martes, 21 de enero de 2014

UN MES SIN ELLA

Un mes ya desde que se fue. Un mes sin sus sabrosas parrochas los domingos. Un mes sin mi confidente del fin de semana. Un mes sin su "Eso es un frío" cuando me quejaba de algún dolor, de cualquier dolor. Orfelina, médica de cabecera, y los "fríos" como causa universal del deterioro de la salud. Un mes sin su beso de despedida en la mejilla (ella, que durante la mayor parte de mi vida, fue tan renuente a las demostraciones públicas de afecto). Un mes ya sin mi madre, el ser que me trajo al mundo porque se empeñó en ello "contra viento y marea". Un mes durmiendo poco por las noches. Un mes dándole vueltas a la cabeza. Un mes recordando una belleza excesiva para cuerpo tan pequeño. Un mes lamentando tanta ocasiónes perdidas para decirle lo mucho que la quería, lo mucho que la sigo queriendo.

Me hubiese gustado tanto contarle su propio funeral. El amor sin medida que demostraron profesarle sus sobrinas.

Mientras escribo esto, observo frente a mi su retrato. Tiene 40 años. Sostiene orgullosa su retoño (yo) en brazos. Viste un abrigo de "Chanel" (la piratería -artesanal, una modista afanosa reproducía cualquier diseño- ya existía en 1965). Y es tan, tan hermosa. Su rostro perfecto refleja tanta serenidad.

Un mes ya, y no paro de echarte de menos, mamá