O un agujero húmedo y caliente que acoja sin arrepentimientos. Sin prevención. Sin exigencias incumplibles. Sin dolor de cabeza. Ni de muelas. Y en la pantalla la paralítica se masturba. Y él, “voyeur” irredento, a la vez, también. Las fantasías imposibles de cumplir. Aunque el resultado sea igualmente la poya tiesa y el capullo rezumando (paso previo al placer liberador en forma de contracciones). Y la suavidad del semen extendiéndose por los rincones más impensables, amarilleando las inmaculadas iridiscencias. Y el repentino, e incomprensible, deseo de colocar la palabra “clangor”. Y la decepción al comprobar en el diccionario su significado exacto, que no era en absoluto el que el escribidor creía. Y la renuncia subsiguiente. Y la frustración al comprobar que no es uno Roberto Bolaño. Que carece de su talento. Que las paralíticas masturbándose en una pantalla poco tienen que ver con los jorobaditos deambulando por la Costa Dorada. Y comprobar, finalmente, que no hay paralíticas sensuales como las de la pantalla. Que las varias que te rodean son feas, y tienen escasa (o más bien demasiada) conversación. Ni tampoco aparecen masturbándose en primerísimo plano en la dichosa pantalla. Ni ganas tienes que lo hagan.
Y dedicarse a yuxtaponer palabras según se te ocurran. Y dar las gracias mentalmente al corrector del Word, que te acaba de arreglar un grave error de sintaxis que te había pasado inadvertido, un dequeísmo seguramente intolerable. Y en la pantalla, ahora, ya no aparecen paralíticas masturbándose, ni jorobaditos peripatéticos, si no el féretro de un expresidente canario recientemente fallecido. ¿Qué diablos querrá decir clangor? “Sonido de trompeta o cornetín” Y tu que creías que era una blancura infinita, intolerable…
Trenes nocturnos atravesando estaciones vacías a gran velocidad...
Y la pesada tristemente reaparecida que sigue mintiendo (o imaginando en voz alta) sin descanso con su voz chillona. Y enumerando insensateces sin tregua.

Y el extraño placer de encadenar frases sin demasiado sentido. Fiándolo todo al bendito azar. El que lo explica todo. El infalible. Y las obsesiones de Bolaño (los Campins de verano, el jorobadito, Colan Yar) que quizás no tengan que ver con las tuyas pero que podrían ser las mismas. Y el tabaco (tan perjudicial para la salud, pero tan útil para ligar).
Y es que, al fin y al cabo, todo se reduce a eso, emparejarse, FOLLAR….para burlar la negra soledad y engañar al inevitable FIN. Y ese sabor acre del tabaco que apenas recordabas. Pero que vuelve a instalarse en el cerebro. Pero el miedo a toser, a atragantarse otra vez con el humo… aunque sólo sea un momento de disimulo y engaño.
Y el sufrimiento de los homosexuales por su doble vida de antaño. Y escribir, escribir lo que sea; ahuyentar ¿será eso posible? los fantasmas que te devoran por dentro.
Y darte cuenta, finalmente, de que todo, TODO, es inútil.
La NADA te espera con los brazos abiertos.


Es el inevitable fin del camino, Quizás no esté tan mal.

viernes, 27 de agosto de 2010

¡PARPARAMERICANO!


Esta horrible “canción” ha invadido mi cerebro como un tumor maligno. No me la quito de la cabeza. Inscribible en lo que mi buen amigo El futuro bloguero (http://bracecooper.blogspot.com/) definió brillantemente como “canción peste” y en lo que yo llamo “género chunda-chunda”, este “paparamericano” de las narices se ha apoderado de mi cada vez más cansado pensamiento y, a pesar de mi reconocida incapacidad musical (o quizás precisamente por ello) me sorprendo tarareándolo (o algo así) cada dos por tres, y empiezo a asociarlo a alguna de mis más recurrentes pesadillas, la del dolor de muelas.
Esto no es más que una desesperada petición de ayuda, un grito de socorro:

POR FAVOR, ¿CÓMO ME PODRÍA LIBRAR DE ESTA TORTURA?

martes, 1 de junio de 2010

EL BESO


Ha vuelto a pedirme un beso. Como quizás soy un imprudente, vuelvo a acercar la mejilla a sus labios. Pero esta vez, no se conforma con maniobrar hábilmente hasta que sus labios rocen los míos. Con un ímpetu que me sorprende, quiere introducir su lengua en mi boca. No la dejo hacer. Sello mis labios y observo su frustración. “...Perdona, ¿te molestó?” me dice. “No se qué me pasa, si ya me dijiste que como amigos. Como amigos, ¿vale?”. Y se da la vuelta con la desilusión inscrita en el rostro deforme y deseante.

jueves, 13 de mayo de 2010

¡OLÉ MI ALETI!

Antonio López, ese lateral izquierdo con nombre de genio de la pintura, le impone la bufanda "colchonera" a nuestro patrón, Neptuno.







Por fin los Atléticos hemos recibido esta temporada alguna alegría. No estamos acostumbrados. Es más, en los últimos tiempos, nuestra idiosincrasia sufridora había sido incluso sustituida por una apabullante mediocridad. Un “ni frío ni calor” que nos hundía en la vulgaridad. Lo peor que nos puede pasar a los “colchoneros”. No sólo quedaban lejos nuestras gestas (la última el doblete de 1996) si no también las derrotas grandiosas que configuran la esencia Atlética.
Pero escondido tras la sempiterna “tamboreada” de la rivalidad Barça-Madrid, nuestro Aleti afilaba sus armas. Nos dispusimos a dejar en la cuneta de la llamada Liga Europa (la UEFA de toda la vida) a otro grande de Europa, el Liverpool. Y lo hicimos como sólo sabemos, sufriendo hasta el final, remontando la adversidad e imponiendo nuestro juego de equipo humilde y sufridor.
Y no quedó ahí la cosa, porque en la final, contra el modesto Fulham inglés, un equipo tremendamente mediocre, jugamos mal, desperdiciando nuestra evidente superioridad y, como lógica consecuencia, lo pasamos peor hasta que, a cuatro minutos del final de la prórroga, nuestro “u-ru-gua-yo” acertó, con ayuda de la suerte, un poco “a trompicones” y con la inestimable e involuntaria colaboración de un gigantesco (y torpe) defensa noruego que ayudó a introducir el balón en su propia meta, y a convertirnos por derecho propio en el mejor equipo de España esta temporada, el único que puede realizar un “doblete”, y el único en ganar un título europeo.
Y seguimos soñando: soñamos que el Bayern de Munich gana la liga de campeones y, por supuesto, como no cuesta dinero, en Septiembre (o cuando se juegue), vengamos la ominosa (y grandiosa) derrota de nuestra única final de Copa de Europa en el 74, y les birlamos la Supercopa de Europa. Porque sí, por si nadie se había dado cuenta, mi Aleti es el único equipo español que todavía puede aspirar a cuatro títulos esta temporada.
Algo que, desde luego, no podrán decir este año los todopoderosos Madrid y Barça que, como mucho, se tendrán que conformar con la Liga (uno de ellos), esa que nosotros hemos despreciado en aras de la gloria.
Y es que los Atléticos somos así.

Esta apresurada croniquilla palidece ante el magnífico artículo que David Trueba publicaba ayer en "El País" con el significativo título de "Tenía que ser así" que, por supuesto, suscribo desde la primera a última letra.

miércoles, 12 de mayo de 2010

LA PUBLICIDAD "POLÍTICAMENTE CORRECTA" DE COCEMFE


Me ha llamado negativamente la atención, la última campaña publicitaria de una entidad a la que pertenezco (o pertenecía hasta el año pasado, ahora no estoy seguro).
Sí, COCEMFE, siglas que correspondían, al menos hasta ahora, a coordinadora estatal de minusválidos físicos de España, ha lanzado una campaña, cuyos objetivos no alcanzo a comprender del todo (quizás es que, aparte de inválido, sea yo un poco “corto de entendederas”) y que resumiré así: sobre la imagen de un miembro de nuestro colectivo en silla de ruedas, aparece la leyenda, “hace mucho tiempo, inválidos; hace menos, minusválidos; ayer, discapacitados; hoy, personas con discapacidad; mañana, simplemente personas; COCEMFE, avanzando contigo”.
Y me llamareis “rompe-huevos”, “tiquismiquis” o lo que queráis, pero no me gusta. No me gusta el obsesivo empeño de gran parte del colectivo de minusválidos, discapacitados o, por qué no, simplemente inválidos, de enmascarar nuestra realidad con juegos de palabras. No me gusta nuestra actitud vergonzante, ese huir de nuestra realidad. Me parecen infantiles, ridículos y estériles todos esos esfuerzos por enmascarar nuestra realidad ¡Pues claro que somos personas! ¡Faltaría más!
Sin embargo esta demencial campaña de COCEMFE pareciera ponerlo en duda.
Naturalmente que los minusválidos (acabaré utilizando este término, digamos “intermedio” entre “inválido” y “discapacitado”) somos seres humanos diferentes. Algunos hemos acabado por estar orgullosos de ello. Creemos (o creo yo, al menos) que, globalmente, la vida nos ha hecho un regalo: destacamos de la masa, somos especiales y, en cierto sentido, mejores. Tenemos que utilizar más el cerebro, pensar más, sentir más, para no quedarnos rezagados.
Al menos en nuestro primer mundo, tenemos la suerte de disponer de una serie de ayudas técnicas que nos facilitan una vida en práctica igualdad de condiciones, al reto de seres humanos completamente “válidos” (para entendernos, por abreviar, porque, a veces, lo “políticamente correcto” convierte cualquier discurso en ininteligible).
Si…ya se, “válidos” somos todos, en silla de ruedas, o sobre dos piernas, sólo tenemos distintas capacidades, bla, bla..., pero prefiero obviar todas esas interesantes disquisiciones, y mantener un discurso mínimamente inteligible. Porque si, en virtud de determinados principios, convertimos al lenguaje en un problema, acabaremos por no entendernos. Y ese es el principal inconveniente del lenguaje llamado políticamente correcto.
Pues bien, y aunque no venga a cuento, yo soy del Atlético de Madrid (que tenemos a gala ser diferentes y, por lo tanto, políticamente incorrectos, y además, estamos orgullosos de ello), y le aplico a mi colectivo la misma máxima que al equipo de fútbol con el que simpatizo ¡Viva la diferencia! Y, siempre, llamemos a las cosas por su nombre.
Si no, será imposible entenderse.

lunes, 26 de abril de 2010

LOS CAMINOS DE LA CRUELDAD DE MICHAEL HANEKE


Michael Haneke (Munich, 1942- ) es uno de los directores que más me interesan. Su cine, del que he podido ver la mayoría de su filmografía es contundente, complejo, perturbador (otra vez la “palabreja” que tanto apliqué al analizar a Reygadas, pero es que ambos coinciden en ese carácter inquieto, turbulento). Como Reygadas, como Buñuel no le importa mostrarnos imágenes desagradables, capaces, incluso, de revolvernos el estómago (la automutilación genital del personaje de Isabelle Huppert en “La pianista”, la “auto-degollación” brutal de un personaje fundamental de “Caché”...)
Haneke, formado en filosofía, psicología y drama en la Universidad de Viena, desarrolla en su cine su radical pesimismo, su desconfianza en el género humano. Como el Marqués de Sade, sus paisajes humanos se caracterizan siempre por la desolación, la violencia gratuita, la hipocresía, la culpa ominosa y el triunfo de las peores pulsiones del ser humano.
Pero a diferencia de Reygadas, cuyo cine, como buen mexicano, es luminoso, en cierto modo estridente, Haneke envuelve sus artefactos cinematográficos en una premeditada frialdad. Los planos de Haneke se suceden secos, contundentes, precisos y áridos. Es una estética, en cierto modo, “calvinista”, impasible, extremadamente racional (Haneke gusta de emplear un plano fijo dentro del cual, aparentemente, no pasa nada), y, precisamente por ello, aún más demoledora.
No obstante, las aparentemente felices familias que pueblan el cine de Haneke, esconden siempre un envés turbio, ominoso. El “pecado” está siempre escondido, velado por una pátina de aparente felicidad y armonía.
Porque el cine de Haneke está presido por una frialdad angustiosa, terrorífica. Ese demonio perverso que todos llevamos dentro (y nos empeñamos en ocultar se libera en la fría pantalla de Haneke y nos arrastra a un pozo de perversión, de auténtica maldad, en el que todos nos alojamos, reconozcámoslo o no).
En "La Cinta blanca", su último y aclamado artefacto cinematográfico nos enfrenta, en un depuradísimo blanco y negro a la esencia misma de la crueldad humana, la infantil: son los niños (en el ambiente burgués, acomodado, y aparentemente armonioso) de la Austria que se asomaba a la primera guerra mundial quienes demuestran llevar en su interior el auténtico "huevo de la serpiente" que apenas dos decadas después, prefigurará el totalitarismo más ominoso.

CONTINÚA EL DIARIO

LUNES



Desayuno con Rafael. Desde que es mi vecino de habitación, diría que lo conozco cada vez menos. Su permanente sonrisa me resulta más y más enigmática.
Tras responder a mi saludo con un ininteligible murmullo (como siempre) se sienta a mi lado. Su cara transmite auténtico alborozo. Parece a punto de prorrumpir en una estruendosa carcajada, pero la aborta con una mueca maléfica. Me empieza a dar miedo. De verdad. Se me ha metido en la cabeza que oculta algún secreto terrible tras su aspecto bonachón e inofensivo. De reojo, observo sus mofletes colorados en ese rostro extraordinariamente pálido, diría que enfermizo. Sólo sus coloretes, que parecen de borracho (aunque lo se, Rafael no prueba el alcohol) contrastan en esa máscara mortuoria. Se queda concentrado, pensativo. Vuelve a abrir la boca. ¿Para hablar? Imposible. Curva los labios y, lo noto, se fuerza a interrumpir esa risa que estaba a punto de escapársele. El gesto me preocupa. Parece casi de dolor. Es como si aparentase un tremendo desasosiego, una inquietud ignota y maléfica, como si este aborto le transportase al reino del demonio.
Claro que, lo más seguro, estas son sólo locuras mías.

domingo, 25 de abril de 2010

DIARIO DE UN INVÁLIDO

VIERNES

Cumpleaños de mi padre. Y de la buena de Sandra. A mi padre no le he regalado nada. ¡Qué vergüenza! Hoy es costumbre regalar libros y rosas. Y yo sólo pienso en una rosa que regalé el año pasado, por un cumpleaños. A Sandra la felicitaré después, cuando nos veamos en la comida. Iba a ir a felicitarla ahora, a su salita, pero por uno o por otro, no me decidí (Ah, sí, escuché la voz de pito de Pepi, repitiendo las tonterías de siempre, y me fui a lavar la boca –con tener que soportar su cháchara a la comida y a la cena, tengo más que suficiente-) y a la pobre Sandra, tan dulce, tan cariñosa, no la volví a ver, efectivamente, hasta la hora de comer. La felicité y, al rato, me vino a dar un beso, tan afectuosa como siempre. Estaba emocionada, le habían llovido regalos, y repartía besos a todo el mundo.


SABADO

Hoy sí hubo la tarta por el cumpleaños de Sandra, que debería haber habido ayer. Como muchos días, adelanté a Rafael en la rampa. Le dije “Hasta luego, Rafael”, o algo así. Como siempre, no me contestó (o emitió ese murmullo ininteligible, que es como si no lo hiciese). Me llega a dar miedo este chico. Su sonrisa permanente tiene algo de enigmático, incluso, amenazador. ¿De qué se ríe este hombre? Creo que nunca lo sabré. Y tras la certeza de esta ignorancia, se esconde el vértigo, una amenaza turbia y desoladora.
Sin embargo, hoy Sandra no me ha besado. Ha besado al cretino de Antonio (en la calva), ha besado a León, pero no a mí (bueno, y tampoco a nadie más, es cierto). Sin embargo este hecho me ha producido una inexplicable decepción. Todavía no se por qué.
En fin, que me he dado cuenta de lo raro que soy yo también. A lo mejor, encajo aquí mejor de lo que creía.


DOMINGO

La pantalla del ordenador sigue extrañamente virada al azul. Mañana tengo que llamar al técnico sin falta. No preveo que por la tarde vaya a salir. Tendría que llamar a Miguel, aprovechando que insistió tanto, pero ya lo llamé el viernes, y me dijo “si, pero...” Y me da rabia que me acabe considerando un pesado. Yo soy así.
He salido con mi padre, como casi todas las mañanas. Como siempre que salgo con él, pongo pañal (por miedo a que el bar al que vamos, no tenga baños accesibles. Se que “La maleta del loco”, sí los tiene, pero los demás, lo dudo, y no es cuestión de ir siempre a “la maleta...”, acabaría siendo aburrido). El caso es que esta mañana no he parado de mear, el pañal ha rebosado, y ahora me siento desagradablemente mojado, y las auxiliares de la tarde no aparecen a echarme, de momento. Y me temo que si son quienes creo, tardarán (o, a lo peor, ni vienen, y eso me obligaría mañana a protestar, ahora que he decidido alejarme lo más posible de la dirección del centro, como de la peste...).

martes, 13 de abril de 2010

ESTAMBUL


A la Sirena Varada, ella sabe por qué


Alguien, (una amiga surgida de una ciudad imaginaria, Oleza) muy querida, me ha ofrecido cumplir mi sueño nunca realizado de viajar a Estambul, esa ciudad que no conozco, pero tan importante es en mi ideario personal.
Naturalmente se que ese viaje nunca se realizará realmente, pero que una maravillosa mujer se haya ofrecido a acompañarme ayer, me tiene esta tarde presa de una febril excitación.
Nada me gustaría más, sin embargo, que ese proyecto pudiese llevarse a cabo. Que una forzuda con el rostro de Charo López o, en su defecto, de Leonor Watling ¡Cómo me cuesta imaginarlas en ese papel precisamente!, nos acompañase a mi amiga y a mí a Estambul, con la única misión de ayudar en sus cosas al inválido que suscribe, para luego desaparecer discretamente.
Me imagino contemplando Santa Sofía arrimados los dos, mi amiga y yo, a una barandilla sobre el Bósforo. El aroma a canela que se desprende de su pelo, se mezcla con el vivificante del mar. Acaricio su cabello y mis labios rozan por primera vez sus mejillas. Después de mucho tiempo la felicidad está otra vez a mi alcance.
Después de tanto tiempo, por fin conozco el sonido de su voz. Resulta como me imaginaba, cristalino, embriagador.
Y hablamos de cine, de pintura, de la belleza barroca de la Semana Santa de Murcia, de los pintorescos y encalados pueblos de Andalucía, que ella conoce y yo no, de las casi infinitas filias y fobias que compartimos, de esa Lisboa que tanto me la recuerda sin saber por qué (aunque, viéndola por fin, empiezo a intuir la razón).
Me duermo con mi boca enredada en sus cabellos claros, con el sabor de su piel dulcísima en los labios, a canela y miel. No puede ser de otra manera. Y me refugio entre sus brazos suaves y acogedores. Y, aunque de momento no pasa nada más, tenerla así, es suficiente para mí.
Porque no hay nombre más bello que el tuyo. Ya eres la Sirena que para siempre varó en mi corazón.

martes, 6 de abril de 2010

REYGADAS


He podido ver la práctica totalidad de la filmografía del joven director mexicano Carlos Reygadas (1971- ). De momento, Reygadas ha dirigido tres largometrajes, a cada cual más perturbador: “Japón” (2002), su estimulante debut; la polémica y genial, a mi juicio, “Batalla en el cielo” (2005); y la extraordinaria y “dreyeriana” “Luz silenciosa” (2007); a las que habría que añadir su participación en el largometraje colectivo y conmemorativo “Revolución”, que todavía no he podido ver.
En estas tres películas, Reygadas da muestras de tener un lenguaje propio, brillante, perturbador y “bizarro”. Desde luego si por algo se caracteriza a su cine es por no dejar indiferente a nadie. Heredero del mejor Buñuel (el de “Los olvidados”, el de “Viridiana” o “Tristana”), retratista demoledor del México actual y eterno, Reygadas, cineasta valiente y turbulento, no duda en posar su mirada sobre los diferentes, los perdedores, los inválidos (emocionales o físicos) a los que no pretende “dignificar”, no, si no mostrar en toda su grandeza y miseria, tal como son (tal como somos todos, en definitiva, porque todos los seres humanos somos de una u otra manera inválidos, en cuanto seres imperfectos y limitados).
Ya en su debut tras las cámaras, “Japón” (2002), sorprendente relato sobre la improbable relación que se establece entre un individuo (hierático, imperturbable Alejandro Ferrettis) que, huyendo de su presumiblemente ajetreada vida en la ciudad (aunque nunca se entra en más detalles al respecto-*-) se retira al campo (donde lo acogerá una vieja viuda india-extraordinaria, transmitiendo toda su “pizpireta” sabiduría, Magdalena Flores-) mientras sus abotargados sentidos se van poco a poco despertando.
Es Reygadas un auténtico maestro en el arte de componer mediante planos larguísimos, mantenidos hasta la extenuación, poco proclive al corte, un poco en la línea de Max Ophuls (así el excepcional plano con el que se abre “Batalla en el cielo” en el que durante aproximadamente 4 minutos la cámara envuelve a la pareja mientras retrata una felación en primerísimo plano que culmina con las delicadas, casi imperceptibles lágrimas que comienzan a rodar por las mejillas de la excepcional actriz Anapola Mushakviz -“Anapola”, ¿existe un nombre más sugerente?- mientras el concierto para clavicordio en re menor de Johan Sebastian Bach envuelve la escena y se apodera de nuestros sentidos).
Porque el manejo sabio de la música es otra de las características del cine de Reygadas, ya sea Bach (como en la secuencia que acabo de relatar) o el propio Bach (con su “Pasión según San Mateo”), Shostakovich o Arvo Pärt que cierra “Japón” esta vez sobre un larguísimo y desolador “travelling” al final del cual aparece “en decúbito supino” el cuerpo del personaje interpretado por Magdalena Flores mientras, esta vez, el extremecedor “Miserere” de Arvo Part quien domina, y hace avanzar, este prodigioso “plano-secuencia”, como también lo hace de forma especular con el otro “travelling”, que abre la función, que avanza a su vez por las animadísimas calles de una ciudad entre bocinazos y cláxones disparados para, sin solución de continuidad, transformarse este ajetreadísimo tráfico urbano en el “trastabillado” deambular por polvorientos senderos del mundo rural ¿alguien podría ilustrar mejor y con más economía de medios el contraste entre lo urbano y lo rural, ese viaje obligado que el protagonista se ve impelido a realizar?.
Otra característica del cine de Reygadas es la tremenda “fisicidad” con que aborda las relaciones humanas. Ya sea en la mencionada felación en primerísimo plano que abre y cierra “Batalla en el cielo” (una más de las características del mexicano es su gusto por la simetría, que llega a tener un carácter casi matemático, especular-como se puede apreciar también en la secuencia ya comentada de “Japón”, donde el gusto por plasmar lo físico, se observa en la relación explícitamente sexual que se acaba desarrollando entre los dos protagonistas-).
Y es que para Reygadas todos los cuerpos son dignos de ser mostrados aunque no se atengan a los cánones de belleza imperantes, ya sean la pareja de obesos secuestradores de un niño en “Batalla en el cielo”, ya sea la anciana de “Japón”, o la pareja de menonitas adúlteros de “Luz silenciosa”, Johann y Marianne, cuyos beso posee toda la urgencia y carnalidad de quien sabe que está cometiendo un pecado, pero le va la vida en ello. Esa ansiedad, ese devorar al otro, esa urgencia, esos labios agrietados y anhelantes, esos besos robados al tiempo, en definitiva.
Porque Reygadas es un cineasta “matemático”: “Batalla en el cielo” se abre y se cierra con una felación en primerísimo plano; “Japón” con sendos travellings, el primero ilustra el animado, frenético tránsito urbano, y el segundo, que cierra la película, las devastadoras consecuencias del accidente de un camión que transportaba campesinos; y, por último, en “Luz silenciosa” esta “simetría matemática” llega a la culminación: “Luz silenciosa” ilustra un día cualquiera en una comunidad menonita mexicana desde la aurora hasta el crepúsculo, filmadas ambas de forma brillantísima, notándose la “mano lenta” que caracteriza a Reygadas, y donde se explicita el milagro de la vida, con innegables reminiscencias de “Ordet” de Dreyer.
En “Luz silenciosa”, la más despojada y austera de las películas de Reygadas, la música, al menos la “incidental”, no existe (no olvidemos que la película tiene un marcado tono documental-relata, repito, un día en una comunidad menonita mexicana en el que se acaba explicitando el milagro de la vida, que siempre conlleva el horizonte ineluctable de la muerte-).
En 2007, el Festival de Cine de Gijón, dedicó un ciclo a la figura de Carlos Reygadas. Sí, este gran cineasta estuvo en Gijón protagonizando mesas redondas y presentando sus películas, pero yo por aquel tiempo estaba a otros asuntos y, sencillamente, no me enteré.
Sí, como mi amigo mallorquín, Horrach (http://horrach.blogspot.com/), quien dejó escapar el concierto del gran Leonard Cohen en Palma de Mallorca, yo “pasé” del más brillante de los jóvenes cineastas mexicanos del momento (y uno de los más brillantes del panorama cinematográfico actual), y me quedé tan fresco.
Creo que nunca me lo perdonaré.
Porque tampoco ha tenido Reygadas, en general, demasiado éxito con la crítica cinematográfica que, salvo excepciones, lo ha acusado sucesivamente de vacuo esteticista, desagradable pornógrafo o aburrido narrador de historias sin ningún interés, tanto en su México natal (donde puede ser comprensible que su retrato demoledor de su patria, escueza) como fuera de sus fronteras, donde la radicalidad de su propuesta cinematográfica no ha acabado de ser comprendida.
Quizás por ello, por su estimulante e intransferible discurso propio, yo lo considero, junto con Atom Egoyan, junto al norteamericano Tod Field, junto con el también polémico franco-argentino Gaspar Noé, junto a su compatriota Alejandro González Iñárritu, junto al ruso Balabanov, que descubrí en el festival de este año (no siempre estoy en la inopia) una de las pocas miradas cinematográficas nuevas, y capaz de aportar algo diferente y radicalmente personal, dignas de ser tenidas en cuenta en el panorama actual.
-*-No perderse en florituras ni detalles innecesarios. Optar por una narración contundente y "seca", se convertirá en una de las señas de estilo de Reygadas.

jueves, 11 de marzo de 2010

OBSESIÓN


Soy idiota. Sigo amando a esa mujer que me desprecia. O no. No me desprecia, pero en absoluto me aprecia. O no me aprecia como yo quisiera. Qué se yo.
No me quito de la cabeza el olor que, no se por qué, asocio con ella. Ese olor a cerrado, ese cierto mugor que a mi me produce un efecto inmediato: es percibirlo y notar en mi entrepierna los efectos de una incipiente erección. ¿Estaré volviendome chiflado? No es descartable.
Hubiese querido escribir una entrada sobre la tauromaquia, pero me he sentado frente al ordenador y me está saliendo esto, lo que confirma mi preocupación por mi estado mental. Definitivamente debo estar obsesionado. Y, creedme, quisiera no estarlo. No me gustan las obsesiones, ni perder el control de mis propios actos.
Y, quizás, debería cambiar el verbo del principio. Es algo más carnal que amando. Sí. Más bien, deseando. Sea como sea y, a pesar de mis intenciones, la obsesión está ahí. No puedo ignorarla. Y me da un poco de vergüenza, no os creais lo contrario. Darse cuenta de la propia debilidad es jodido. Realmente jodido, sí.
Pero, en fin, qué se le va a hacer. Me conozco, y se que, probablemente, seguiré mucho tiempo con esta desazón sin remedio.
En fin, siempre me quedarán las mujeres que pueblan mis sueños. Pero son tantas y, en la realidad, tan difusas... (1)
(1).- Ver entrada de el 4 de febero titulada "Dos años en esta "leprosería""

miércoles, 10 de marzo de 2010

LA CONSEJERÍA Y EL RETRATO DE "EL PAISANO"



En mi reciente, y ya referida, visita a la Consejería, hubo un detalle que me "chocó". La sala donde me recibieron aquellas infaustas funcionarias está presidida por un retrato de Horacio Fernández Iguanzo, "El paisano", mítico dirigente comunista asturiano, compañero de presidio de mi tío Máximo en la inmediata posguerra, y símbolo de la honestidad y la lucha antifranquista en Asturias.
Sin duda la razón de que ese retrato esté en la Conselería debe ser iniciativa de la Consejera Noemí, comunista como él, que ha querido rendir homenaje a una de las figuras más respetadas y queridas de la historia de su partido.
Lástima que su Consejería camine por senderos tan diferentes a los de la acrisolada honradez de Horacio. Y yo me fijaba con pena en su rostro mientras mi amiga Emi, que me acompañó, se enzarzaba en una infructuosa, inútil discusión con aquellas dos funcionarias en una escena digna del mejor Kafka.

sábado, 6 de marzo de 2010

FUNCIONARIOCRACIA




Este es un "post" bastante pesimista, lo se. Pero después de estrellarme por segunda vez contra la administración regional, me
he
hartado.
Vamos a ver: El año pasado, falsamente, ahora lo se, ilusionado, porque una representante (Noemí Martín) del partido al que votaba (IU) había sido elegida para encargarse de la Consejería de Bienestar Social del Principado de Asturias, merced al pacto de gobierno PSOE-IU, y como la conocía vagamente, me decidí a enviarle un correo electrónico denunciando algunas irregularidades que, a mi juicio, se estaban produciendo en esta residencia en la que, de momento, sigo viviendo.
A los pocos días de enviada esta carta recibí, para mi admiración, contestación: se me citaba urgentemente para una entrevista en la Consejería. Podeis imaginar mi agradable sorpresa, y la ilusión con la que me presenté en la Consejería todo lo rápido que pude.
Pero ¡Ay...! la alegría se tornó en desilusión cuando me recibieron dos funcionarias "de alto nivel", que me hicieron ver con la mayor de las "sinceridades" mi ingenuidad al escribirle una misiva directamente a la Consejera, sabiendo que todos esos "peqeños detalles", al final, tenían que resolverlos ellas, las "abnegadas" funcionarias que, al fin y al cabo, eran quien mantenían en pie la Consejería ("y no esa caterva de políticos que se sucedían "sin ton ni son" al frente del Negociado"). Y que sólo ellas, las probas, abnegadas funcionarias, podían solucionar esos "problemillas del día a día" con los que "era tontería molestar a la Consejera".
El tiempo, y una serie de hechos de lo más desagradable (la inaudita persecución a mi amiga Loli, que ya os empecé a contar, la expulsión encubierta de mi gran amigo Juan, que no os contaré de momento al encontrarse el hecho sometido a excrutinio judicial) han demostrado que las cosas aquí van de mal en peor. Quizás para neutralizar posibles protestas por mi parte, o qué se yo, me llamaron, esta vez ellos, de la Consejería la semana pasada. Naturalmente, fui. Y si no fuera por el siempre agradable para mí viaje en tren, y porque aproveché para visitar a Juan en la Residencia donde ahora vive en Oviedo, la pérdida de tiempo hubiese sido absoluta, porque me encontré con las mismas funcionarias del año anterior (a las que ingenuamente intenté exponer mis quejas, agravadas por todo lo que había pasado en el año) y la respuesta fue NINGUNA, como por otro lado, alguien menos "inocente" que yo, habría previsto.
Todo este cúmulo de circunstancias han supuesto para mi, como podeis imaginar, una tremenda desilusión porque, si el poder no está, en la práctica, en manos de los legítimos representantes que elegimos democráticamente, si no, en las de de una serie de funcionarios de carrera que, como han ganado legítimamente su plaza a través de una oposición son, por definición, inamovibles y, además, como ciertamente son los que manejan "el día a día" de la Consejería, Ministerio o cualquier otro "negociado público" son los que, obviamente, están manejando ese negociado, considero estúpido e inútil ejercer el derecho de voto puesto que, en la práctica, que goviernen unos u otros, resulta, a efectos prácticos, completamente indiferente por lo que, a partir de ahora, me sumaré a la creciente legión de ciudadanos que el día de las elecciones sencillamente, no participan y emplean sus energías en cualquier otra actividad, porque me he dado cuenta, en dolorosa "caída del guindo!" que vivimos en una auténtica "funcionariocracia" (perdón por el "palabro" que me acabo de inventar), donde el poder reside en la casta de burócratas (empeñados en que nada cambie en la administración, para así mantener sus privilegios) que como en los antiguos regímenes del Este, gobierna kafkianamente este país.
Y todo esto os lo dice alguien que, al fin y al cabo, fue funcionario (cartero) si bien sin prácticamente ninguna responsabilidad (a parte de completar bien el reparto diario y no cometer ninguna irregularidad).
En fin, con lo contento y esperanzado que estaba yo cuando Noemí Martín fue nombrada Consejera de Bienestar Social en virtud sel pacto de gobierno PSOE-IU, para darme cuenta año y medio después que, como diría mi madre con su siempre sabio escepticismo, "son todos iguales, los probes siempre seremos probes, y ellos a fartase. Todos unos, brunos", porque aunque he constatado, que la responsabilidad, en la práctica, no está en los políticos, si no en los funcionarios, si lo debería estar, y sólo por una intolerable omisión de nuestros legítimos representantes (a los que en absoluto exculpo) las cosas están así.

(*).-En la foto superior, posamos Juan y yo, durante la visita que le hice en Oviedo