Le comentan al paralítico que "Y" llega al gimnasio hacia la 1 y media. Baja a la 1 y 25, y comienza a remolonear frente al tablón donde se anuncian las comidas, haciéndose el encontradizo. Mientras intercambia comentarios insustanciales con dos compañeros, ella llega (el “soplo” era exacto). Con decisión unos labios rojísimos, se estampan en el rostro del inválido (que, por un instante mínimo, tiene la sensación que se dirigen directos a su boca –o es que lo confunde con sus deseos, el paralítico no sabe-, pero de todas maneras se siente naufragar en la cálida marea bermellón de los labios que más desea). "Y" balbucea una innecesaria excusa, “ya se que me llamaste, pero había ido a la cuenca…” que el paralítico, esa maldita sordera..., no acaba de entender, pero le conviene aceptar. Acto seguido, ella mira el reloj, y con un “me tengo que ir, que V me espera” se despide mientras el paralítico, con una incipiente erección, se dirige, sin hambre, pero con la cabeza llena de renovadas ilusiones y proyectos quizás disparatados, hacia el comedor.
"Eran monstruos con rostros y formas que ya no eran más que grotescas caricaturas de todo lo humano. Estaban horriblemente mutilados y deformes,y tenían el aspecto de haber sido atormentados en el infierno durante milenios.Sus rostros, los de los inadaptados y nacidos por error, aplastados y heridos por algún dios enloquecido que hubiera estado jugando con la maquinaria de la vida" Jack London-"Koolau el leproso"
viernes, 13 de enero de 2012
martes, 3 de enero de 2012
¡MALA NOTICIA!
La que le dieron al inválido esta mañana: V, la fisio de Y, ha sido trasladada al turno de tarde. En consecuencia no coincidirá más con Y en el gimnasio. Ahora sí que está desolado. Invoca a su nula valentía, a su escasa y baqueteada intrepidez (tres rechazos ya serían demasiados) y se agarra a la difusa esperanza del estreno en los únicos cines accesibles a sillas de ruedas de la ciudad. El viernes, a consultar la cartelera cruzando los dedos.